viernes, 1 de julio de 2016

26 J, no le echéis la culpa al pueblo

26 de Junio, el pueblo ha hablado. El resultado está ahí, provocando el enfado y la frustración entre quienes esperábamos otro reparto de escaños en el Congreso de los Diputados, un Congreso que en estos  momentos de especial complejidad deberá afrontar un futuro lleno de riesgos y también de oportunidades, que habían quedado disimulados tras los discursos épicos y las tácticas de folletín durante la larguísima campaña electoral.

No son buenos resultados para quienes entendemos que tras las elecciones del 20D se perdió la oportunidad de construir una nueva forma de hacer política y de relación entre los políticos en nuestro país. Nuestro dilema principal no estaba entre quién era el principal o hegemónico partido de la izquierda política, quién el verdadero socialdemócrata o quién hacía la campaña electoral más rompedora, divertida, emocional, sonriente o triste. Nuestro dilema ni siquiera estaba centrado en quién sería presidente y vicepresidente. 

No, para muchos ciudadanos este no era el dilema. Entendíamos que las nuevas elecciones iban a representar más que una “segunda gran oportunidad” en realidad sería “la perdida de la gran ocasión” para afrontar un cambio moderado, sí, moderado y gradual, pero imprescindible para regenerar nuestras instituciones. Una oportunidad perdida para acometer las reformas que están en el cajón hace décadas y reparar los destrozos sufridos en el  tejido social por la crisis y las políticas insensibles hacia los colectivos más vulnerables y castigados. La oportunidad de acometer esos retos pendientes: la educación, el desempleo , el paro juvenil, la industrialización y mejora de nuestro sistema productivo, la fortaleza del sistema de pensiones, acabar con el embrutecido mercado de trabajo, reforzar el papel de los agentes sociales, su autonomía y la negociación colectiva, etc. etc. 

Para quienes pensamos en la necesidad del cambio, insisto, moderado y gradual, la pregunta es: ¿podemos estar satisfechos tras el 26J?  Creo que no, más bien todo lo contrario. Algunos, como ciertos conocidos politólogos y comentaristas políticos lo expresarán sentenciando que tenemos unos ciudadanos miedosos, atemorizados y analfabetos. Otros, en lugar de reflexionar sobre las estrategias equivocadas y asumir con valentía los errores cometido por los responsables políticos, colgando en las redes su  enfado y decepción con expresiones como “los españoles somos patéticos”, “habrá  que admitir que somos un país de mierda”,  “me avergüenzo de este país”, “en España se premia a los corruptos y ladrones”, “la gente tiene lo que se merece”….. Incluso, algunos de mis paisanos catalanes afirmando “estoy orgulloso de ser catalán porque aquí no se premia a los ladrones” etc. et.

Volveremos a leer análisis sobre las causas de estos resultados y volveremos a ver animados platós de TV con sus periodistas y politólogos, donde escucharemos sus sesudas conclusiones sobre por qué la ciudadanía ha votado como ha votado. Pero parece ser que la razón no debe estar muy lejos de resumirse en: “porque les ha dado la gana a los ciudadanos y ciudadanas”. Una decisión tan legitima y tan errónea para unos o tan acertada para otros como cuando decidieron con su voto libre y democrático meter al bipartidismo el 26 D en el cajón de la historia. Y por ello me siento igualmente decepcionado o igualmente orgulloso de mis conciudadanos y conciudadanas  como en todas y cada una de las elecciones desde 1977, sean legislativas, municipales u autonomías.. ¿Por qué? porque el pueblo es libre y soberano, ahora y siempre

Vistas y oídas algunas reacciones de vergüenza hacia la ciudadanía ante los resultados del 26J, se podría convertir en realidad la parodia escrita por Bertolt Brecht en su poema ‘La Solución’, en la que un gobierno, decepcionado por el pueblo que le había tocado en suerte, deliberaba sobre la posibilidad de disolverlo y elegir uno de nuevo.  Pero lo que se elige son los políticos y los gobiernos, no los pueblos. Por tanto la explicación de los resultados electorales se deberá buscar, no en las supuestas bondades o miserias de la ciudadanía. Sino en los posibles aciertos o errores de los distintos dirigentes políticos que para eso es su oficio, uno de los más bellos y nobles que puede hacer una persona cuando se ejerce con responsabilidad, inteligencia, valentía, generosidad y ética. 



martes, 14 de junio de 2016

Industria 4.0, los trabajadores no somos robots

Ya están aquí, llenando páginas y horas de conversación, esos artilugios capaces de moverse con autonomía y de realizar tareas que, hasta ahora, sólo podíamos hacer las personas, esos protagonistas que solo existían en la imaginación de los novelistas de ciencia ficción. Ya están aquí los robots acompañados de computadoras con inteligencia artificial, en nuestros hogares, centros de estudio, carreteras y lugares de trabajo: robots diseñados para analizar su entorno y adaptarse a él, gracias a su capacidad de aprender nuevos comportamientos, capaces de imitar nuestra forma de razonar a partir de recopilar pruebas, estudiar datos, construir hipótesis, buscar evidencias y encontrar respuestas.

Robots y aplicaciones que ya están presentes en despachos de abogados analizando, comparando, deduciendo leyes y sentencias, redactando demandas; en laboratorios de investigación y en  centros clínicos ayudando a los médicos en el diagnóstico y tratamiento a los pacientes; en refinerías, en las plantas químicas, en las cadenas de montaje y en las entidades financieras. Con sus brazos antropomórficos capaces de levantar 50 kg en cada mano y a la vez tener una precisión de 0,02 mm o coger un huevo sin romperlo, conviven y colaboran con los trabajadores en sus puestos de trabajo, permiten liberarles de las actividades más penosas, repetitivas o peligrosa, y también logran en algunas operaciones una precisión jamás alcanzada por las personas.

En algunas empresas bautizan a los robots con nombre de personas, y corren a batallón por las naves de los almacenes de logística recogiendo los productos antes de ser enviados a los clientes para llevarlos a las mesas de empaquetado.  Algunos tienen aspecto de pequeños personajes con ruedas y una pantalla en el pecho, y son capaces de  acompañar a los humanos y percibir emociones de su interlocutor, como si  está contento, triste o enfadado.

Hace pocas semanas algunos de estos robots entraban por la puerta de la empresa Faxconn en China para remplazar a 60.000 trabajadores en la fabricación de los iPhones. Robots esquiroles, que son presentados por el exconsejero de McDonald, Ed Rensi, como la mejor respuesta a la lucha sindical en su demanda en EEUU de extender un salario mínimo de 15$ en las cadenas de comida rápida, afirmando que: “es más barato comprar un brazo robótico que contratar a un empleado que cobre 15$ a la hora embolsando patatas fritas”.

Un mundo que ofrece grandes e indiscutibles posibilidades de progreso y generación de riqueza, pero acompañadas de serios riesgos y amenazas, que van más allá del debate filosófico y ético sobre el papel del avance tecnológico en nuestra sociedad, presente desde la primera máquina de vapor. Las respuestas no pueden venir sólo de la ciencia, la economía y la empresa, sino que, mientras aprovechamos las oportunidades que nos ofrece la Industria 4.0, se debe responder a la pregunta de cómo vamos a impedir el riesgo de que los trabajadores y trabajadoras sean relegados al último lugar y se conviertan en los paganos de esta nueva revolución industrial, con más  desempleo y más desigualdad social.

Junto con el impulso a la modernización de la economía y la digitalización, las empresas y los gobiernos están obligados a incorporar la máxima atención y preocupación a los posibles riegos de polarización de la sociedad. Es imprescindible evitar que se conviertan en realidad los tristes y negros pronósticos que nos anuncian la masiva pérdida de empleo como consecuencia del cambio tecnológico, y con ello una sociedad más desigual, donde unos pocos  disfrutarán de más libertad y empleos de alta calidad, y la gran mayoría de la esclavitud del desempleo o los mini empleos.

Para esto,  es una excelente noticia que estas últimas semanas la Confederación Europea de Sindicatos (CES) haya anunciado su compromiso prioritario de intervenir con sus propuestas y discusión y la formación de sus cuadros sindicales, en todo aquello que representa la Industria 4.0, la digitalización de la economía y la robotización, para    garantizar que las personas estén presentes en el debate público e institucional y en la negociacion colectiva. Y, por qué no, también, utilizando las nuevas posibilidades que las tecnologías ofrecen a los sindicatos para forjarse un nuevo papel en las empresas y en la sociedad.



miércoles, 1 de junio de 2016

Trabajadores mayores, un reto también para la Negociación Colectiva.

La aversión a “lo viejo” y el culto a la juventud en las empresas y la sociedad, provocan que en demasiadas ocasiones, se desperdicien potencialidades por la incapacidad de gestionar la riqueza de la diversidad en todos los órdenes, como la diversidad que representa la edad y su potencial para la convivencia inter-generacional.

Gestionar esa diversidad reclama  innovación en las relaciones laborales e imaginación en la gestión de las personas, y necesita estimular y remover el entusiasmo, e incluso el orgullo profesional, para  transferir el conocimiento acumulado por la experiencia de quienes llevan largos años de trabajo en la espalda y, con ello, también grandes dosis de escepticismo e incluso de decepciones.

El conservadurismo tan extendido impide explorar nuevas estrategias de gestión empresarial y nuevas propuestas sindicales para la negociación colectiva para afrontar las particularidades de los trabajadores y trabajadoras de más edad y desarrollar su potencialidad profesional, creando, como recomienda la Agencia Europea de Seguridad y Salud en el Trabajo (UEA-OSHA), un entorno laboral y condiciones de trabajo más adecuadas en jornada, horario o esfuerzo, especialmente en aquellos trabajos más duros y penosos. E incorporar en el contenido de los convenios colectivos los temas específicos para esos colectivos relacionados con la salud, competencias, formación, transmisión del conocimiento, organización y transito a la jubilación etc

En este campo aún existen muy pocas experiencias, pero ya empiezan a abrirse camino de forma tímida, tanto en plataformas sindicales para la negociación colectiva, como en la conciencia de algunos gestores empresariales respondiendo a sus compromisos de Responsabilidad Social Empresarial. Algunas de estas experiencias merecen que se den a conocer con más amplitud para poder ser estudiadas y adecuadamente valoradas, y con ello contribuir a corregir ese déficit que representa la ausencia de estudio y valoración de todo aquello que no nazca de las leyes, de la acción de las administraciones públicas y la resolución de las magistraturas, lo que expresa un preocupante y escaso interés hacia los frutos de la negociación colectiva en las empresas y en los sectores, que son más ricos quela escasa atención que le prestan los medios de comunicación.

Como “botón de muestra”, dos ejemplos positivos que apuntan en esa dirección: el “Plan Cuidamos la Experiencia”, un proyecto piloto de Gas Natural Fenosa, que compromete la contratación de jóvenes en los mismos puestos que hoy están ocupados por trabajadores mayores de 55 años. Estos jóvenes se incorporan a un plan de formación personalizado en el que los  trabajadores mayores realizan la función de  tutores, y donde a su vez, se adaptan sus condiciones de trabajo, horario, jornada y carga de trabajo para prevenir potenciales problemas físicos y de salud. En resumen, adaptar el puesto y las condiciones de trabajo a los años de esfuerzo y la edad, y potenciar una nueva función,  como es la de transferir el conocimiento y el saber de su oficio.

Otro ejemplo, frecuente en Centroeuropa pero novedoso en nuestro país, es la reducción de jornada específica para los trabajadores de más de 55 años. Así lo han pactado los sindicatos en distintos Acuerdos de Condiciones de Trabajo en las Plataformas Logísticas del Grupo Inditex. Con diferentes baremos, que en unos casos suponen 16 horas anuales menos de trabajo para los mayores de 55 años, incrementando la reducción progresivamente cada año hasta alcanzar a los 65 años, con una jornada laboral de 96 horas menos de trabajo. Para otros centros de trabajo, del mismo grupo empresarial, por sus particulares características, el acuerdo es de una reducción de 64 horas a los 55 años, con reducción progresiva cada año hasta llegar a los 65 años, con una jornada laboral de 240 horas menos de trabajo.

Dos ejemplos, junto con decenas de otras experiencias innovadoras que se viven en algunos  empresas que nos invita a revisar anticuados prejuicios que tantas veces impiden descubrir y valorar la diversidad en el mundo del trabajo. Recordando, en este caso, como afirma en el estudio “El envejecimiento de oro”Johannes Koettl del Departamento de Protección Laboral y Prácticas Laborales Globales del Banco Mundial: Los jóvenes corren más rápido, pero las personas mayores conocen los atajos”. Destrezas y habilidades que por justicia y economía deberíamos estar obligados a aprovechar.


miércoles, 18 de mayo de 2016

LA INDUSTRIA 4.0, con un zapato y una alpargata

En muy pocas semanas, máximo meses, encontraremos hasta en la sopa un nuevo concepto.  No habrá suplemento dominical, canal de televisión o emisora de radio que no dedique un artículo o un programa especial a este concepto que se conoce como Industria 4.0. Ya hoy, en nuestro país, se están celebrando infinidad de iniciativas - seminarios, conferencias y cursos que organizan una multitud de organizaciones e instituciones públicas locales, autonómicas, estatales y sectoriales - con los enunciados de digitalización,  Industria 4.0 o la IV Revolución Industrial. 

Si desde la apretada agenda de actos presentes y futuros tuviéramos que evaluar nuestra posición y expectativas como país ante los retos que abre está nueva revolución industrial, podríamos  afirmar, sin ninguna duda, que España está al día y responderá como el que más para afrontar el cambio que representa la Industria 4.0. Y que esta vez, no vamos a quedarnos en el andén, como sucedió  en las anteriores, mientras parte el tren de la nueva Revolución Industrial.

Pero si miramos más allá de las hermosas presentaciones. Y nos fijamos en lo realizado durante los últimos quince años en relación a la industria y el cambio del modelo productivo,  el optimismo se convierte en seria preocupación, porque vemos que lo que más hemos hecho es confeccionar los mejores Planes Estratégicos,  Planes por la Competitividad y Hojas de Ruta, aunque en la primera curva se han parado. La novedad, es que ahora  les llamaremos Planes por la Digitalización, Planes por la Industria 4.0 etc,  por supuesto, esta vez también, habrá uno por cada CCAA, comarca, provincia sin relacionarse entre sí. Conseguiremos tener una nutrida ristra de observatorios, comisiones mixtas, comisiones multidisciplinarias,  multisectoriales, parlamentarias, para el estudio, seguimiento, e implementación de la Industria 4.0 . Que elaborarán  sus planes, en la mayoría de los casos parecidos como dos gotas de agua, todos llenos de párrafos de “copia y pega” traducidos del alemán o el inglés y donde el verbo más repetido volverá a ser “se debería”.


Podemos mirar el lustroso zapato  con el que entrará en el futuro ese reducido núcleo de empresas, la mayoría multinacionales, que sin duda avanzarán aquí como en el resto de los centros que la multinacional tiene en otros países. Pero necesitamos ese otro pie, el que seguimos calzando una vieja alpargata, La que representa esos déficits estructurales que lastran nuestra competitividad  y de los que apenas se habla cuando se sitúan las prioridades políticas. Tenemos en muchos sectores y empresas, realidades más propias de la II Revolución Industrial, solo cabe mirar  a una parte de nuestro viejo sistema productivo, a nuestro deplorable mercado de trabajo,  al obsoleto modelo de relaciones laborales  y nuestro, más que  deficiente,  modelo educativo que tenemos.

jueves, 5 de mayo de 2016

Feliz 80 aniversario, Sr. Amancio Ortega

En estos últimos días se ha generado un amplio debate en los medios de comunicación y en las redes sociales, con una avalancha de artículos y opiniones, unas a favor y otras en contra del empresario Amancio Ortega a partir del vídeo de celebración del 80 cumpleaños del empresario más rico de España y principal propietario de las acciones de la primera empresa mundial de la moda, Inditex. Han sido, cuanto menos llamativos, muchos de los argumentos y calificativos con los que se ha presentado al Sr. Ortega por sus detractores y defensores. Unos lo consideran como la máxima expresión del esclavismo del Siglo XXI y que su éxito está sustentado en la explotación de niñas cosiendo sus exitosas marcas. Otros lo ven como un héroe nacional, cuando no como un santo merecedor de beatificación.


Pero de toda la avalancha de opiniones y comentarios, las que resultan más llamativasson las de algunas personas públicas, como por ejemplo las del Sr Gabriel Rufián de ERC en su comentado twit del 29 de abril  y aquellas otras que afirman, en un alarde de superioridad, que le daban pena esos miles de trabajadores y trabajadoras, “pobres ellos", que han participado en el vídeo de felicitación de cumpleaños, ya que entienden que han sido obligados a fingir ante la cámara la sonrisa de “ feliz cumpleaños”.

Mi pregunta es ¿qué piensan estas personas tan ilustres de los trabajadores y trabajadoras de Inditex?  Deberían saber  que éstas y éstos son gente normal, joven en su gran mayoría, posiblemente muchos de ellos contentos por tener un empleo en un país donde el 50% de los colegas de su edad están en el paro o con contratos basura. Que muchos están cabreados e insatisfechos con sus condiciones laborales. unos porque quisieran tener mejor salario, un ascenso más rápido, otros no trabajar los domingos y festivos en las tiendas o en los almacenes de logística y un larguísimo etcétera de quejas y satisfacciones, como en la mayoría de las empresas.

Pero gran parte de esos trabajadores y trabajadoras, la mayoría de los cuales han participado en la elección de sus representantes sindicales saben que tienen una rica negociación colectiva, con acuerdos y pactos y ,que algunos aspectos. son una buena referencia sindical. También saben, que ojalá la práctica de la mayoría de los sindicatos  en las empresas multinacionales fuera como en Inditex a la hora de trabajar por la exigencia del respeto de los derechos laborales y humanos básicos en la cadena de producción en Bangladesh, Vietnam o Brasil. Algo que ha hecho que su empresa sea conocida como una de las más avanzadas por quienes trabajan y militan en el mundo de las organizaciones sindicales y de las ONGs de defensa de los derechos laborales en las cadenas de producción de las grandes marcas de la moda (1). Mejor, mucho mejor, que esas marcas tan loadas como puede ser Apple y la figura de su admirado fundador Steve Jobs.

Y en el caso del Sr. Rufián de ERC, quizás debería pensar que, aunque este empresario no sea catalán, ni uno de esos prohombres de nuestra industria catalana y de los cuales  no pocos, a pesar de su nacionalismo, los podemos encontrar en las listas de defraudadores fiscales; o entre los que vendieron sus industrias, que en su día fueron punteras, a multinacionales. La realidad, es que Inditex es una de las primeras empresas también de Catalunya con: los cerca de 9.000 trabajadores, los  500 millones de euros de inversión en los últimos cinco años en la ampliación y creación de nuevas plantas logísticas y los 1.600 nuevos puestos de trabajo.

Por esto, feliz 80 aniversario Sr. Ortega, es usted un ciudadano más mientras pague religiosamente sus impuestos, invierta al máximo los beneficios, respete las leyes y los derechos de laborales. Y por ello no es un santo, pero que sea el español más rico y el empresario de la mayor empresa de moda del mundo con más de150.000 empleados directos tampoco lo convierte en un villano.



sábado, 30 de abril de 2016

26 J: ¿habremos aprendido algo?

La nueva convocatoria electoral para el 26-J ha suscitado preocupación y enfado en muchos ciudadanos y ciudadanas por el fracaso político que representa la repetición de las elecciones. Enfado por las formas de relacionarse nuestros dirigentes políticos entre ellos llena de sectarismo y falta de profesionalidad, por no decir infantilismo en bastantes casos.

Cuatro meses de reuniones, posados y ruedas de prensa, de supuestos argumentos, razones y sobre todo de excusas, para explicar la imposibilidad de llegar al acuerdo que tenía que haber hecho posible abrir esa nueva etapa política, tan necesaria y tan deseada por tantos ciudadanos de este  país.  Ciudadanos que veían la necesidad de un gobierno que empezara a andar a paso ligero hacia las urgentes y necesarias reformas que demandan los muchos problemas que precisan de  soluciones urgentes. El resultado: hemos perdido cien días. Pero esto no es lo más grave. Lo más preocupante son las razones con las que se nos intenta explicar este fracaso; los argumentos con los que se nos pretende explicar las causas por las que no está ya en pleno funcionamiento es gobierno; el por qué no ha sido posible un gobierno del cambio y plural, con un programa de regeneración y de reformas que llevamos esperando décadas y que, a este paso, otras décadas deberemos esperar.

Pero en el fondo, una vez más, es ese sectarismo que está en el tuétano de nuestras formas de relacionarnos y de hacer política dónde encontraremos la principal explicación de ese fracaso.

Un sectarismo, tan incrustado en nuestra práctica política y sin el cual no se entenderían ni los crudos conflictos entre los medios de comunicación o entre las organizaciones políticas de hoy. Ni, quizás,  los desgraciados episodios históricos y las dificultades que demostramos o hemos demostrado tener ante el principio básico de la democracia: respetar la opinión del contrario. Un mal que, de no curarlo, nos condenará a la mediocridad política aunque, como ha sido el caso, cambie profundamente el mapa político con nuevos actores, pero con las mismas viejas formas. 

Ese sectarismo que facilita la ausencia de autocrítica en la función pública y permite explicar el fracaso siempre desde razones ajenas, endosando la responsabilidad al otro con el “y tú más”, que nos impide apreciar y valorar con valentía y sin reservas el éxito de nuestros competidores. Estos siempre sospechosos de todo lo peor y merecedores de las descalificaciones más contundentes.

Algo pasa en nuestra particular cultura política que hace que el acuerdo sea una excepción, lo cual genera decepciones y rupturas en las organizaciones. Mientras el enfrentamiento, la confrontación y el enemigo externo, sean el preciado bálsamo para la cohesión interna que facilita aparentar firmeza cuando a veces no es más que disimulo y miedo a compartir riesgos y también soluciones.

Algo tendrá que cambiar, ya que es difícil imaginar una solución a los muchos problemas que se  deben afrontar, y que exigen solidaridad, diálogo y suma de esfuerzos. Porque será imposible ver soluciones a esos problemas desde esos anteojos del sectarismo que paralizan la inteligencia política e impiden la modestia necesaria para afrontar: la crisis económica, el desempleo, el paro juvenil, la enseñanza, la mejora de la productividad o la desconfianza hacia la política y las instituciones.

No podemos seguir con esta manera de hacer política a la que se le podría aplicar aquella caracterización que hacía Foucault del poder (que nos suele recordar a menudo en sus artículos y conferencias Daniel Innerarity), como “pobre en recursos, parco en sus métodos, monótono en las tácticas que utiliza, incapaz de invención".


Esperemos que después de otros cien días podamos decir: ¡valió la pena volver a las urnas!.  Porque habremos aprendido que democracia es el equilibrio entre cooperación y competencia.  Que los ideales expresan lo que queremos ser, pero que al final son siempre los compromisos los que verdaderamente expresan lo que somos. E incluso igual aprendemos también de ese aforismo tan presente en el mundo sindical que dice “muchos se contentan con una victoria cuando podrían conseguir algo mucho mejor, que es un acuerdo”. Los votos y el tiempo nos lo dirá.



jueves, 14 de abril de 2016

El trilema de Podemos y la necesidad de un gobierno del cambio

La palabra trilema no está recogida en el diccionario de la Real Academia Española, pero se puede leer en múltiples artículos y trabajos de análisis político y económico. La popularizó Dani Rodorik, profesor de Harvard, en su libro “La paradoja de la globalización “, donde la define como las opciones que hoy deben afrontar los dirigentes de los estados democráticos occidentales en torno a la globalización económica, la democracia política y la soberanía nacional. Explica que en un mundo globalizado como el actual, con democracia y plena soberanía de los Estados, no es posible combinar todo al mismo tiempo y con la máxima intensidad.

En síntesis, si un dilema es la elección entre dos alternativas incompatibles, un trilema es elegir dos opciones sobre tres alternativas que simultáneamente son incompatibles. Que es precisamente lo que estos días Pablo Iglesias y los dirigentes de Podemos, tienen pendiente de resolver ante la investidura de Pedro Sánchez y la formación de un gobierno de cambio.
Por una parte, necesitan no aparecer como los directos responsables de no desalojar al PP del gobierno e impedir la aprobación de importantes medidas que son una clara mejora de la situación actual, como las referidas a la reforma laboral, a un ingreso mínimo vital, instaurar un impuesto sobre los grandes patrimonios o bajar el IVA cultural, etc.

Por otra parte, Podemos necesita repetir el mensaje de que vienen y, sobretodo, que van hacia lugares diferentes que el resto de partidos políticos. Como su líder Pablo Iglesias, recibido el pasado sábado 9 de abril en el Casino de la Aliança del Poble Nou de Barcelona con el grito de los asistentes “no queremos pacto”, repitió al referirse al final de las negociaciones con PSOE y Cs: “hemos resistido la voluntad de otras fuerzas que intentan domesticar y normalizar a Podemos”. Necesitan insistir que ellos están en una orilla frente a todos los demás en la otra.

Y por otra parte, desde la razón misma de su constitución, está su rechazo a ser una organización testimonial instalada en la oposición en el papel de “pepito grillo”. Si algo desde el primer día Podemos ha expresado con nitidez es su aspiración a influir, condicionar y sobre todo a gobernar, en la misma línea del famoso: “El cielo no se toma por consenso: se toma por asalto”   lo cual quedó meridianamente claro en su declaración de intenciones la noche del 20D, al igual que sucedió tras la audiencia real. Así que, como en el trilema de Robrik, las tres opciones a la vez y las tres con la máxima intensidad no son posibles.

Se puede facilitar la investidura, apuntarse el mérito principal de haber desalojado al PP y condicionar e influir de forma muy importante en la política de nuestro país como resultado de una negociación. Pero ya no se podría defender que se va a lugares diferentes a los demás.  Porque ya no estaría solo en su orilla frente al resto.

Se puede, como parece, no votar la investidura  y afirmar que han impedido que les normalicen y domestiquen. Y con ello,  mantener su orilla. E incluso se puede defender la ambición declarada de  “tomar el cielo” y unas nuevas elecciones con la posibilidad de ser el principal partido de la oposición, por delante del PSOE. Pero no podrán impedir, por mil ingeniosas metáforas como “Pedro Sanchez enjaulado”,  “los Intereses del Ibex 35” o con otro líder socialista habría acuerdo”, cargar con la culpa, para muchísimas personas de izquierdas,  de frustrar un gobierno del cambio y de las consecuencias de unas nuevas elecciones de las que es muy  probable que salgan  un futuro gobierno de derechas.


El tiempo nos dirá las consecuencias de la opción del trilema elegida por Podemos. Pero merece la pena recordar que un partido vale la suma de sus votos  y de sus alianzas, que el poder es tanto lo uno como lo otro. Además que en política no se ha construido nada duradero desde las intransigencias, los ataques personales y la descalificación. Esperemos que la iniciativa ciudadana de recogida de firmas en torno a la carta dirigida a PSOE, Podemos y Ciudadanos: ES POSIBLE Y NECESARIO UN GOBIERNO DEL CAMBIO: REPETIR LAS ELECCIONES NO ES SOLUCIÓN https://porungobiernodelcambio.wordpress.com/ convertida en menos de 24 horas en una potente y plural movilización ciudadana sea un acicate para reactivar las negociaciones hacer realidad un acuerdo, evitando ese irredentismo tan común en la historia de la izquierda de despreciar lo posible para idealizar lo imposible. Porque, si se puede, un gobierno del cambio.

martes, 5 de abril de 2016

Industria 4.0 robots, trabajadores y sindicato




Un mundo cercano a la ausencia de trabajo se está aproximando a pasos agigantados y puede llegar antes de que la sociedad tenga tiempo suficiente, tanto para debatir sus importantes consecuencias como para prepararse plenamente frente a su impacto generalizado”.  Jeremy Rifkin en ‘EL FIN DEL TRABAJO’.


En el año 1953, Henry Ford II, jefe de Ford Motor Company y Walter Reuther, veterano líder del sindicato United Automobile, protagonizaron una conocida anécdota mientras visitaban juntos las instalaciones de la nueva y más automatizada planta de montaje de automóviles Ford en Cleveland, Ohio. Henry Ford II le preguntó a Walter -¿cómo va a conseguir que esos robots paguen sus cuotas sindicales a la UAW"? Y sin perder el ritmo del paseo por los pasillos de la factoría, Reuther le respondió: Henry, lo que yo me pregunto es ¿cómo va a conseguir usted que esos mismos robots le compren sus coches?”.

Esta anécdota ilustra el eterno conflicto entre innovación tecnológica y empleo, algo tan antiguo como el conflicto del verano de 1854 en Barcelona que provocó el incendio de fábricas, para impedir que se implantaran las selfactinas, las nuevas máquinas de hilar algodón traídas de Inglaterra, que ahorraban mucha mano de obra y expulsaban a cientos de trabajadores al desempleo. O aquella máquina de cigarrillos que en 1881 patentó James Bonsack, que liaba de forma automática, sin intervención humana, 120.000 cigarrillos al día frente a los 3.000 que era capaz el trabajador más especializado. Y así, década tras década, hasta nuestros días.

Con el pegadizo nombre de Industria 4.0 se conoce el nuevo concepto que está a la vuelta de la esquina y que representa el cambio de paradigma que modificará: cómo, qué, quién, cuándo y dónde se produce. Aspectos estos que concretarán la cuarta revolución industrial de la mano de la innovación tecnológica, mediante el aumento en los volúmenes de datos disponibles por las empresas industriales, su capacidad para almacenarlos y analizarlos, unido a la conectividad en red que permite la interacción de las maquinas entre sí y con las personas, y la fabricación personalizada de los productos. Producción en fábricas autosuficientes, más inteligentes y ecológicas en el uso de los recursos  energéticos y de las materias primas, producción flexible, autorregulada, conectada con el proveedor y el cliente final.

Se reiteran, en paneles, conferencias y seminarios, nuevos conceptos referidos a Industria 4.0 como : fábrica smart,  digitalización, big data, internet de las cosas, impresoras 3D, robots y sensores, sistemas ciberfísicos, plantas autogestionables, inteligencia artificial y machine learning, biotecnología y genómica, etc… Pero se presta muy poca atención e interés en analizar los riesgos de la masiva destrucción de empleo si la nueva revolución industrial y tecnológica solo responde al objetivo de reducir costos,  a maximizar los beneficios y las ventajas de los importantes incrementos de productividad solo son aprovechados para aumentar el reparto de dividendos a los accionistas y los salarios de los altos ejecutivos.

Sabemos, como ha sucedido en las anteriores revoluciones industriales, que la iniciativa sindical será determinante. Que no fue, ni ahora será lo mismo para los trabajadores y trabajadoras de aquellas empresas donde impere el individualismo y sin representación sindical, que lo será en a aquellas otras, donde se trabaje por el bien común y cuenten con una sólida implantación sindical, con amplios derechos de información y participación en la marcha de la empresa. Aquellas donde trabajen e investiguen y se movilicen en busca de nuevas ideas, esfuerzos y compromisos para abrir nuevos campos y nuevas reivindicaciones relacionados con la formación,  la salud en el trabajo, el reparto del empleo o la reducción  de las horas de trabajo. Y donde la gestión sostenible y responsable socialmente sea una exigencia de sus trabajadores y trabajadoras. Y allí, donde la acción política sea capaz de exigir nuevos esfuerzos desde la política fiscal que permita repartir de manera más justa los beneficios que nos anuncia Industria 4.0.


Porque esta nueva era de reducción drástica de costes y de robots danzarines sin enfermedades, ni perdida de concentración y con su energía continua, puede representar tanto una gran división social, con más desigualdad e injusticia, como un nuevo renacimiento para la humanidad, un reparto inteligente del trabajo y la liberación de largas jornadas laborales. Dependerá, si además de hablar de lo inteligentes que serán las maquinas, se habla también de las personas. Este es el reto del sindicalismo, conseguir que en el centro de Industria 4.0 estén las personas.

lunes, 28 de marzo de 2016

Sindicalismo de regadío. El acuerdo CC.OO. -- Repsol




He cogido prestado de José Luis López Bulla el término “sindicalismo de regadío”, su  definición del sindicalismo que consigue resultados concretos vía negociación colectiva en los centros de trabajo. En sus artículos, escritos y conferencias, López Bulla, estudioso del mundo del trabajo y comprometido con el sindicalismo, reclama a los protagonistas sindicales que den a conocer la rica experiencia que surge de la negociación colectiva en las empresas y los sectores cada día, poniendo en valor los resultados que se plasman en los convenios colectivos y en los pactos. Y también para corregir la visión tan extendida pero incompleta de que el sindicalismo confederal es solo, o casi exclusivamente, su acción social y política, pues apenas se conoce el fruto de la acción sindical en los centros de trabajo y en la negociación colectiva, núcleo y principal razón de ser de un sindicato y, con ello, la utilidad de la afiliación y la organización del sindicato en la empresa.

Compartiendo su reclamación, me he tomado la libertad de calificar de “sindicalismo de regadío” el  acuerdo: Protocolo de acuerdo entre la dirección de REPSOL y CCOO INDUSTRIA para la coordinación y colaboración en aspectos generales de las condiciones de trabajo en las empresas auxiliares en los complejos industriales de REPSOL PETROLEO, firmado el pasado 15 de marzo, pues es un buen ejemplo del fruto de la negociación colectiva.

La Reforma Laboral, la crisis y las nuevas tendencias de gestión para abaratar costes han llevado a que un gran número de actividades y servicios se externalicen a empresas que nada tienen que ver con la empresa principal. Empresas donde abundan los contratos precarios y la ausencia de representación sindical, y donde sus trabajadoras y trabajadores tienen serias dificultades para responder y denunciar los abusos que padecen. Por esto, las Confederaciones Sindicales de CCOO y UGT insisten que entre sus prioridades más urgentes, está la exigencia de nuevas leyes y más acción e implicación de las administraciones públicas para el control de los abusos y una mayor tutela de estos colectivos presentes en todos los sectores de la producción y los servicios.

El Acuerdo de CCOO Industria con Repsol es precisamente eso, un valioso instrumento con nuevos cauces de información, coordinación y de colaboración entre Repsol y CCOO para que el  sindicato, desde la empresa principal, donde cuenta con más medios, más fuerza, más influencia y mayor capacidad de presión, se comprometa a velar por el respeto y el cumplimiento de las normas legales o contractuales aplicables a los trabajadores y trabajadoras de cada una de las empresas auxiliares que prestan servicios dentro de los complejos industriales de esta multinacional.

Estos instrumentos se concretan en potenciar un Comité Intercontratas de Seguridad y Salud con los representantes de las empresas concurrentes y con los sindicatos, mediante reuniones periódicas y obligatorias con el Comité de Salud Laboral de Repsol. Y como una garantía más, al sindicato de la empresa principal se reconoce el derecho de vigilancia para garantizar que todas las personas que se incorporen a las empresas auxiliares reciban la formación técnica y práctica suficiente en materia preventiva, como la reciben los trabajadores pertenecientes a la plantilla de Respsol.

Es cierto que estos instrumentos no corrigen todos los déficits de una legislación deficiente y unos  peores gobernantes que permiten el abuso y la  precariedad en el trabajo, donde centenares de miles de personas que trabajan en las cadenas de subcontratación lo hacen sin control, y es ahí donde se producen la mayoría de los accidentes de trabajo. Pero estos instrumentos responden también a las obligaciones y los compromisos asumidos por la empresa en su Responsabilidad Social Empresarial (RSC) y, sobre todo, son la expresión inequívoca de la voluntad y el compromiso de unos sindicalistas  que, ante los posibles abusos e ilegalidades en relación a las personas que comparten oficina o taller, aunque no sean de la misma empresa, no quieren mirar para otro lado.

Además de exigir cambios legislativos, en la negociación colectiva de las grandes empresas hay mucho que hacer, como escribe Jesús Cruz Villalón, Catedrático de Derecho del Trabajo Universidad de Sevilla en su ponencia ‘LA ACTIVIDAD SINDICAL EN LA EMPRESA: VIEJOS Y NUEVOS PROBLEMAS’: “Desde la perspectiva de la acción sindical en la empresa, el gran dilema deriva de la circunstancia tampoco casual de que allí donde el sindicato mantiene un poder de influencia notable es justamente en aquellos ámbitos correspondientes a las empresas grandes, coincidentes con la empresa principal …….por cuanto que se puede estar conformando un espacio sindicalizado con fuerte capacidad de acción sindical y de otro espacio no sindicalizado que para entendernos denominaríamos de ‘precariedad laboral’. Indiscutiblemente en un modelo sindical que tradicionalmente ha rechazado opciones de defensa corporativa de intereses, en beneficio de ciertos grupos fuertes y en perjuicio de otros débiles, necesariamente este modelo de segmentación ha de ser rechazado”

Precisamente al rechazo a este riesgo, esencia misma que inspira al sindicalismo confederal, responden estos instrumentos pactados en este acuerdo, que merecen la pena conocer y valorar, e incluso el calificativo de sindicalismo de regadío.




jueves, 17 de marzo de 2016

La pajarita de Pablo Iglesias

Es evidente que Pablo Iglesias, el Secretario General de Podemos, es unnúmero uno en  comunicación por su capacidad de situar mensajes que impacten de lleno en los marcos mentales de su público. El líder de Podemos muestra su sexto sentido para la anticipación, lo que le lleva a condicionar, cuando no mandar, en la agenda del resto de las organizaciones políticas y de la mayoría de los medios de comunicación. Es un fuera de serie en el marketing, solo hay que ver el éxito en la promoción de la marca Pablo Iglesias, con todo lo que ello conlleva. Lo demostró con éxito cuando su perfil fue el logotipo en las papeletas electorales de la candidatura de Podemos en las elecciones europeas. Y lo podemos comprobar constantemente cuando convierte en noticia de primera plana, con polémica incluida,  todo lo que hace, habla, come, bebe, canta o viste.
Pablo Iglesias, como personaje mediático, no puede pedir más. Ha conseguido aquello que solo las primeras estrellas consiguen: tener casi tantos enemigos acérrimos como seguidores incondicionales. Una meta que sólo es alcanzable por las grandes figuras de la música, el arte,  la gastronomía o el deporte. Sabe que su principal capital está en el número y calidad de sus enemigos y, consciente de su valor,  los cultiva con mimo y esmero, sabedor de  que el mejor abono para que crezca su prestigio entre sus incondicionales es hacer bueno el dicho: "la importancia de una persona se la dan el número y nivel de sus enemigos".
El líder de Podemos juega con sus detractores al visitar al Rey en mangas de camisa. Con ello consigue convertirse en la noticia principal de la audiencia y, a la vez, el centro de críticas que le sirven para retroalimentar las alabanzas y la adhesión de los suyos, no tanto por el acuerdo con su particular indumentaria, sino como respuesta apasionada a los que le atacan con enfurecidos argumentos que acaban convirtiendo una acción de marketing, muy estudiada pero irrelevante, en una verdadera hazaña del protagonista. Y así crea un inmejorable terreno de juego para la dialéctica política, que le permite seguir centrándose en eslóganes de Twitter y en la simplificación que favorecen las redes sociales, donde este partido político se ha revelado imbatible. Y obviar las serias dificultades que representa concretar y sobre todo evaluar las propuestas.
Pablo Iglesias es un gran marketiniano, y lo volvió a demostrar la noche de los Goya al convertir su esmoquin en la noticia más relevante y viral de ese fin de semana. Y él, en el protagonista indiscutible de la Gala, por encima de los escotes más atrevidos y las rajas de las faldas más sexys.  Un esmoquin y pajarita para redondear el mensaje y ser el contrapunto a la camisa arremangada en la audiencia en la Zarzuela. Y para completar el mensaje, como en el mejor spot publicitario, el famoso esmoquin era tres tallas más grande, dejando bien claro que la intención del político no era presumir. Como ese presumido que va peinado despeinado, aunque sea el peinado más difícil como saben bien los profesionales de la estética.
Un marketing que es capaz de fabricar permanentemente imágenes televisivas y materiales muy valiosos para las tertulias que sirven para llenar horas y horas de descalificaciones y críticas. Unos tertulianos calificando de sacrilegio y otros de heroicidad unos hechos tan irrelevantes como el peinado de un diputado, un bebé en las rodillas de su madre sentada en su escaño, el pico entre dos colegas del mismo grupo parlamentario o una pajarita en una gala en la entrega de los premios del cine.
Política espectáculo, descalificaciones que premian y promueven tanto la intransigencia como la victimización, argumentos ad hominem que consiguen centrar la atención de la opinión pública en una pajarita que, aunque no fuera la intención de Podemos, al final adquiere, en nuestra actualidad política, más importancia que el paro juvenil, la marginación de los mayores de 55 años que han perdido el empleo, el fracaso escolar o el incumplimiento de la ley de dependencia. Lo que demuestra que en muchas ocasiones, también en política, la principal virtud puede acabar siendo el principal defecto.

lunes, 7 de marzo de 2016

8 DE marzo ¡Vivan las trabajadoras del textil!




Homenaje de este blog a María Muntadas Nadeu (1925--2015) 

"Por cada mujer fuerte, cansada de tener que aparentar debilidad, hay un hombre débil cansado de tener que parecer fuerte". (Anónimo)

Se acerca el 8 de Marzo y, como cada año, los medios de comunicación dedicarán páginas, programas e informativos especiales dedicados al Día de la Mujer, dando cuenta de las múltiples iniciativas y actos que con motivo de esta fecha se realizarán a lo largo y ancho de nuestro país. Mientras, seguirán sin resolverse en los centros de trabajo, en la sociedad y en el mundo, discriminaciones, abusos, violencia hacia las mujeres. Queda mucho por hacer y por luchar.

Para muchas personas en todo el mundo el 8 de Marzo es un día para recordar a aquellas obreras textiles que en el invierno de 1857 salieron a las calles de Nueva York, y a las más de 15.000 que en marzo de 1908, medio siglo más tarde, marcharon por la misma ciudad al grito de “¡Pan y rosas!”, sintetizando la exigencia de mejora de sus condiciones de trabajo, de una jornada laboral de 8 horas, de igualdad salarial, cuestiones pendientes aún hoy en muchas empresas, y por el derecho de las madres a amamantar a sus hijos durante las 10 horas de trabajo. Y un día de homenaje a las 140 obreras que fueron asesinadas en la madrugada del 25 de marzo de 1911 al arder la fábrica textil Triangle Shirtwaist en la que trabajaban, porque los propietarios habían bloqueado todas las salidas.

El 8 de Marzo es una buena fecha para reivindicar el trabajo de miles de mujeres sindicalistas luchadoras del textil y la confección de todo el mundo. Sindicalistas que han escrito páginas heroicas del movimiento sindical que en la mayoría de las ocasiones, injustamente, no consta en los libros. Luchadoras de ayer en los talleres e industrias europeas y de EEUU, que hoy siguen escribiendo sus luchas en el norte de África, en Asia, en las maquilas de Centro América, mujeres que son la principal riqueza de sus países, que tejen y cosen para las grandes marcas de la moda, que crean sindicatos y luchan por unas condiciones dignas de trabajo y de vida.

Este 8 de Marzo es una buena ocasión para recordar la gran  importancia que tuvieron para el movimiento obrero de nuestro país, y para los derechos de las mujeres trabajadoras, las duras huelgas que en los años 1976 y 1977 protagonizaron las más 6.000 trabajadoras de la empresa Induyco de Madrid en defensa de unas reivindicaciones tan antiguas, pero también tan actuales, como la mejora del salario y la reducción de la jornada, la creación de una guardería, el cobro del cien por cien del salario real durante el embarazo, la supresión de las categorías  profesionales discriminatorias, la igualdad salarial para trabajos de igual valor, el respeto personal y el fin del autoritarismo empresarial. 

Y fue otro 8 de marzo, en este caso del año 1977, cuando se escribía otra página de la historia de la lucha sindical y por los derechos de la mujer. Ese día las cientos de huelguistas de Induyco, reunidas en asamblea en la iglesia de Moratalaz (Madrid), acordaban terminar su dura huelga que había durado más de un mes.

Las trabajadoras de Induyco protagonizaron una dura lucha en esta empresa que sembró una cultura sindical de diálogo y acuerdos que, con las crisis y problemas vividos en el textil, ha representado una referencia positiva para el conjunto de este sector industrial. Una semilla de la que brotó, durante décadas, una representación sindical que, desde una sólida afiliación a los sindicatos, ha sido un ejemplo de activismo por sus conquistas en favor de los derechos de la mujer y de compromiso con todas las luchas sociales.


Más allá de los actos institucionales que se celebrarán el 8 de Marzo, sería bueno no olvidar que empezó siendo el “Día de la Mujer Trabajadora”. Y con ello poner luz a las miles de luchas y al sacrificio de millones de mujeres trabajadoras de todo el mundo, protagonistas de la historia del movimiento sindical, que han quedado ocultas en demasiadas ocasiones, como una discriminación más hacia la mujer. Es una buena ocasión para renovar compromisos e impulsar nuevas iniciativas, desde la acción sindical, social y política, para la defensa de tantos derechos aún pendientes por conquistar en el trabajo y en la sociedad. Por esto, a la vez que hemos querido recordar como un ejemplo más entre muchos la lucha de las trabajadoras de Induyco por los derechos de la mujer, queremos gritar: “¡Vivan las obreras del textil! ¡Viva la lucha de todas las sindicalistas del mundo!