jueves, 17 de septiembre de 2020

EL DECLIVE DEL INDEPENDENTISMO CATALÁN

 


Quim González Muntadas

Que el independentismo ya no es lo que era lo puede sentir y percibir toda persona que viva en Catalunya. Así lo muestra la reciente fotografía de la encuesta del Centre d’Estudis d’Opinió (CEO) en la que se nos dice que los partidarios de la independencia han caído al 44,9% y los contrarios han subido hasta alcanzar el 50,5%, el porcentaje máximo desde el año 2017. Igual de relevantes son otros datos de la misma encuesta. El primero es que en cuatro meses se ha desplazado la principal preocupación de la sociedad catalana, que ayer era la relación Catalunya–España y hoy lo es solo para el 14,3%. El otro cambio, también muy significativo, es que el 75,3% de la ciudadanía catalana cree hoy que la situación de Catalunya es peor que hace un año. De estos, el 41% está convencido que aún empeorará más en el futuro. Y, para rematar la fotografía gris de la realidad que vive Catalunya, el 53% de los catalanes vemos la situación política de nuestra Comunidad peor que la de España.

La realidad que describe el último CEO tendrá muchos y variados motivos, pero sin dudad uno de ellos ha sido la profunda decepción que ha representado para muchos la nefasta gestión de estos dos años y medio del Gobierno de Quim Torra. De manera muy particular la muy mala ante la pandemia, que ha acabado por romper el espejismo, tan insistente y cuidadosamente trabajado por el separatismo y sus medios de comunicación públicos y privados, de que los catalanes somos mejores en la gestión política. Por no decir también mejores en todo, una creencia común en los pensamientos nacionalistas, de cualquier color o condición.

La creencia de que “somos mejores” ha sido la que permitió en los últimos años de gobierno de Artur Mas pasar de argumentar la independencia de Catalunya con un mensaje cargado de razones pasadas, de identidades y derechos históricos, buscando la respuesta a la pregunta del “POR QUÉ” a la independencia, a un mensaje nuevo centrado en la pregunta, “poderosa”, como se define en el Coaching, del “PARA QUÉ”. ¿Para qué la independencia?, y se nos decía que para ser semejantes a Dinamarca, Austria o Finlandia, semejantes en innovación, en su Estado del Bienestar, en la calidad de su educación, formación profesional, en la estructura industrial, o incluso semejantes a Israel en I+D. Y a partir de ahí ya no hubo conferencia, entrevista o discurso de Artur Mas que no estuvieran llenos de este mensaje, nombrando a estos países.

En aquellos años de crisis económica con un gobierno de España de derechas, reaccionario en lo económico y social, inútil para afrontar con un mínimo de empatía el conflicto catalán, era más fácil vender un proyecto de país independiente en el que “se comerían helados todos los días” que hoy, con un gobierno del PSOE y Unidas Podemos, con un programa de gobierno de políticas progresistas y una demostrada voluntad de aplicarlo, que incluye una clara voluntad de dialogo para afrontan el conflicto político catalán.

Se ha roto el espejismo de que “somos mejores y solos lo haríamos mejor”. Y una parte muy importante de la sociedad catalana ha visto que no hay pueblos mejores, ni peores. Que lo que son mejores o peores son las políticas y con ello las personas que administran lo público. Han visto en estos últimos meses lo parecidos que pueden llegar a ser en muchas ocasiones Ayuso de Madrid y Torra de Catalunya. Ha sentido la decepción que suele provocar la cruda realidad cuando ésta hace caer las excusas y las justificaciones para explicar las dificultades y los problemas provocados por un mal gobierno, cuando éste tiene todas las competencias, por ejemplo en sanidad, educación o residencias para gente mayor. Y ha comprobado la fuerte caída de inversiones extranjeras en Catalunya o el fuerte descenso en el ranking de competitividad de las 271 regiones al pasar, en pocos años, del puesto ciento tres, al ciento sesenta regiones europeas. Y que mucho tiene que ver en estos retrocesos con la crisis social iniciada por el procés y el deterioro institucional permanente que padece Catalunya.

Por esto hoy, frente a la fuerza transformadora que representa el actual gobierno de España PSOE-UP que apuesta por modernizar económica y socialmente España, el discurso de los líderes independentista ha tenido que retroceder y extremar su esfuerzo en intentar presentar España como una pseudo dictadura, como un Estado fracasado, un país retrasado y pobre, presentar una falsa España en la que sus instituciones serían aún la herencia política de Franco. Y esperar que una alta abstención en las próximas elecciones catalanas, por la desmovilización de los votantes contrarios a la independencia, les puede permitir seguir manteniendo su Procés, un procés hacia ninguna parte.

 

martes, 1 de septiembre de 2020

LA GENERACIÓN Z, ¿UN FUTURO MEJOR?


 

Quim González Muntadas

 

Este mes de agosto he tenido la suerte de convivir con mi sobrino de 15 años, recién cumplidos, que tiene más de 60.000 seguidores en su cuenta de Instagram. Una experiencia que me ha llevado a dedicar algunas horas a bucear en los pocos estudios y trabajos sobre esta generación de adolescentes nacidos al inicio de este siglo XXI y que forman la denominada Generación Z.

 Unos chicos y chicas que han hecho viejos a los millennials. Son la primera generación que realmente ha crecido dentro de la Red, en la que viven conectados. Son los verdaderos nativos digitales. Se han educado y socializado con internet plenamente desarrollado. No conciben un mundo sin Wi-Fi, YouTube,  o Instagram,  Tik Tok, y Snapchat, ni sin seguidores olikes. No han vivido lo que era conectarse a internet a través de un módem ligado a la línea telefónica, ni esperar para poder realizar descargas y conexiones, ni han sufrido el incordio de esas paradas en la reproducción on-line de un video cuando la velocidad de reproducción es mayor a la de bajada. Han crecido en la cultura de lo instantáneo, de lo inmediato, en el lo quiero todo y lo quiero ahora”. 

Es una generación que espera que todo funcione a la perfección. Que exigen el acceso a las cosas que necesitan, pero sin tener realmente el deseo de poseerlas tanto como las generaciones anteriores. Son quizás la expresión de una nueva realidad social que apunta, basada en el acceso a” en lugar de la propiedad de”. Una tendencia, que de ser cierta como apuntan los estudios sobre su comportamiento, representaría sin duda un cambio radical en las normas de consumo. Y por ello en el sistema económico futuro.

 Los chicos y chicas de la Generación Z son autodidactas, aprenden vía tutoriales en Internet desde donde hacen todas sus tareas y labores online. Habituados a hacer múltiples tareas y procesar al mismo tiempo varías fuentes de información. Son la primera generación que rompe el concepto de formación formal y cerrada. Valoran las titulaciones, pero saben que en un mundo cambiante van a serles más útiles las habilidades, la autoformación y los perfiles profesionales al ad hoc. El acceso a la nube, desde la soledad de su habitación, les ha dado las herramientas necesarias para encontrar la manera de construir su propio mundo y encontrar de forma inmediata cualquier tipo de respuesta.

Si a los millennials se les ha identificado a menudo como la generación del Yo, todo apunta que la Generación Z  pueda ser más bien la deNosotros”. Son más pluralistas cuando, a los 15 años, han conseguido una impresionante red social digital, a menudo internacional, lo que hace que vivan en una realidad más global que cualquier otra generación anterior porque la tecnología les permite formar parte de una sociedad mucho más amplia que su entorno inmediato.

A esos ocho millones de chicos y chicas que forman la Generación Z en España los que percibimos irreverentes y algo soberbios. No dudan en llevar la contraria a sus padres, profesores o mayores, pero, ¿serán los que construirán un país y un mundo mejor?. Esperemos que sí, aunque la generación de la inmediatez deberá adaptarse a los tiempos de un sistema político en el que las decisiones nacen del diálogo, del análisis meditado, del consenso entendido como pacto y compromiso. Por esto será necesario, como explica Nuria Vilanova (autora con el director de Deusto Business School, Iñaki Ortega, del libro “Generación Z” en Plataforma Editorial),  “Por un lado, que los sistemas políticos sean más flexibles y sepan adaptarse a una nueva cultura política emergente. Por otro lado, los Z tienen su propio reto, el de aprehender los valores implícitos que caracterizan a una democracia, para así aprender lo que significa ser ciudadanos en una democracia”

Que los jóvenes inquieten a los adultos no es nada nuevo, es algo que ha sucedido desde la antigüedad. Debe ser normal que nos cueste entender que se pasen el día mirando la pantalla de smartphone, viendo Instagram o TikTok, y no jugando en la calle. Pero en lugar de escandalizarnos por su forma diferente de comportarse, deberíamos hacer todo lo posible para convertir este relevo generacional en una oportunidad, mejorando el entorno educativo, laboral, empresarial y político que les facilite aprovechar y poner en práctica sus extraordinarias capacidades. Para que lideren esté Siglo y contribuyan a la construcción de un mundo mucho mejor.

 



 

miércoles, 26 de agosto de 2020

METIENDO BULLA: "LO PRIMERO ES ANTES"


 

Quim González Muntadas

 

“Lo primero es antes” propone don Venancio Sacristán, padre del afamado actor Pepe Sacristán.  Con esta frase cierra, desde hace unas semanas, su artículo diario José Luis López Bulla en su Blog “Metiendo Bulla”. Una frase que es un editorial de política, e incluso de filosofía, en los momentos actuales cuando deberían estar tan claras las prioridades, al menos para la izquierda política y social. Un blog, el de José Luis, seguido diariamente con fiel devoción por miles de personas de toda España y otros país . Porque son unos artículos directos, bien escritos, con finura granadina y obsesión por la correcta ortografía. Unas veces sarcástico y otras provocador. Pero siempre inteligente y lleno de un valiente sentido común, opinando sobre la actualidad, el mundo del trabajo, la política o la cultura.

Tiene mucho mérito escribir diariamente, durante más catorce años. Solo la disciplina de un veterano militante y líder sindical y político, que presume más de sus numerosas primaveras de edad que de los años de cárcel que sufrió en la dictadura franquista y de los importantes cargos sindicales y políticos que ejerció: Secretario General de CCOO de Catalunya y Diputat en el Parlamente de Catalunya. De quién Manolo Vázquez Montalbán dijo que lo había usado gratuitamente de asesor de ópera y como diccionario viviente.

José Luis López Bulla, que ha publicado centenares de artículos en los principales diarios (El País, El Mundo, El Periódico y ahora Nueva Tribuna), que ha escrito cuatro exitosos libros relacionados con el mundo del trabajo en este país en el que esta literatura está ausente de las librerías. Son “Qüestió salarial i nova cultura”, “El sindicalismo en la encrucijada”, “Cuando hice las maletas”, y el último, dedicado a los sindicalistas ante los profundos cambios tecnológicos y de organización que vive el mundo del trabajo: “No tengáis miedo de lo nuevo”. Algo muy poco común en un país en que el pensamiento y la opinión de la mayoría de sus líderes no se suele expresar más allá de los 140 caracteres de Twiter.

Tiene mucho mérito, responder a la cita, día a día, durante más de 14 años, para dar la opinión sobre los conflictos laborales, los acuerdos sindicales y convenios colectivos, unas materias que lamentablemente tan poca atención y reflexión merecen a los medios de comunicación. También sobre la política en mayúsculas, y ridiculizando la que es minúsculas. Sobre los nacionalismos, tan nocivos para la solidaridad entre la clase trabajadora y el progreso social. Sobre el patriotismo, que escribió, “yo, como Norberto Bobbio que la emoción patriótica solo la sentía cuando veía en un pueblecito una estatua de Dante. la siento cuando veo en Fuentevaqueros la efigie de García Lorca. Igual que en Italia viendo la figura de Verdi  o en París la de Voltaire (a pesar de algunas de sus cosas), o en Barcelona ante la estatua de Francesc Layret, abogado defensor de los trabajadores asesinado en 1920 por los pistoleros de la patronal catalana”.

Un blog que siguen miles de personas, muchas de ellas militantes o ex militantes de las organizaciones políticas de izquierdas y sindicales. Un blog que, cuando como una rutina diaria obligada lo abrimos en Internet, leemos la máxima de Arquílaco que encabeza “Metiendo Bulla”: "Nada curo llorando y nada empeoraré si gozo de la alegría". Lo que es una buena síntesis de lo que nos vamos a encontrar navegando en ese inmenso trasatlántico construido hasta hoy con 2.240 artículos en los que nos acompañarán pasajeros tan ilustres y de tanto interés como son  Giuseppe Di Vittorio, Osvaldo Gnocchi-Viani, Luciano Lama, Bruno Trentin, Umberto Romagnoli, Karl Marx (que desde la confianza es tratado como el Barbudo de Tréveri), Winston Churchill, el filósofo español Gregorio Luri, Carlos Navales, Enric Juliana, Paco Rodríguez de Lecea, o el maestro confitero Ceferino Isla, más conocido como Tito Ferino de Santa Fe.

Un buen rincón para descansar en estos tiempos difíciles en los que se abren a paso firme y con demasiada facilidad los discursos sectarios, improvisados e irreflexivos. Un buen rincón para estos tiempos llenos de urgencias partidistas que acaban tapando emergencias sociales. Y en los que cobra especial importancia el tener claro que “lo primero es antes”.

 

martes, 25 de agosto de 2020

FONDOS PARA LA RECUPERACIÓN. EN LA COOPERACIÓN ESTÁ LA FUERZA

Quim González Muntadas


El 18 de agosto pasado La Vanguardia publicó un artículo firmado por los profesores Esteve Almirall, Xavier Ferràs, Antoni Garrell, Xavier Marcet, titulado Catalunya ,un replanteamiento económico global. Sería útil que el gobierno de la Generalitat y las fuerzas políticas, sociales y económicas de Catalunya prestaran atención a su contenido. Como también es de utilidad atender las lúcidas observaciones a este artículo que ha publicado en  Nueva Tribuna Isidor Boix, en las que apunta los riesgos de presentar una Catalunya como una unidad concebida al margen de España, aislada en Europa.

¿Qué señalan los cuatro profesores? Pues lo que todos ya sabemos, aunque nos cuesta reconocer: «Catalunya ha perdido peso como país industrial y como una de las regiones innovadoras de Europa.» Y lo ha perdido a pesar de haber tenido un modelo de investigación que ha dado buenos resultados científicos, pero que ha sido incapaz de constituir un modelo de innovación serio y sostenido, al haberle faltado la necesaria apuesta presupuestaria pública. Y, sobre todo, la ausencia del necesario compromiso con la innovación del mundo empresarial catalán, que hace años optó por ir desprendiéndose de las empresas más emblemáticas, precisamente aquellas que deberían haber sido la punta de lanza y el motor para crear la base del necesario ecosistema de innovación. Porque sin empresas y empresarios, no hay innovación.

Un déficit que se ha resultado disimulando durante décadas tras los mejores planes estratégicos y pactos sociales y políticos. Unos planes que decían pretender el impulso y la modernización del sistema productivo para convertir a Catalunya en una plataforma de industria avanzada y competitiva, engarzada en el cambio digital y de la industria 4.0. La realidad ha sido que todo ello se ha quedado en el papel y no ha pasado de la teoría. Solo con que se hubiera hecho realidad un 20% de todos esos planes y pactos, Catalunya sería hoy una de las principales referencias de Europa.

Esta consideración obliga a enterrar el repetido autobombo institucional y la generalizada autocomplacencia sobre nuestra realidad, y reconocer, una vez por todas, que se ha hecho muy poco mientras se han ido perdiendo industrias y centros de decisión de las que fueron grandes empresas catalanas — por cierto resulta sorprendente la poca tinta que ha merecido este hecho durante los últimos años —.  Son déficits que no se resolverán solamente con recursos, tampoco con más toneladas de papel en Planes y Pactos Estratégicos aislados del resto de España. 

Ahora los Fondos Europeos para la Recuperación pueden representar una formidable ocasión para, desde el realismo de lo que en realidad somos y de dónde partimos, poder producir ese necesario punto de inflexión estratégico que precisa el modelo productivo de Catalunya y del resto de España. Un país, lo hemos comprobado, tan vulnerable en cada crisis.

Es la hora de fijar con realismo, pero también con ambición, cuáles son los motores sociales y tecnológicos que se deben impulsar. Cuáles son propios y específicos de cada realidad territorial, en este caso Catalunya, como apuntan los cuatro profesores en su artículo. Pero también comunes con el conjunto del Estado y con los planes complementarios entre algunas Comunidades Autónomas, o con otros países europeos como son Francia y Alemania, por poner un ejemplo en el sector  de la automoción.

Catalunya no ha sido, ni es, una excepción. Sabemos que los cambios sociales están afectando a todos los niveles, comenzando por las personas y alcanzando al conjunto de la comunidad, sea en el ámbito urbano o rural. Que la aceleración de la revolución tecnológica alcanza a todos los sectores económicos, desde la agricultura a los servicios y del turismo a la industria. Sabemos que la sostenibilidad medioambiental nos obliga a abordar nuevos retos y oportunidades con horizontes de medio y largo plazo. Son retos que difícilmente pueden encerrarse en un solo territorio y afrontarse de forma aislada desde una Comunidad o desde un sector productivo.

El mayor riesgo, y el peor error que podemos acabar cometiendo, es que cada una de las Comunidades Autónomas, y particularmente Catalunya, vea el mundo desde su agujero y se desprecien todas las potencialidades y sinergias que puede representar, en tantos temas, una inteligente cooperación entre los distintos territorios y sectores económicos. De la capacidad de liderazgo que sepa ejercer el gobierno de España dependerá también poder convertir en realidad estas buenas intenciones. Confiemos que se intente y se pueda. Por el bien de todos.


jueves, 13 de agosto de 2020

140.000 MILLONES, ¿LA JODEREMOS UNA VEZ MÁS?

 


Quim González Muntadas

Europa nos ha asignado, fruto del Acuerdo de Recuperación Económica alcanzado en la Unión Europea, un volumen de recursos muy considerable. Al mismo tiempo se han marcado, con bastante claridad, los objetivos y prioridades a los que se deben destinar esos recursos. Por ello, España se encuentra en la urgente necesidad de definir su Plan, digámosle, estratégico, que responda del uso y destino de unos recursos que deberán ir dirigidos a alcanzar los objetivos de la Agenda de la ONU para el desarrollo sostenible 2030.

Dicho de otra forma, estamos ante la gran ocasión en la que deberíamos saber acertar en nuestras prioridades y distinguir los sectores económicos y productivos a potenciar. Acertar en distinguir qué necesidades sociales son las que exigen mayor atención y qué colectivos precisan mayor protección.

Estamos en el momento de encontrar la valentía y la fuerza política necesaria para acometer las reformas que llevan décadas esperando en el cajón. El momento de evitar la improvisación, el clientelismo, los electoralismos populistas, tan comunes en nuestra práctica política cuando se trata de distribuir recursos.

Estamos ante la ocasión del protagonismo de la política en la que prime el rigor. De pasar de las palabras a los hechos. De convertir los reiterados proyectos y las teorías de lo que “se debería hacer” en acción política.

En definitiva, estamos ante la hora de la verdad, para el gobierno de España por supuesto, pero también para todas y cada una de las Comunidades Autónomas, para los partidos políticos,  las patronales y los sindicatos, los empresarios y los trabajadores etc. Porque todos tendremos que elegir.

Una opción es repetir los viejos errores y que finalmente el reparto de estos recursos sea el resultado de la fricción y el combate feroz de los agravios comparativos al que apelen todos y cada uno de los territorios y sectores económicos. Y que el resultado final quede en la espontánea dinámica del mercado y en la suma agregada de los proyectos aislados de cada una de las Comunidades Autónomas como esferas que no se tocan ni se articulan en el proyecto común que es España.

O por el contrario, esta vez sí, somos capaces de construir, desde un Proyecto Común de futuro del país, impulsando lo que podría y debería ser un Plan Estratégico de país a 10 años. Un Plan que gire en torno a los objetivos de la Agenda 2030 y que da sentido a la intervención pública como motor de la economía. Y desde tal Plan, con el mismo eje y articuladas, todas las iniciativas, planes y proyectos autonómicos y locales sumando sinergias, tal como se define la articulación mecánica la articulación.

¿Sabremos aprovechar la oportunidad? Puede ser. Serias dudas surgen de las maneras con las que diversos partidos políticos e instituciones públicas abordan el Pacto del Gobierno central con la Federación de Municipios sobre los 15.000 millones. Una “revuelta” que ha sido capaz, desde el agravio comparativo, unificar todo el arco político del  PP a la CUP. Todos juntos, al grito de “van a robar los ahorros de los ciudadanos de nuestra ciudad”.

Si lo que estamos viviendo estos días es el preámbulo de lo que nos espera a la hora de la discusión del destino de esos 140.000 millones en los que tantos tenemos puesta tantas esperanzas de un buen destino y de palanca para construir un país mejor, más competitivo, cohesionado y más solidario, si es así, estamos jodidos y habremos perdido nuestra última oportunidad. 

 

viernes, 31 de julio de 2020

NUEVO MODELO PRODUCTIVO, NUEVAS RELACIONES LABORALES


Quim González Muntadas

En estos últimos meses son incalculables las veces que leemos y escuchamos las recetas que necesita aplicar nuestro país para afrontar la crisis generada por la pandemia del coronavirus. De todas, la más común, la que está presente en la mayoría de las entrevistas, conferencias, debates políticos y en todos los documentos y dictámenes elaborados por los centros de estudios, las escuelas de negocios, los gabinetes técnicos de los ministerios, partidos políticos, patronales y sindicatos. Es la que afirma que España precisa un cambio de modelo productivo.
Una necesidad que no es nueva, ya que mucho antes de la crisis de 2008 amplios sectores, con más fuerza las Confederaciones Sindicales de CCOO y UGT, apuntaban de su necesidad como condición indispensable para garantizar la generación de riqueza, el empleo estable y de calidad. Pero en estos años, sobre todo, por la timidez de las políticas públicas y la falta de emprendimiento y visión empresarial nos han dejado muy lejos de conseguirlo. Por lo que ha seguido aumentando, en negativo, la brecha en la intensidad innovadora y la productividad de nuestro país respecto a la media europea.
Ojalá que ahora no perdamos esta ocasión, posiblemente la última y definitiva, oportunidad de modernización del país cuando estamos en plena revolución tecnológica y digital que deberían ser la palanca que impulse, refuerce y amplíe nuestra base industrial y el cambio en nuestra economía. Aunque ya sabemos qué proponer un cambio de modelo productivo es más fácil que hacerlo realidad. Y que nos exigirá grandes esfuerzos colectivos para llevarlo a cabo. Porque sus ventajas no serán automáticas y obligarán a renunciar a rentabilidades económicas y sociales presentes e inmediatas para poder invertir en proyectos y sectores más robustos, resilientes y con mayores potencialidades de competitividad a medio y largo plazo.
Como sabemos que tendremos fomentar un aumento generalizado de nuestra productividad, que nos exige que la innovación, la formación y la cualificación de las personas estén en el centro de las preocupaciones sociales y de las políticas públicas. Y también que nada de ello será posible si a la vez no somos capaces de desprendernos de la vieja y pesada losa que representa las actuales relaciones laborales, más propias de un modelo productivo dominado por empresas y sectores de bajo valor añadido que minusvalora el papel del trabajo y de los trabajadores en la empresa. Exige que nos desprendamos de las viejas formas autocráticas y jerárquicas que aún están presentes en tantas y tantas empresas en España y superemos la malsana temporalidad generalizada y nuestro enfermo mercado de trabajo que hace que los jóvenes sean los principales sacrificados en la pérdida de empleo y en sus condiciones de trabajo.
No construiremos un nuevo modelo productivo sin un nuevo Estatuto de los Trabajadores que responda al mundo del trabajo del Siglo XXI, que promueva un cambio profundo de las viejas bases y filosofía que inspira la gestión y las maneras de trabajar y de relacionarse aún en tantas y tantas empresas de nuestro país. No habrá cambio sin unas nuevas relaciones laborales que ayuden a reconocer que cada persona aporta un valor único y diferencial, que es la base de la motivación para mejorar la cualificación profesional, la innovación y la competitividad. No habrá cambio sin una profunda reforma de la actual estructura y contenido de la negociación colectiva, hoy demasiado débil y segregada. Se necesitan convenios colectivos útiles y robustos que atiendan a las nuevas formas de trabajo, que contengan nuevos derechos de formación permanente, de información y participación de los trabajadores y sus sindicatos sobre la marcha de la empresa y los efectos de su transición tecnológica. Y lo más importante, hay fuerza y conocimientos en los sindicatos y las patronales para afrontar este reto.
Aprovechemos la oportunidad, nunca ha habido en España tanta coincidencia política y social sobre la necesidad de impulsar una transición hacia un nuevo modelo económico guiado por la consecución de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas (ODS). Un nuevo futuro que exige reconocer el valor y la dignidad del trabajo y que las personas y sus maneras de trabajar son el principal factor competitivo de una empresa y un país. No dejemos escapar esta ocasión para humanizar el trabajo y reducir las fuertes desigualdades que hay en las empresas y la sociedad en la distribución del saber y del tener.


martes, 21 de julio de 2020

GOBIERNO PROGRESISTA, CON LA MISMA ESPERANZA


Quim González Muntadas


Ha pasado más de medio año desde que en enero Pedro Sánchez nos presentó a los miembros de su gobierno de coalición. Pocos días después nacía, desde Facebook, la PLATAFORMA de APOYO al PROGRAMA de GOBIERNO PROGRESISTA, con unos 50 promotores del conjunto del Estado, y a la que en pocas semanas se adhirieron más de 5.000 personas de toda España.

Una PLATAFORMA que es el reflejo de las esperanzas que suscitó a millones de personas que sentimos que estamos ante la necesaria oportunidad de abrir un nuevo tiempo de esperanza e ilusión en nuestro país.

La esperanza de un gobierno fiable, solvente y capaz de modernizar y vertebrar una sociedad cada día más plural y diversa. La esperanza de un gobierno se atreva a mirar el mundo tal como es, sin cristales rosas y falsas utopías. Y aún menos con esos cristales de color negro que nos llevan al fatalismo y al conformismo.

La esperanza de un gobierno que vibre con el corazón de tantas personas dispuestas a comprometerse con la justicia, la dignidad social y la igualdad de oportunidades. La esperanza de un gobierno respetuoso con los gobernados y abierto, capaz de asumir que es necesario comprender las muchas incógnitas que la revolución tecnológica y digital nos abre cada día y que están cambiando el mundo y conformando una sociedad casi desconocida.

La esperanza de un gobierno al que le obsesione el alarmante crecimiento de la desigualdad y el empeoramiento de las condiciones de vida de las clases medias y trabajadora. La esperanza de un gobierno que se comprometa a construir un nuevo marco para la regulación de las relaciones laborales acorde con la realidad del mundo del trabajo del siglo XXI. La esperanza de un gobierno que sitúe, de verdad, el valor del trabajo en el centro de la sociedad y que combata la devaluación de salarios y condiciones de trabajo.

La esperanza de un gobierno que sitúe la educación y la cualificación profesional a todos los niveles de la sociedad porque comprenda que son el verdadero motor de la igualdad.

La esperanza de un gobierno valiente para decirle a los ciudadanos y ciudadanas que la educación y la sanidad públicas son y han de ser, ahora y siempre, mejores que las privadas, objetivo para el cual hemos de contribuir en proporción a nuestra renta. De un gobierno que combata el fraude fiscal con todas sus fuerzas.

La esperanza de un gobierno capaz de combinar el autogobierno de nuestras nacionalidades y regiones con la unidad de un Estado con ciudadanos iguales. La esperanza de un gobierno honesto, solvente, que se mantenga muy lejos del populismo y de la demagogia. Qué huya de la retórica nacionalista y del viejo proteccionismo.

La esperanza de un gobierno comprometido con el feminismo, empeñado y comprometido con la igualdad de género.

Y con la esperanza de un gobierno que sepa hacer pedagogía y cumpla lo que promete. Y, por supuesto, con un gobierno que sepa actuar unido.

Esperanzas que siguen vivas después de estos meses excepcionales provocados por la pandemia sanitaria y que nos han hecho vivir lo inesperado e incluso lo inimaginable que algún día nos pudiera suceder. Unos meses en los que la crisis sanitaria ha traído nuevas urgencias y ha recolocado y trastocado muchas de las prioridades contempladas en el Programa de Gobierno. Unos meses que han dado lugar a una nueva realidad y nuevas prioridades para las cuales sin embargo sigue siendo muy necesario y muy útil  el espíritu que llevó a configurar la actual coalición de gobierno. Unos meses que han puesto a prueba al conjunto de la sociedad y a todas y cada una de sus instituciones públicas y privadas. Una nueva etapa en la que se han puesto de manifiesto los verdaderos valores y la valía de cada institución y de cada entidad social, económica y política, de cada gobierno, desde el estatal hasta el municipal, pasando por todos los autonómicos.

Han sido unos duros y difíciles meses que han dado lugar a una nueva realidad que nos exige renovar las esperanzas que encendimos hace unos meses, y con ello activar con fuerza la PLATAFORMA de APOYO al PROGRAMA de GOBIERNO PROGRESISTA, así como todas aquellas iniciativas que sirvan para responder al pesimismo y combatir a los pájaros del mal agüero empeñados en que miremos por sus negros cristales una realidad que si bien está llena de dificultades, también lo está de esperanzas y posibilidades. No para conformarnos en reconstruir lo viejo, sino para construir un país y una sociedad mejor. Porque, visto el comportamiento de algunos en estos meses, el gobierno puede afirmar con toda rotundidad: “Es verdad que estamos mal, pero menos mal que estamos”.