miércoles, 14 de marzo de 2012

Una opinión sindical sobre REPSOL, sobre YPF y sobre el conflicto planteado por el Gobierno argentino


Joaquim González Muntadas | Secretario General de FITEQA CCOO

Los acontecimientos que están sucediendo estos días en Argentina con las iniciativas, o amagos, de nacionalización de YPF REPSOL, abren algunos interesantes, importantes y no solamente teóricos, interrogantes sobre cuál debería ser la posición de un sindicato de clase frente a una tal iniciativa que, sin meditar demasiado las consecuencias, podría calificarse de medida de izquierdas y progresista, ya que estamos hablando de la nacionalización de una empresa. Si aplicáramos el manual clásico, parece que debería provocar el aplauso, mucho más si estamos hablando de una empresa del sector del petróleo, con todas sus connotaciones económicas, sociales, políticas, y casi ideológicas como tienen las petroleras. En todo caso ésta sería, parece, la inercia pseudoideológica. Pero quizás las cosas no sean tan sencillas y conviene preguntarse y analizar qué intereses están en juego, y, también, cuáles son los intereses que organizamos y representamos desde el sindicalismo, y en nuestro caso, desde FITEQA-CCOO; cuáles son los intereses de los trabajadores españoles de Repsol en particular y los de los trabajadores de la industria, más en general, cuál es el interés de la economía del país, de España y también de Argentina. Cuáles son desde la perspectiva de una empresa cada día más “global”, en el marco de una acción sindical también cada día más global, desde la propia Red Sindical creada a precisamente iniciativa sindical española hace ya algunos años.
La siguiente pregunta que entiendo nos deberíamos hacer es cuales son las causas que motivan esta acción política, con las conocidas “amenazas” de nacionalización. Las causas alegadas son confusas, improvisadas, contradictorias incluso con la política del Gobierno Argentino en los últimos años, también en los últimos meses. Unos dicen que responden a impulsos nacionalistas, otros a juegos de disimulo de problemas más profundos. Es evidente que la gestión pública por sí misma no garantiza lo mejor para los ciudadanos en general o para los trabajadores en particular, como hemos podido comprobar cuando la corrupción, el nepotismo o el despotismo, han sido un elemento determinante en esta política pública, para lo que no es necesario marcharse a Corea del Norte, al Túnez de Ben Ali o al Egipto de Mubarak. Desde aquí no nos corresponde especular sobre ello porque no conocemos suficientemente la realidad Argentina para opinar, pero si conocemos que las inversiones realizadas en los últimos años por Repsol, el destino de los beneficios obtenidos, desmienten las razones que se esgrimen para la nacionalización como son las aducidas faltas de compromiso y de inversión de Repsol en Argentina.
La pregunta necesaria es cómo se sitúa el sindicalismo, en este caso español, cuando el bien que supuestamente se pretende expropiar afecta de forma clara al proyecto y al futuro industrial, y con ello también a los trabajadores. Interés de los trabajadores e interés de la economía nacional a la que de manera tan directa puede afectar una empresa energética como es Repsol.
Nos referimos a trabajadores españoles, y también a no españoles, del petróleo. Ésta es la perspectiva en la que entiendo nos deberíamos situar CCOO como sindicato mayoritario que representa los intereses de los cerca de 20.000  trabajadores de Repsol en España y, más allá,  formamos parte de una estructura sindical supranacional en el ámbito de Repsol en América Latina.
FITEQA-CCOO hemos impulsado la Red Sindical Internacional en el marco de esta empresa ya global, estamos avanzando en la definición de intereses sindicales supranacionales y seguimos con mucho interés la actitud de los trabajadores y los sindicatos de YPF, los que en el momento actual argentino están precisamente adoptando las posturas más prudentes en relación con este tema y planteando como prioridad el desarrollo industrial eficaz en la explotación de los recursos naturales de su país.
Los trabajadores de Repsol España tienen conciencia de que son parte de un Grupo Industrial Global y que las tensiones a muchos kilómetros de su puesto de trabajo también afectan de forma directa a sus condiciones de trabajo, tanto presentes como futuras. Así lo vivieron los trabajadores de Repsol en España, con una congelación salarial pactada en su momento por CCOO y UGT para hacer frente a las consecuencias negativas de la crisis económica (el “corralito”) de Argentina. En aquellos momentos difíciles Repsol, con el apoyo de los Sindicatos españoles, lejos de abandonar sus inversiones, cuando posiblemente era la solución más cómoda y como hicieron muchas otras empresas, saneó la estructura financiera de YPF hasta dejarla sin deuda alguna, mantuvo todos los puestos de trabajo y desarrolló una importante política de inversiones que hasta hace bien poco ha sido bendecida por las instituciones públicas argentinas, gobierno central y regionales.
Pero hoy una, quizás la principal, de las razones, de imposible disimulo, que explica el cambio de actitud del gobierno argentino hacia YPF y es el valor extraordinario de la explotación y del futuro desarrollo del descubrimiento realizado por Repsol en Vaca Muerta, que representa un cambio radical para los activos energéticos  de Argentina
La explotación de Vaca Muerta exige enormes inversiones, lo que obliga a Repsol a la búsqueda  de socios e inversores internacionales de primer nivel. Pero la opción de mérito está en que el esfuerzo no debe situarse sólo en el desarrollo y la explotación de los recursos, sino que la gran oportunidad para Argentina consiste en conseguir (y por los instrumentos de información presentes en la relaciones industriales y laborales de este grupo industrial que garantizan un alto nivel de seguimiento de la política de la empresa, me consta que Repsol está comprometida en ello) la creación y desarrollo de una industria auxiliar con altos niveles de innovación, construyendo así un nuevo sector industrial estratégico de la economía argentina, lo que por supuesto es también interés de Repsol YPF.
Otra podría ser la perspectiva si se asumiera la opción que por ejemplo proclaman en un reciente artículo “Ecologistas en acción”, que afirman: “la expropiación sería una buena noticia ya que un Gobierno en un país con una democracia parlamentaria es más susceptible de avanzar hacia el desmantelamiento de empresas públicas contaminantes”. Desde luego nuestra perspectiva, y nos atrevemos a afirmar que lo es asimismo del sindicalismo español y supranacional, también de los trabajadores argentinos de YPF, no es el desmantelamiento de las empresas de la energía, sino una defensa del medioambiente compatible con el desarrollo industrial. 
Por eso creo que Argentina se equivoca por no aprovechar al máximo la voluntad inversora de Repsol, su demostrada capacidad tecnológica, lo que le ha hecho líder mundial en el descubrimiento de nuevos yacimientos y su capacidad para generar alianzas para ese colosal proyecto que es la explotación de Vaca Muerta.
Por otra parte, mas allá de las decisiones políticas que pueda tomar el Gobierno Argentino, están las reglas y leyes internacionales que deben garantizar que cualquier decisión sea negociada en el marco de colaboración que ha presidido las relaciones de Repsol con la República Argentina a lo largo de más de 12 años.
Los actuales acontecimientos y el conflicto provocado por la actitud del Gobierno Argentino entiendo que sobrepasan la dimensión empresarial de Repsol y constituyen una muy mala noticia para la necesaria estabilidad y seguridad de las empresas españolas en la zona, lo que puede derivar en negativas consecuencias económicas para ambas partes. Por todo ello no deberíamos disimular  nuestro apoyo a las gestiones y esfuerzos que el Gobierno Español esta realizando, uniéndolos al llamamiento a la necesidad de huir de formas estridentes o de una sobreactuación teatral que puedan herir sentimientos o alimentar bajas pasiones de nacionalismos, porque no está el horno para bollos, por eso una vez más el camino es diálogo y diplomacia, mucha diplomacia y por supuesto legalidad.