viernes, 3 de abril de 2020

4 DE ABRIL DESDE LA VENTANA DEL HOSPITAL



Quim González Muntadas

Hola amigas y amigos, llegó el viernes 3 de abril que nos ha regalado un cielo radiante, así lo veo desde mi ventana. Ya empieza a apetecer una fría cerveza en la terraza de un bar. Bueno, ya llegará, ahora a conformarse con el litro y medio de agua mineral en vaso de plástico. ¡Ah!, antes que se me olvide, una recomendación para toda persona que un día tenga que ingresar en un hospital. Llévate de casa un juego de cubiertos decentes; los que te dan, de plástico, se rompen a la mínima. Te quedas con la cuchara sin mango y el tenedor sin las cuatro puntas. Estás advertido.

Hoy ha sido un gran día. Me han sacado sangre desde una arteria, ¡coño, duele el pinchazo!, y me han hecho otra vez una placa de los pulmones. El hombretón que traía la inmensa máquina de Rayos X a la habitación, me ha dicho que es mi prueba de reválida porque si sale bien me puede cambiar el día. He querido entender lo mejor en sus palabras. Los resultados de la radiografía y de los análisis los tendrán a primera hora de la tarde, cuando me visitará Anna, la doctora, y escucharé su sentencia.

Observo admirado cómo trabaja el personal sanitario que me está atendiendo. Pienso que la EMPATÍA es la habilidad de entender cómo se siente otra persona. Porque yo, en todo momento me he sentido importante para ellos. He podido sentir, tras diez minutos de charla con Albert, un joven médico en prácticas, el orgullo por su trabajo y la conciencia que tiene de la trascendencia de este momento. Me ha hecho recordar una frase que leí hace muchos años en La Contra, de La Vanguardia, la mejor página, para mí, de la prensa española desde hace décadas. Y en ella un médico famoso afirmaba que su misión era: "curar de vez en cuando, aliviar con frecuencia y consolar siempre.”
Así me he sentido en todo momento en esta habitación, por el trabajo de todas las personas que me han atendido. Los mismos que oigo reír, satisfechos por su trabajo, cada mañana cuando relevan a las 7,30h ya que hacen turnos de 12h.

Son un ejemplo de EMPATÍA, esa actitud que impide ver a los otros como siluetas, como instrumentos para sus fines y obstáculos a apartar. Por esto, ahora en esta crisis sanitaria que estamos viviendo y que golpea duro al conjunto de la sociedad, la EMPATÍA es, también, una virtud política y debe ser un atributo esencial y exigible en los dirigentes políticos, sociales y económicos. Es momento, en medio del dolor y los miedos sobre el qué pasará con la vida y el trabajo de tanta y tanta gente, de desplegar la EMPATÍA necesaria para estrechar los lazos colectivos y de identidad compartida, que nada tienen que ver con los egoístas sentimientos de los nacionalismos. Este virus nos ha mandado el claro mensaje de que la única manera que tenemos de salir es hacer piña, promoviendo el sentimiento de ayuda al prójimo, de sentir que de tus acciones depende la suerte de los que te rodean, y que tú dependes de ellos.
Juan Ramón Jiménez, autor de "Platero y Yo", explicó con especial acierto lo que es la EMPATÍA cuando tuvo que pintar la fachada de su casa y se fue a preguntar al vecino de la casa de enfrente cuál era el color que más le gustaba.

Bueno, amigos y amigas, ya son las cinco de la tarde y me comunican que me dan de alta. Que ya puedo ir a casa, con un sobre con los fármacos que debo tomar cada día. ¡Bien! ¡Bien! Estoy feliz.

Me sacan al pasillo en la camilla para abandonar la planta de confinamiento. Todos los sanitarios de la planta me hacen el paseíllo vitoreando mi nombre con ¡vivas y bravos! acompañados de saltos de alegría y de apasionados aplausos. Les devuelvo los aplausos, con los ojos llenos de lágrimas de emoción y agradecimiento. Veo en sus miradas que sus aplausos hacia mí al darme de alta son el mejor reconocimiento a su compromiso, la prueba evidente que lo que hacen tiene sentido y claros resultados. Aplausos, aplausos, aplausos que son la máxima expresión de EMPATÍA con el enfermo. Solo por este momento, os confieso que casi ha valido la pena pasar estos días en esta habitación.

Y aquí, emocionado, agradecido, cierro la ventana del hospital. Gracias por haberme leído, Gracias por vuestros mensajes y amistad.

Os quiero.