viernes, 1 de febrero de 2019

"Estáis robando el futuro a vuestros hijos"


Joaquim González Muntadas


“Ustedes no son lo suficientemente maduros para decir las cosas como son”. "Nuestra civilización está siendo sacrificada para que unos pocos tengan la oportunidad de seguir haciendo grandes cantidades de dinero” "Ustedes dicen que aman a sus hijos por encima de todo, sin embargo, les están robando su futuro ante sus propios ojos”. Esas duras y directas palabras son parte del discurso de tres minutos que una joven sueca de 15 años, Greta Thunberg, hizo explotar en las narices de los participantes de 200 países presentes en  la cumbre del clima de la ONU 2018 celebrada en Katowice (Polonia).

Este mensaje se convirtió en la noticia  y el momento más relevante y viral de la cumbre. Las duras palabras de la adolescente sueca se han convertido en una referencia para las nuevas generaciones en la lucha contra el cambio climático. Thunberg cada viernes desde hace más de seis meses, se sienta frente el parlamento de su país, con su mochila y una pancarta con el mensaje  "huelga escolar por el cambio climático”.

Viendo la respuesta que ya está teniendo en algunos países europeos o en Australia, podemos afirmar que la acción de Greta Thunbergque  ha prendido en los chicos y chicas de su generación y que es probable que no tardamos en asistir a movilizaciones tan globales como las vividas en los últimos años en torno a lucha  por los derechos de la mujer impulsados por el movimiento feminista entorno al 8 de Marzo.

Unos primeros ejemplos de esta movilización global son las importantes manifestaciones de escolares en Berlin, Amsterdam,  Viena o la movilización que, cada jueves desde hace cuatro semanas, miles de escolares venidos en tren desde toda Bélgica, se manifiestan ante el Parlamento Europeo. Según los datos de la policía, primero fueron 1.000, el segundo jueves 3.000, el siguiente 13.000, y el pasado jueves 35.000.

Lo más sorprendente de este movimiento de los jueves por el cambio climático es que está impulsado por la iniciativa individual de otra joven estudiante belga, Anuna de Wever, de 17 años. Motivada por el mensaje de Greta Thunbergque, decidió grabar un vídeo llamando a los chicos y chicas de su generación a la huelga escolar por el clima, y se hizo viral en las redes sociales.

Las consecuencias de este movimiento están por ver, pero sabemos del evidente desconcierto y la sorpresa de los dirigentes políticos, económicos y sociales ante este estallido de descontento generacional de dimensiones hoy imprevisibles. Una primera reacción es el anuncio del gobierno belga de su intención de incluir con más fuerza este tema en su agenda de prioridades políticas y una primera autocrítica,  reconociendo que quizás hasta ahora no hayan hecho lo suficiente.

Europa entera está bastante sorprendida de que hayan sido los más jóvenes quienes hayan tomado las riendas de esta lucha ecologista. Estamos frente un movimiento  con movilizaciones muy específicas e impulsadas por la generación “Centennials” que en algunos países, donde la realidad del empleo, en particular el empleo juvenil,  está en mejores condiciones que en el nuestro, su principal preocupación, incluso por delante del acceso al empleo y a la calidad del sistema educativo, es el medio ambiente.

Un movimiento que expresa con claridad las decepciones compartidas por estas chicas y chicos en una interesante reflexión escrita de Eduardo Madina que leí hace un par de años, donde citaba al novelista y periodista austríaco, Josep Roth  (1894-1939). Venía a decir que la verdadera patria es la generación en la que vives. Que ninguna patria política da a sus hijos tantos rasgos comunes como una época a los suyos. Una idea que abre una interesante reflexión en unos tiempos donde tantos sectores apelan constante y exageradamente a las patrias y las banderas, cuando se defienden identidades comunes construidas por el solo hecho de haber nacido o vivir en un lugar determinado.

Esperemos que más allá de las fronteras y las banderas, la patria común de las nuevas generaciones, sea la misma que la de estas mujeres de 16 a 18 años,  Anuna  de Wever, Kyra Gantois, Adelaide Charlier, Greta Tunberg...etc, que a su manera están removiendo y revolucionado la  sociedad.



jueves, 20 de diciembre de 2018

Intervención de Quim González Muntadas en el 40 Aniversario del Convenio General de la Industria Química




19 de diciembre de 2018  MINISTERIO DE TRABAJO,  MADRID

Quiero dedicar estas palabras a Salvador López, recientemente fallecido, como reconocimiento a su persona, a su militancia sindical. Y hoy especialmente a su trabajo y protagonismo desde la primera línea en la construcción, negociación y aplicación del Convenio General de la Industria Química.  Gracias Salva por tu inteligencia, honestidad y capacidad de trabajo, que están reflejadas en cada uno de los artículos de este convenio colectivo. Gracias Salva.

Hace ahora cuarenta años, en el inicio de la normalización democrática de nuestro país y al calor de los Pactos de la Moncloa y del debate constitucional, unos jóvenes sindicalistas y no menos jóvenes dirigentes empresariales decidimos no seguir la inercia de la arquitectura y la estructura de la negociación colectiva heredada del franquismo. Decidimos innovar creando un convenio colectivo de nueva planta con la voluntad de cambiar los viejos ámbitos, materias, formas y maneras de negociación.
Aspirábamos responder a las exigencias de un nuevo tiempo económico y político. A los nuevos tiempos de libertades políticas y, con ellas de libertad sindical. Queríamos crear unas relaciones laborales más parecidas a la realidad de otros países europeos.

Era una empresa arriesgada, sin duda, ya que ni unos ni otros, ni la patronal ni los sindicatos, teníamos referencias pasadas de relaciones laborales en democracia.  Sobre todo porque éramos conscientes que representaba una ruptura radical, disruptiva como se dice ahora, del viejo modelo de relaciones laborales del viejo vertical.

Han pasado cuatro décadas en las que se han vivido periodos, por suerte la gran mayoría, de fuerte unidad sindical entre CCOO y UGT. También de graves diferencias superadas gracias a que salieron en nuestra ayuda la generosidad y la inteligencia. Por ello sigue existiendo este convenio, de lo contrario ya estaría enterrado hace años y para siempre. También, pido disculpas a FEIQUE por entrar en su terreno, pero también las patronales de la Industria Química han vivido severas y profundas discrepancias en en determinados momentos de la vida de este convenio.  Pero que ha sabido superar con una formula tan sencilla como es la disciplina de la democracia tras un votación, algo nada habitual en la cultura de las patronales de nuestro país, que por norma resuelven sus diferencia con el bloqueo, lo que, de haber prosperado aquí hubiera también  enterrado este convenio.


Quizás han sido las muchas dificultades vividas en su creación, negociación y aplicación las que le dan más mérito a este convenio, digamos, tan “particular”, por no decir “extraño”, incluso hay quienes lo califican de “estrafalario”, en el mundo de las relaciones laborales de nuestro país.

A veces, repasando en frio las dificultades evidentes que existían para su creación he pensado que el CGIQ es cómo el abejorro. Ya sabéis: “ese animal que está demostrado que aerodinámicamente, por su tamaño, peso y cuerpo… es imposible que pueda volar. Pero la realidad  es que vuela. Igual es porque él no es consciente de  esas dificultades que vuela.”

Pues creo que a nosotros nos sucedió algo parecido. Un análisis racional no era la Industria Química el sector más lógico para emprender la arriesgada empresa de modernizar su negociación colectiva y adecuarla a la nueva realidad económica, empresarial y sindical.

Pero fue la química, a pesar de nuestras debilidades evidentes para poder responder con solvencia al reto de negociar y aplicar un convenio de estas dimensiones a los 300.000 trabajadores que en aquellos tiempos había en nuestra industria en todo el país. Teníamos fuerza de combate y capacidad de movilización, porque sin ellas el CGIQ no existiría. Pero carecíamos de estructura y de recursos para gestionarlo. No los teníamos. Ni los sindicatos CCOO y UGT, ni tampoco FEIQUE.

El convenio exigía recursos y estructura para su aplicación en los centros de trabajo, ya que una de las novedades del este convenio era el cambio importante en la función de los sindicatos, porque ésta no finalizaba con su publicación en el BOE. Muy al contrario, ahí empezaba. Ahí estaba la novedad y la complejidad de la MSB, la nueva clasificación profesional que enterraba las viejas categorías sustituyéndolas por grupos profesionales, la congelación de la antigüedad, la conversión en salario fijo de decenas de pluses de asistencia, puntualidad y todos los voluntarios, lo que representó un cambio radical en la hoja de salarios, etc, etc

Pero sobre todo era imprescindible la nueva estructura sindical, porque el convenio desde su inicio está pensado con una nueva mirada en relación al protagonismo del sindicato en la empresa, con nuevas competencias y derechos para su acción sindical. No olvidemos que estamos hablando de una iniciativa siete años antes de la publicación de la Ley Orgánica 11/1985, de 2 de agosto, de Libertad Sindical, y el CGIQ anticipo no pocos artículos de esta Ley.

Pero creo que lo afrontamos así porque fuimos conscientes, como se demostró con el tiempo, que es cierta la teoría de Jean-Baptiste Lamarck, aquel naturalista francés que dejo escrito que “la función crea el órgano y la necesidad la función”. Y así fue, el convenio necesitaba unas organizaciones fuertes, organizadas y disciplinadas y precisamente esa necesidad fue el mejor acicate para avanzar en este objetivo.

Creo que podríamos afirmar, al menos yo estoy convencido de ello, que nunca FEIQUE, ni tampoco las dos federaciones sindicales de CCOO y UGT, hubieran sido lo que han sido durante estos cuarenta años sin el CGIQ. Porque, además de haberles dado sentido, nos ha exigido demandas y retos mayores que en otros sectores, retos a los que hemos tenido que responder y que explican, en gran medida, mucha de las particularidades de estas tres organizaciones tanto en el mundo empresarial, como sindical.

Pero en el fondo, ¿dónde está el valor real y práctico del CGIQ, me han preguntado muchas veces?

Mi respuesta siempre ha sido la misma: en su utilidad a las empresas y a los trabajadores y trabajadoras del sector  y que la convierte precisamente en una potente arma de presión tanto a a patronal, como a los sindicatos a la hora de su negociación. La presión de la necesidad de mantenerlo y de cuidarlo para que siga siendo útil.

Digo esto porque no han sido pocas las ocasiones que dentro de mi sindicato he oído críticas porque hacía muchos años que no se hacían huelgas en las negociaciones de este convenio colectivo. Y siempre he respondido con lo que aprendí en la conversación que tuve sobre la negociación colectiva con un dirigente sindical del la Federación Sindical IG Química alemana al que hice la misma observación. “Compañero, lleváis décadas  sin convocar huelgas en el sector químico en la negociación de su convenio sectorial” le dije. Su respuesta reconozco que me impacto. “Querido compañero” me contestó, “porque somos fuertes y la patronal lo sabe”.  Y siguió: “sólo los pobres tienen que estar extendiendo cheques para demostrar o aparentar que son ricos. A nosotros, la IG Química, no nos hace falta convocar y hacer huelga en cada negociación. La patronal ya sabe que tenemos fuerza para hacerla. Es precisamente esa fuerza la que está presente permanentemente en la mesa de negociación. Y cuándo lo tenemos que hacer, es que la patronal ha olvidado o desconfía de nuestra fuerza”.

FEIQUE siempre ha sabido que en este sector CCOO y UGT son fuertes y representativos en las empresas del sector. Y estos que FEIQUE es una patronal organizada y disciplinada. Y sobre todo ambos, patronal y sindicatos, que una negociación cooperativa sienpores precisa de un equilibrio de fuerzas e intereses razonable. 

Durante estos cuarenta años las dos partes han sido conscientes de que el convenio debe expresar los salarios y condiciones de trabajo reales de las decenas de miles de trabajadores y trabajadoras afectados. Y debe también responder a los cambios constantes en la industria y el trabajo. Han sido conscientes de que el día que deje de ser útil o se rompa el razonable equilibrio de intereses no habrá fuerza capaz de mantenerlo vivo. Por esto, en mi opinión, algunos aspectos de la última Reforma Laboral han supuesto una dificultad añadida a la filosofía de este convenio porque claramente debilita el necesario equilibro. Precisamente en un convenio colectivo como éste que en toda su historia ha demostrado su voluntad de defender la “autonomía colectiva”. O sea la defensa del poder conjunto de decisión de los representantes de los trabajadores y de los empresarios a través de la negociación colectiva, como ha demostrado, negociación tras negociación, con su contenido.

Y unas palabras aún para acabar y buscar la moraleja. Hemos oído y leído muchas veces que este Convenio puede ser un ejemplo muy útil para los cambios y la modernización que precisa la negociación colectiva de este país. Estoy efectivamente convencido de que puede ser un buen testigo ante la difícil situación política y social que vivimos. Un testigo de las ventajas de sumar fuerzas y de compartir objetivos, de las ventajas de poner la fuerza de unos, los más fuertes, para empujar al conjunto. Un testigo en unos tiempos políticos en los que, lamentablemente, prima el agravio comparativo como motor principal de la movilización, la defensa de las diferencias y los espacios particulares.

Por esto es tan necesario seguir trabajando por unas relaciones laborales e industriales maduras, alejadas de radicalidad, demagogia y de populismo.

Así que os deseo, a la patronal y a los dos sindicatos, mucha inteligencia, innovación, valentía, trabajo y, como no, también, un poquito de suerte. 
  
Muchas gracias.

viernes, 7 de septiembre de 2018

EL HERMOSO MENSAJE DE PABLO IGLESIAS E IRENE MONTERO

Joaquím González Muntadas

Director de Ética Organizaciones SL

 

 

 

Gracias Irene Montero y Pablo Iglesias, gracias por el hermoso mensaje que contiene vuestra carta  abierta a la sociedad española, A quienes nos habéis acompañado”, publicada el pasado 3 de septiembre. Pero, sobre todo, gracias por este potente párrafo firmado por dos líderes políticos de especial relevancia de la izquierda política y social en el que nos decís que: ´Enseñaremos a nuestros hijos que sean siempre respetuosos con el que piensa distinto porque la humanidad, la decencia y la amistad no son el patrimonio exclusivo de ninguna causa”.

 

Es éste un mensaje que llevado a la práctica ahora ya, sin esperar a las futuras generaciones, sin duda haría mucho bien a una sociedad como la nuestra, especialmente propensa al sectarismo y al desprecio de las ideas del contrario.

 

Dejó escrito el filósofo Nietzsche que "La forma más segura de corromper al joven es enseñarle a apreciar más a los que piensan como él que a los que piensan de manera diferente. Y es precisamente esta falta de respeto hacia aquellos que piensan diferente, lo que explica muchas de las desgracias de la historia de nuestro país y las malas formas de hacer política, por haber estado contaminadas por el sectarismo que vemos diariamente.

 

Las palabras de Pablo e Irene afirmando que la humanidad y la decencia no son patrimonio exclusivo de ninguna causa son un potente mensaje. Otro gallo nos cantaría si se tradujera en la acción política y social del conjunto de las fuerzas políticas y sociales de nuestro país, empezando, claro está, por la propia organización que ellos dos dirigen y en la que, en no pocas ocasiones, el sectarismo ha estado muy presente en el discurso de sus dirigentes.

 

Otro gallo nos cantaría, porque es precisamente ese sectarismo el que facilita la tan extendida ausencia de autocrítica en la función pública y el que permite ese comportamiento tan común de explicar siempre el fracaso propio desde razones ajenas, endosando, así,  la responsabilidad al otro, como estamos oyendo diariamente. Actitud  que nos impide apreciar y valorar con valentía y sin reservas el éxito de nuestros competidores, siempre sospechosos de todo lo peor y merecedores de las descalificaciones más contundentes.

 

Es ese sectarismo tan presente el que hace que el acuerdo sea una excepción en nuestra práctica política y que genere tantas decepciones y rupturas en las organizaciones. Por el contrario,  el enfrentamiento, la confrontación y el enemigo externo se convierten en el preciado bálsamo para la cohesión interna de las organizaciones, aparentando firmeza cuando la mayoría de las veces no es más que disimulo y miedo a compartir riesgos y también soluciones. 

 

Son los anteojos del sectarismo los que paralizan la inteligencia e impiden la modestia necesaria para afrontar la acción política con eficacia. Los que nos llevan al conmigo o contra mí” que imposibilita ver y atender la compleja realidad que, por suerte, siempre está llena de matices y de grises que van más allá del radical blanco y negro.

 

Como pienso en catalán y escribo estas líneas desde Catalunya, siento aún más el valor y la importancia del mensaje de Irene y Pablo a sus dos hijos Leo y Manuel sobre la necesidad de ser respetuosos con el que piensa distinto”.  Algo que, cada día que pasa, está más ausente en la sociedad catalana, como podemos leer, oír y ver en los comportamientos de instituciones, medios de comunicación, políticos y particulares que desprecian, e incluso ridiculizan, a aquellos que piensan distinto a su verdad.

 

Por esto, ese vamos, vamos, como grito de combate que nos dicen en su carta que tanto han repetido Pablo e Irene a sus dos hijos, también nos lo deberíamos repetir los ciudadanos y ciudadanas para que las reglas de juego en la política sean el respeto a los demás y el desprecio a la prepotencia, al supremacismo y a la superioridad moral que expresan algunos sectores.  Entre otras razones porque es difícil imaginar que la solución a la mayoría de los problemas o conflictos que padecemos hoy la sociedad no venga desde la solidaridad, el diálogo y la suma de esfuerzos.

 

Felicidades a los padres, y mucha suerte a Leo y Manuel.

 

jueves, 31 de mayo de 2018

LA PATRIA OMBLIGO DE QUIM TORRA

Joaquim González Muntadas

Director de Ética Organizaciones SL







"Si somos catalanes es que no podemos ser otra cosa, si somos unos que forman la patria catalana es que no podemos ser parte de otra. Ante la patria toca elegir: tierra, bandera, lengua, historia, formas de vida, humor” Estas rotundas y contundentes frases son parte de un articulo de Quim Torra  publicado en El Món el 8 de septiembre de 2015 con el título Tornar a l’origen: la pàtria dels catalans. 



Rápidamente, después de leer estas frases escritas y firmadas por el actual President de la Generalitat, una de las más inquietantes de su abundante producción, me ha venido  a la memoria un articulo, éste muy distinto, de Joan Subirats, publicado hace ya dos décadas, el 28 julio 1998 en la edición impresa de El País(  artículo que fotocopié y  guardé como una referencia para  recordar por su interesante contenido)   en el que , apuntaba  los riesgos que corren aquellas comunidades que subliman sus elementos diferenciales a costa de reinventarse tradiciones e historias, que si bien pueden dar seguridades a muchos de sus miembros, al final acaban por crear espejismos que no suelen conducir  a un buen final. 



Pero lo que más me interesó de aquel artículo fue la referencia a la conocida metáfora del “viejo aparador” de Ernest Gellner , que al filósofo y antropólogo social,  británico de origen checo, le sirvió para argumentar que las naciones y las patrias no son unidades míticas naturales dadas, sino que,  muy al contrario, son más bien la cristalización de nuevas unidades culturales posibilitadas por la actual sociedad industrial abierta, global y cambiante.   



La metáfora de Gellner compara esa vieja “patria ombligo”, de puros y buenos catalanes, a la que aspira  Quim Torra, con aquellos viejos muebles- aparador, de inmensas dimensiones, de una sola pieza, que no se abandonaban en toda la vida y que servían para todas circunstancias. Aquel armatoste que ocupaba todo el espacio disponible, como la patria de Quim Torra,   donde no caben más identidades y en la que sólo se puede ser catalán y nada más que catalán.



Pero en las sociedades globales actuales, como nos dice la metáfora, la mayoría de las personas somos más comparables a esos muebles modulares, más modernos, que nos vamos armando de diversas identidades e influencias. Más parecidos a esos muebles a los que se les pueden ir sumando piezas y renovando. Más parecidos a un mueble adaptable que a los viejos aparadores que ofrecían la solidez y seguridad de ese patriotismo tradicionalista y conservador que nos propone Quim Torra para Catalunya.



Pero por suerte, muchos catalanes, creo que la gran mayoría, no queremos conformarnos con una sóla identidad cuando podemos disfrutar de varias enriquecidas y complementarias,  porque estamos más cerca del “hombre molecular” que expresa la metáfora de Gellner. La mayoría de los catalanes y catalanas son más parecidos a mi amiga con “ocho apellidos catalanes”, que se siente catalana hasta la medula, mucho más barcelonesa, que en Madrid se siente como en su casa, que el Rioja es su vino  preferido, que cada miércoles va a la academia de baile de sevillanas y que le emocionará tanto si la Selección de Fútbol española gana el Mundial, como cuando el Barça ganó la Champions Ligue.



Porque, por suerte, la mayoría de los catalanes y catalanas estamos  muy lejos  de la “patria ombligo” a la que nos convoca el President de la Generalitat de Catalunya, que entiende que sólo cabe una única interpretación de la identidad, en este caso, la catalana, cuando nos dice : “si somos unos que forman la patria catalana es que no podemos ser parte de otra” que es una síntesis fiel del pensamiento del nacionalismo conservador y tradicionalista,. Una corriente que hoy, por desgracia,  vemos como se  expresa en diferentes formas y colores en tantos lugares de Europa y América. 


sábado, 19 de mayo de 2018

TRES ARTICULOS


¡Fuerza, compañeros y compañeras de Amazon!

 


LUNES, 14 DE MAYO DE 2018

 

Nuestra empresa: “busca la máxima rentabilidad económica, sin importarles las personas trabajadoras”. Nuestra empresa: “somete a la plantilla a métodos de trabajo monitorizados que pretende convertirnos en insensibles máquinas humanas y cada vez precarizan más el empleo”. Nuestra empresa: “abusa de la temporalidad, lo que impide una estabilidad laboral adecuada”.

Nuestra empresa: “usa la renovación del personal temporal como un instrumento de presión sobre la plantilla”.

La realidad que sufrimos es terrible.

En nuestra empresa: “tenemos graves problemas de salud laboral, causados por los altos ritmos de trabajo que la empresa nos obliga a aumentarlos año a año, bajo una presión constante para subir la productividad.

Y en nuestra empresa: “toda la plantilla hemos gritado ¡basta ya!”

 

Estas frases rotundas realizan una denuncia sobre las condiciones de trabajo en las que los  trabajadores  y trabajadoras son tratados desde la insensibilidad y la explotación más allá de los costes en la salud. No se refieren, aunque lo parezcan, a una vieja fabrica metalúrgica taylorista de mediados del pasado siglo. Ni ese grito de: ¡basta ya!,  es el de unas trabajadoras del textil del siglo XIX, ni  tampoco las pronunciadas desde una pequeña empresa, de un sector obsoleto y en crisis profunda.

Muy al contrario, son palabras incluidas en la intervención de Douglas Harper, delegado de CCOO en Amazon, durante el III Encuentro del Activo Sindical de CCOO celebrado en Madrid el 12 de abril de 2018. Son palabras que explican la lucha de los trabajadores y trabajadoras del almacén de Amazon en San Fernando de Henares (Madrid) en defensa de su convenio colectivo y para impedir la perdida de derechos laborales. Son las palabras que explican las razones de la huelga realizada con éxito el 21 y 22 de marzo pasado y la de los días 18 de mayo y 1 de junio convocadas  en la empresa más rentable del mundo, propiedad del hombre más rico de la tierra.

Hablamos de un conflicto por los derechos y la mejora de las condiciones de trabajo en una empresa, innovadora, global y moderna, que ha revolucionado el comercio. En una de las empresas más significativas de la “nueva economía”, donde los trabajadores son llamados socios o colaboradores porque, dicen que ya está superado el viejo conflicto entre trabajo y propiedad y por ello la necesidad de los sindicatos. Pero la cruda realidad nos enseña, más allá de las modernas teorías sobre el futuro del trabajo que llenan tantas paginas y horas de conferencias, que no serán precisamente los robots, ni la inteligencia artificial, ni los algoritmos los nos garantizaran unas condiciones de trabajo menos autoritarias, más abiertas, más participativas, más justas, más seguras y humanizadas.

La huelga en Amazon de San Fernando (Madrid) o las realizadas, hace seis meses, en los centros de distribución de Amazon en Alemania e Italia, nos recuerdan que los problemas de los trabajadores responden a las mismas o muy parecidas preocupaciones, exigencias y reivindicaciones laborales de siempre. Como también, que la afiliación, la acción, la unidad  y lucha sindical seguirá siendo tanto o más necesaria que nunca en la nueva economía y en una empresa global como Amazon. Aunque ello exige al sindicalismo nuevos esfuerzos y nuevas formas para garantizar la imprescindible acción global y coordinada entre los sindicatos de los diversos centros de trabajo en España y de Europa. Para poder  responder e impedir que esa nueva “brica inteligente” del futuro, al final no acabe siendo, por la avaricia de sus dueños y gestores,  la “fábrica estúpida” e injusta para sus trabajadores y trabajadoras, donde el trabajo pierde toda consideración y valor social.

Esperemos que la lucha de los trabajadores y trabajadoras de Amazon nos demuestre, una vez más en la historia,  que por muy grande y poderosa que sea una empresa, como es  en este caso,  sean  más  fuertes las razones de sus trabajadores y trabajadoras cuando  hay unidad sindical y solidaridad. Así que: ¡Fuerza, compañeros y compañeras de Amazon!

 

 

 



CCOO Y UGT, el riesgo de ser instrumentalizados por el procés

 

miércoles, 2 de mayo de 2018

 
Desde el principio quiero aclarar que mi opinión sobre la actividad y el papel de los sindicatos no es neutral, ni probablemente objetiva. Estoy afiliado a CCOO y he formado parte de sus órganos de dirección en todos sus niveles, desde el ámbito de una comarca, el Valles Occidental (Catalunya), hasta la Secretaria General de una de las federaciones estatales de industria de este sindicato. Me siento parte de los éxitos, fracasos, aciertos y errores que el sindicalismo confederal de CCOO y UGT pueda haber cosechado durante varias décadas. 

Como en todas las organizaciones y colectivos, la historia del sindicalismo en España ha tenido momentos y periodos más exitosos que otros. Momentos en los que los y las sindicalistas hemos recibido unas veces el reconocimiento y el elogio mayoritario de la sociedad por nuestra función y acción, mientras en otras la crítica,  incluso a veces un ataque furibundo con el claro objetivo de encerrarnos en el baúl de los recuerdos. Pero podemos afirmar que no lo han conseguido, por suerte para la clase trabajadora y para la democracia. 

CCOO y UGT, como toda obra humana, han tenido y tendrán sus luces y sombras. Han vivido y vivirán éxitos, y también fracasos, aunque éstos pueden dejar de serlo si se corrigen a tiempo y de ellos se aprende para mejorar. En esta línea hemos podido ver hace unas semanas cómo afiliados y afiliadas de ambos sindicatos, hemos expresado, la gran mayoría en privado, nuestro desacuerdo con que nuestro sindicato se hayan comprometido en la convocatoria de la manifestación celebrada en Barcelona el pasado 15 de abril convocada por L’Espai Convivència i Democràcia. Lo considerábamos un error importante.  

Muchos afiliados y afiladas de CCOO y UGT hemos sentido la incomodidad de que las siglas de nuestro sindicato sirvieran para reforzar la estrategia del secesionismo, que pretende presentar el conflicto que estamos padeciendo en Catalunya como la batalla de unos  demócratas, ellos, frente a los no demócratas, todos los demás. Tuvimos las sensación de que nuestro sindicato era el “paga Fantas” de una fiesta muy alejada de representar la pluralidad de su afiliación, que por suerte es amplia en relación a las opciones políticas, ideológicas, religiosas, etc. etc. Y también plural en cuanto a la afirmación  identitaria, tan presente hoy por desgracia en la sociedad catalana, una deriva que el sindicalismo ha aprendido a lo largo de la historia que nunca ha aportado nada bueno y sí muchas desgracias para la clase trabajadora.

Catalunya vive una realidad compleja, donde la política de las esencias ha invadido año tras año todo el espacio político, social, institucional y asociativo las 24 horas del día y los siete días de la semana. Parece que se hayan bloqueado todas las neuronas de la sociedad, invadidas por una realidad cada día más sectaria y preñada de emociones, de signos y gestos, de ilusiones imposibles, de fantasías, lo que ha conseguido romper o poner en crisis a la mayoría de las organizaciones sociales, políticas, de las entidades e instituciones catalanas. El sindicalismo debería intentar evitarlo con todas sus fuerzas. 

Sabemos también, y precisamente éste es también el discurso público en estos últimos días de los máximos dirigentes de CCOO y UGT de Catalunya, que para superar esta situación necesitamos toneladas de tolerancia, de dialogo y de moderación. Y el sindicalismo podría y debería ser un agente fundamental para construir esos puentes tan necesarios. 

Pero, para conseguirlo, también sabemos que es imprescindible preservar ese bien tan esencial que es la autonomía sindical, y evitar el riesgo, siempre presente, de ser instrumentalizados. Algo que precisamente bastantes afiliados de CCOO y UGT percibimos ese 15 de Abril de 2018, aunque la mayoría pudiéramos compartir nuestro radical desacuerdo con la situación que están viviendo los nueve dirigentes políticos en la cárcel. Pero en absoluto nos sentimos representados por ese mar de color amarillo  ni con al grito de “¡Puigdemont President!”. 

Esperemos que ambos sindicatos, también en Catalunya, consigan desde su autonomía, como subraya, acertadamente, la DECLARACIÓN DE CCOO Y UGT ANTE LA NUEVA COYUNTURA CATALANA 11 de Abril de 2018, ser un actor principal en: “la recuperación de espacios de convivencia social y normalización política, en Catalunya y en España” y superar  todas las dudas creadas por situaciones como la vivida el pasado 15 de abril. 

 

 

VIVA EL 1º de MAYO! AFILIACIÓN SINDICAL MÁS QUE NUNCA

 


miércoles, 25 de abril de 2018
 

La grave crisis económica que hemos padecido, remachada con la nefasta Reforma Laboral del Partido Popular, ha conseguido fundir muchas de las bombillas necesarias para realizar la acción sindical en los centros de trabajo. Nuevas sombras que se perciben en las dificultades y el debilitamiento que durante estos últimos años padece la negociación colectiva y la acción sindical en la empresa, y que contrasta con la mayor claridad que percibimos en la movilización social en nuestras plazas y calles tantas veces llenas. Una movilización social convocada en ocasiones por plataformas, colectivos de afectados o mareas y, por supuesto, también, en la mayoría de las ocasiones,  por CCOO y UGT. 

Pero esa luz, o el resplandor que a veces provocan, o incluso deslumbran, las importantes movilizaciones en la calle, no nos deberían hacer olvidar que, para la función propia del sindicalismo, que nadie puede sustituir, la calle no es suficiente. Porque, guste o no, muchos de los problemas de la clase trabajadora, en particular aquellos relacionados con el puesto y condiciones de trabajo (salario, las políticas de igualdad, futuro profesional, formación, etc.), siempre se han disputado y se disputarán en los centros de trabajo. Y en la negociación colectiva. 

Es urgente poner el foco, ante los cambios en la gestión de las empresas y de las condiciones de trabajo, en el preocupante incremento de los accidentes de trabajo, en las cada día mayores diferencias salariares entre colectivos, en los abusos y discriminación de derechos a los jóvenes y las nuevas contrataciones. Poner el foco sobre los efectos que representa la digitalización sobre las nuevas formas de organización del trabajo, los tipos de contratos y las necesidades de formación. Sobre la lucha por la igualdad de género, etc. Objetivos y batallas que además de reclamar leyes y normas, precisan de la imprescindible fuerza, iniciativa, organización y afiliación sindical en los centros de trabajo.

Urge afiliar y organizar en los centros de trabajo, precisamente y con más motivo cuando percibe que hay poca luz en muchos de ellos. Porque no será sólo con las plazas de los pueblos llenas con lo que el sindicalismo podrá responder a su función de representar y defender a los trabajadores y trabajadoras. Aunque hoy oigamos y leamos teorías del mundo de la izquierda, que afirman que la función del sindicalismo ha cambiado, que hoy la acción sindical en la empresa es el pasado, que todo pasa por la acción sociopolítica, y que por ello la función principal del sindicalismo de clase está en construir alianzas con todo lo que se mueve, aunque tenga que disimular sus siglas, sus banderas y su personalidad.  

Pero la realidad es que el sindicalismo, ahora más que nunca, precisa articular una ofensiva, casi tan potente en medios y esfuerzos como los desarrollados en todas las movilización generales para incrementar los niveles de afiliación y reforzar la acción sindical en las empresas y sectores. Un objetivo, indudablemente más difícil porque precisa de algo más que eslóganes y redes sociales. Porque exige propuestas, alternativas, negociación y resultados. Pero ahí está también y, principalmente, el papel del sindicalismo, si no quiere hacer lo que el personaje de esta metáfora:

 

Un hombre buscaba afanosamente algo alrededor de una farola. Un transeúnte pasó junto a él y se detuvo a contemplarlo. No pudo por menos que preguntar:

— ¿Qué se le ha perdido?, ¿qué busca Vd.?

Sin dejar de gemir, el hombre, con la voz entrecortada por los sollozos, pudo responder a duras penas:

— Busco mi anillo que he perdido en mi casa, pero, como allí no hay luz, he venido a buscarlo junto a este farol.

 

Como el hombre que no encontró su anillo en la calle que estaba más iluminada, el sindicalismo en España tampoco encontrará plenamente su función sólo en la calle, si no consigue también, y el 1º de Mayo es siempre una buena ocasión para recordarlo, más afiliación y mayor poder en la empresa. ¡VIVA EL 1º DE MAYO!