jueves, 31 de mayo de 2018

LA PATRIA OMBLIGO DE QUIM TORRA

Joaquim González Muntadas

Director de Ética Organizaciones SL







"Si somos catalanes es que no podemos ser otra cosa, si somos unos que forman la patria catalana es que no podemos ser parte de otra. Ante la patria toca elegir: tierra, bandera, lengua, historia, formas de vida, humor” Estas rotundas y contundentes frases son parte de un articulo de Quim Torra  publicado en El Món el 8 de septiembre de 2015 con el título Tornar a l’origen: la pàtria dels catalans. 



Rápidamente, después de leer estas frases escritas y firmadas por el actual President de la Generalitat, una de las más inquietantes de su abundante producción, me ha venido  a la memoria un articulo, éste muy distinto, de Joan Subirats, publicado hace ya dos décadas, el 28 julio 1998 en la edición impresa de El País(  artículo que fotocopié y  guardé como una referencia para  recordar por su interesante contenido)   en el que , apuntaba  los riesgos que corren aquellas comunidades que subliman sus elementos diferenciales a costa de reinventarse tradiciones e historias, que si bien pueden dar seguridades a muchos de sus miembros, al final acaban por crear espejismos que no suelen conducir  a un buen final. 



Pero lo que más me interesó de aquel artículo fue la referencia a la conocida metáfora del “viejo aparador” de Ernest Gellner , que al filósofo y antropólogo social,  británico de origen checo, le sirvió para argumentar que las naciones y las patrias no son unidades míticas naturales dadas, sino que,  muy al contrario, son más bien la cristalización de nuevas unidades culturales posibilitadas por la actual sociedad industrial abierta, global y cambiante.   



La metáfora de Gellner compara esa vieja “patria ombligo”, de puros y buenos catalanes, a la que aspira  Quim Torra, con aquellos viejos muebles- aparador, de inmensas dimensiones, de una sola pieza, que no se abandonaban en toda la vida y que servían para todas circunstancias. Aquel armatoste que ocupaba todo el espacio disponible, como la patria de Quim Torra,   donde no caben más identidades y en la que sólo se puede ser catalán y nada más que catalán.



Pero en las sociedades globales actuales, como nos dice la metáfora, la mayoría de las personas somos más comparables a esos muebles modulares, más modernos, que nos vamos armando de diversas identidades e influencias. Más parecidos a esos muebles a los que se les pueden ir sumando piezas y renovando. Más parecidos a un mueble adaptable que a los viejos aparadores que ofrecían la solidez y seguridad de ese patriotismo tradicionalista y conservador que nos propone Quim Torra para Catalunya.



Pero por suerte, muchos catalanes, creo que la gran mayoría, no queremos conformarnos con una sóla identidad cuando podemos disfrutar de varias enriquecidas y complementarias,  porque estamos más cerca del “hombre molecular” que expresa la metáfora de Gellner. La mayoría de los catalanes y catalanas son más parecidos a mi amiga con “ocho apellidos catalanes”, que se siente catalana hasta la medula, mucho más barcelonesa, que en Madrid se siente como en su casa, que el Rioja es su vino  preferido, que cada miércoles va a la academia de baile de sevillanas y que le emocionará tanto si la Selección de Fútbol española gana el Mundial, como cuando el Barça ganó la Champions Ligue.



Porque, por suerte, la mayoría de los catalanes y catalanas estamos  muy lejos  de la “patria ombligo” a la que nos convoca el President de la Generalitat de Catalunya, que entiende que sólo cabe una única interpretación de la identidad, en este caso, la catalana, cuando nos dice : “si somos unos que forman la patria catalana es que no podemos ser parte de otra” que es una síntesis fiel del pensamiento del nacionalismo conservador y tradicionalista,. Una corriente que hoy, por desgracia,  vemos como se  expresa en diferentes formas y colores en tantos lugares de Europa y América. 


sábado, 19 de mayo de 2018

TRES ARTICULOS


¡Fuerza, compañeros y compañeras de Amazon!

 


LUNES, 14 DE MAYO DE 2018

 

Nuestra empresa: “busca la máxima rentabilidad económica, sin importarles las personas trabajadoras”. Nuestra empresa: “somete a la plantilla a métodos de trabajo monitorizados que pretende convertirnos en insensibles máquinas humanas y cada vez precarizan más el empleo”. Nuestra empresa: “abusa de la temporalidad, lo que impide una estabilidad laboral adecuada”.

Nuestra empresa: “usa la renovación del personal temporal como un instrumento de presión sobre la plantilla”.

La realidad que sufrimos es terrible.

En nuestra empresa: “tenemos graves problemas de salud laboral, causados por los altos ritmos de trabajo que la empresa nos obliga a aumentarlos año a año, bajo una presión constante para subir la productividad.

Y en nuestra empresa: “toda la plantilla hemos gritado ¡basta ya!”

 

Estas frases rotundas realizan una denuncia sobre las condiciones de trabajo en las que los  trabajadores  y trabajadoras son tratados desde la insensibilidad y la explotación más allá de los costes en la salud. No se refieren, aunque lo parezcan, a una vieja fabrica metalúrgica taylorista de mediados del pasado siglo. Ni ese grito de: ¡basta ya!,  es el de unas trabajadoras del textil del siglo XIX, ni  tampoco las pronunciadas desde una pequeña empresa, de un sector obsoleto y en crisis profunda.

Muy al contrario, son palabras incluidas en la intervención de Douglas Harper, delegado de CCOO en Amazon, durante el III Encuentro del Activo Sindical de CCOO celebrado en Madrid el 12 de abril de 2018. Son palabras que explican la lucha de los trabajadores y trabajadoras del almacén de Amazon en San Fernando de Henares (Madrid) en defensa de su convenio colectivo y para impedir la perdida de derechos laborales. Son las palabras que explican las razones de la huelga realizada con éxito el 21 y 22 de marzo pasado y la de los días 18 de mayo y 1 de junio convocadas  en la empresa más rentable del mundo, propiedad del hombre más rico de la tierra.

Hablamos de un conflicto por los derechos y la mejora de las condiciones de trabajo en una empresa, innovadora, global y moderna, que ha revolucionado el comercio. En una de las empresas más significativas de la “nueva economía”, donde los trabajadores son llamados socios o colaboradores porque, dicen que ya está superado el viejo conflicto entre trabajo y propiedad y por ello la necesidad de los sindicatos. Pero la cruda realidad nos enseña, más allá de las modernas teorías sobre el futuro del trabajo que llenan tantas paginas y horas de conferencias, que no serán precisamente los robots, ni la inteligencia artificial, ni los algoritmos los nos garantizaran unas condiciones de trabajo menos autoritarias, más abiertas, más participativas, más justas, más seguras y humanizadas.

La huelga en Amazon de San Fernando (Madrid) o las realizadas, hace seis meses, en los centros de distribución de Amazon en Alemania e Italia, nos recuerdan que los problemas de los trabajadores responden a las mismas o muy parecidas preocupaciones, exigencias y reivindicaciones laborales de siempre. Como también, que la afiliación, la acción, la unidad  y lucha sindical seguirá siendo tanto o más necesaria que nunca en la nueva economía y en una empresa global como Amazon. Aunque ello exige al sindicalismo nuevos esfuerzos y nuevas formas para garantizar la imprescindible acción global y coordinada entre los sindicatos de los diversos centros de trabajo en España y de Europa. Para poder  responder e impedir que esa nueva “brica inteligente” del futuro, al final no acabe siendo, por la avaricia de sus dueños y gestores,  la “fábrica estúpida” e injusta para sus trabajadores y trabajadoras, donde el trabajo pierde toda consideración y valor social.

Esperemos que la lucha de los trabajadores y trabajadoras de Amazon nos demuestre, una vez más en la historia,  que por muy grande y poderosa que sea una empresa, como es  en este caso,  sean  más  fuertes las razones de sus trabajadores y trabajadoras cuando  hay unidad sindical y solidaridad. Así que: ¡Fuerza, compañeros y compañeras de Amazon!

 

 

 



CCOO Y UGT, el riesgo de ser instrumentalizados por el procés

 

miércoles, 2 de mayo de 2018

 
Desde el principio quiero aclarar que mi opinión sobre la actividad y el papel de los sindicatos no es neutral, ni probablemente objetiva. Estoy afiliado a CCOO y he formado parte de sus órganos de dirección en todos sus niveles, desde el ámbito de una comarca, el Valles Occidental (Catalunya), hasta la Secretaria General de una de las federaciones estatales de industria de este sindicato. Me siento parte de los éxitos, fracasos, aciertos y errores que el sindicalismo confederal de CCOO y UGT pueda haber cosechado durante varias décadas. 

Como en todas las organizaciones y colectivos, la historia del sindicalismo en España ha tenido momentos y periodos más exitosos que otros. Momentos en los que los y las sindicalistas hemos recibido unas veces el reconocimiento y el elogio mayoritario de la sociedad por nuestra función y acción, mientras en otras la crítica,  incluso a veces un ataque furibundo con el claro objetivo de encerrarnos en el baúl de los recuerdos. Pero podemos afirmar que no lo han conseguido, por suerte para la clase trabajadora y para la democracia. 

CCOO y UGT, como toda obra humana, han tenido y tendrán sus luces y sombras. Han vivido y vivirán éxitos, y también fracasos, aunque éstos pueden dejar de serlo si se corrigen a tiempo y de ellos se aprende para mejorar. En esta línea hemos podido ver hace unas semanas cómo afiliados y afiliadas de ambos sindicatos, hemos expresado, la gran mayoría en privado, nuestro desacuerdo con que nuestro sindicato se hayan comprometido en la convocatoria de la manifestación celebrada en Barcelona el pasado 15 de abril convocada por L’Espai Convivència i Democràcia. Lo considerábamos un error importante.  

Muchos afiliados y afiladas de CCOO y UGT hemos sentido la incomodidad de que las siglas de nuestro sindicato sirvieran para reforzar la estrategia del secesionismo, que pretende presentar el conflicto que estamos padeciendo en Catalunya como la batalla de unos  demócratas, ellos, frente a los no demócratas, todos los demás. Tuvimos las sensación de que nuestro sindicato era el “paga Fantas” de una fiesta muy alejada de representar la pluralidad de su afiliación, que por suerte es amplia en relación a las opciones políticas, ideológicas, religiosas, etc. etc. Y también plural en cuanto a la afirmación  identitaria, tan presente hoy por desgracia en la sociedad catalana, una deriva que el sindicalismo ha aprendido a lo largo de la historia que nunca ha aportado nada bueno y sí muchas desgracias para la clase trabajadora.

Catalunya vive una realidad compleja, donde la política de las esencias ha invadido año tras año todo el espacio político, social, institucional y asociativo las 24 horas del día y los siete días de la semana. Parece que se hayan bloqueado todas las neuronas de la sociedad, invadidas por una realidad cada día más sectaria y preñada de emociones, de signos y gestos, de ilusiones imposibles, de fantasías, lo que ha conseguido romper o poner en crisis a la mayoría de las organizaciones sociales, políticas, de las entidades e instituciones catalanas. El sindicalismo debería intentar evitarlo con todas sus fuerzas. 

Sabemos también, y precisamente éste es también el discurso público en estos últimos días de los máximos dirigentes de CCOO y UGT de Catalunya, que para superar esta situación necesitamos toneladas de tolerancia, de dialogo y de moderación. Y el sindicalismo podría y debería ser un agente fundamental para construir esos puentes tan necesarios. 

Pero, para conseguirlo, también sabemos que es imprescindible preservar ese bien tan esencial que es la autonomía sindical, y evitar el riesgo, siempre presente, de ser instrumentalizados. Algo que precisamente bastantes afiliados de CCOO y UGT percibimos ese 15 de Abril de 2018, aunque la mayoría pudiéramos compartir nuestro radical desacuerdo con la situación que están viviendo los nueve dirigentes políticos en la cárcel. Pero en absoluto nos sentimos representados por ese mar de color amarillo  ni con al grito de “¡Puigdemont President!”. 

Esperemos que ambos sindicatos, también en Catalunya, consigan desde su autonomía, como subraya, acertadamente, la DECLARACIÓN DE CCOO Y UGT ANTE LA NUEVA COYUNTURA CATALANA 11 de Abril de 2018, ser un actor principal en: “la recuperación de espacios de convivencia social y normalización política, en Catalunya y en España” y superar  todas las dudas creadas por situaciones como la vivida el pasado 15 de abril. 

 

 

VIVA EL 1º de MAYO! AFILIACIÓN SINDICAL MÁS QUE NUNCA

 


miércoles, 25 de abril de 2018
 

La grave crisis económica que hemos padecido, remachada con la nefasta Reforma Laboral del Partido Popular, ha conseguido fundir muchas de las bombillas necesarias para realizar la acción sindical en los centros de trabajo. Nuevas sombras que se perciben en las dificultades y el debilitamiento que durante estos últimos años padece la negociación colectiva y la acción sindical en la empresa, y que contrasta con la mayor claridad que percibimos en la movilización social en nuestras plazas y calles tantas veces llenas. Una movilización social convocada en ocasiones por plataformas, colectivos de afectados o mareas y, por supuesto, también, en la mayoría de las ocasiones,  por CCOO y UGT. 

Pero esa luz, o el resplandor que a veces provocan, o incluso deslumbran, las importantes movilizaciones en la calle, no nos deberían hacer olvidar que, para la función propia del sindicalismo, que nadie puede sustituir, la calle no es suficiente. Porque, guste o no, muchos de los problemas de la clase trabajadora, en particular aquellos relacionados con el puesto y condiciones de trabajo (salario, las políticas de igualdad, futuro profesional, formación, etc.), siempre se han disputado y se disputarán en los centros de trabajo. Y en la negociación colectiva. 

Es urgente poner el foco, ante los cambios en la gestión de las empresas y de las condiciones de trabajo, en el preocupante incremento de los accidentes de trabajo, en las cada día mayores diferencias salariares entre colectivos, en los abusos y discriminación de derechos a los jóvenes y las nuevas contrataciones. Poner el foco sobre los efectos que representa la digitalización sobre las nuevas formas de organización del trabajo, los tipos de contratos y las necesidades de formación. Sobre la lucha por la igualdad de género, etc. Objetivos y batallas que además de reclamar leyes y normas, precisan de la imprescindible fuerza, iniciativa, organización y afiliación sindical en los centros de trabajo.

Urge afiliar y organizar en los centros de trabajo, precisamente y con más motivo cuando percibe que hay poca luz en muchos de ellos. Porque no será sólo con las plazas de los pueblos llenas con lo que el sindicalismo podrá responder a su función de representar y defender a los trabajadores y trabajadoras. Aunque hoy oigamos y leamos teorías del mundo de la izquierda, que afirman que la función del sindicalismo ha cambiado, que hoy la acción sindical en la empresa es el pasado, que todo pasa por la acción sociopolítica, y que por ello la función principal del sindicalismo de clase está en construir alianzas con todo lo que se mueve, aunque tenga que disimular sus siglas, sus banderas y su personalidad.  

Pero la realidad es que el sindicalismo, ahora más que nunca, precisa articular una ofensiva, casi tan potente en medios y esfuerzos como los desarrollados en todas las movilización generales para incrementar los niveles de afiliación y reforzar la acción sindical en las empresas y sectores. Un objetivo, indudablemente más difícil porque precisa de algo más que eslóganes y redes sociales. Porque exige propuestas, alternativas, negociación y resultados. Pero ahí está también y, principalmente, el papel del sindicalismo, si no quiere hacer lo que el personaje de esta metáfora:

 

Un hombre buscaba afanosamente algo alrededor de una farola. Un transeúnte pasó junto a él y se detuvo a contemplarlo. No pudo por menos que preguntar:

— ¿Qué se le ha perdido?, ¿qué busca Vd.?

Sin dejar de gemir, el hombre, con la voz entrecortada por los sollozos, pudo responder a duras penas:

— Busco mi anillo que he perdido en mi casa, pero, como allí no hay luz, he venido a buscarlo junto a este farol.

 

Como el hombre que no encontró su anillo en la calle que estaba más iluminada, el sindicalismo en España tampoco encontrará plenamente su función sólo en la calle, si no consigue también, y el 1º de Mayo es siempre una buena ocasión para recordarlo, más afiliación y mayor poder en la empresa. ¡VIVA EL 1º DE MAYO!

 

viernes, 23 de marzo de 2018

HOMENAJE A RAFAEL MARTÍNEZ PARRAS




PUERTOLLANO, 21 de marzo de 2018

Joaquim González Muntadas
Ex Secretario General de FITEQA CCOO


Había una vez un viajero que caminaba de un pueblo a otro y en el camino encontró un monje en tareas de labranza. El viajero le dio los buenos días y le  preguntó ¿sabe usted cómo son las gentes del valle, porque es ahí a donde me dirijo?

El monje le contestó preguntándole ¿Cuál fue su impresión del pueblo de la montaña del que viene usted?

Terrible, replicó el viajero. Si le soy sincero, me alegro de dejarlo atrás. La gente no es hospitalaria, no colabora ni me ha valorado el trabajo que he hecho. Por mucho que lo intenté, nunca pude sentirme parte de ese pueblo. Así pues, dígame, ¿qué puedo esperar encontrar en el valle?.

Siento decirle, contestó el monje, que creo que sus experiencias en el valle serán muy parecidas.

Unos meses más tarde, otro viajero, que realizaba el mismo viaje de la montaña al valle, se encontró con el mismo monje y le deseó los buenos días.

Buenos días, respondió el monje y le preguntó: ¿Adónde se dirige usted?

Voy al pueblo del valle, replicó el viajero ¿Sabe cómo son las gentes de ese lugar?

Sí, respondió el monje, pero dígame, ¿de donde viene?.

Vengo de la montaña.

¿Y cómo le fue por allí?

Estupendamente. Me hubiera quedado de no ser por mi propósito de seguir viajando. Me sentí como un miembro más del pueblo. Los ancianos me dieron muchos consejos, los niños bromearon y rieron conmigo y la gente en general se mostró muy generosa. Me entristece dejarlos. Siempre guardaré un recuerdo muy especial de todos ellos.

El monje, con un sonrisa en los labios, respondió: creo que su experiencia en el valle será muy parecida a la que usted ha tenido en la montaña. Que pase usted un buen día.

Lo mismo le deseo, y gracias, replicó el viajero, y continuó su camino.

Rafael Martinez Parras era como ese segundo viajero. Era una de esas pocas personas que donde van mejoran el entorno, mejoran el ambiente, los equipos y las organizaciones. De esas pocas personas que facilitan el trabajo y la vida de los demás gracias a su inteligencia y su empatía. Rafa era de esas personas que contagian, allí donde están, compañerismo y  solidaridad. Lo sabemos bien muchas de las personas que estamos hoy aquí. También muchas más que les gustaría estar. Todas las que hemos tenido la gran suerte de disfrutarle y compartir militancia codo con codo con él.

Rafa, a lo largo de su rico y largo viaje de militancia sindical, asumió diversas tareas y responsabilidades importantes en CCOO. En cada una de ellas dejó la semilla del esfuerzo, del trabajo. Y por ello, como el segundo viajero del cuento, Rafa recibió la admiración y la amistad de la mayoría de las personas con las que se relaciono durante toda su vida. Cosechó el reconocimiento y el aprecio de sus compañeros y compañeras, también de los directivos y representantes de las empresas e instituciones con la que trató. 

Rafa trabajó mucho, sacrificando muchas horas lejos de su Puertollano y de su familia. Por esto hoy quiero agradecerle a Pili, su esposa, la comprensión y generosidad que siempre tuvo, y que permitió esa dedicación tan plena y rica que Rafa tuvo con al sindicalismo, lo que le hizo tan feliz.  

Trabajó mucho, con inteligencia, humildad y siempre, siempre, con un escrupuloso respeto hacia los demás. Rafa fue radicalmente leal con sus ideales y valores. Siempre auténtico con lo que hacía y sincero con lo que pensaba, algo tan necesario, pero tan poco común en estos tiempos llenos de populismo y demagogia. 

Siempre entendió que la mejor lección es dar ejemplo, y esa fue precisamente su principal arma de liderazgo. Un liderazgo que transmitía ilusión y seguridad a las personas que representaba y a los equipos de los que formó parte.

Rafa cambió muchas veces de responsabilidad, digamos que viajó y cambió varias veces de pueblo, que fue de la montaña al valle. Y en todas las ocasiones me trasladó, como   el segundo viajero, su pesar por tener que dejar lo que estaba haciendo, donde había construido compromisos con las personas y equipos, con las que había compartido tanta ilusión y estrechos lazos de amistad y complicidad. Esa fue su fuerza, la más potente que puede tener un sindicalista. El compromiso y la sinceridad que explican que en todas las responsabilidades que asumió en CCOO mejorara la relevancia del cargo y dejara una huella imborrable.

Así fue al frente de la Sección Sindical de Repsol Petróleo. 

Y cuando asumió la dirección de CCOO en el Grupo Repsol. Con la creación, negociación y gestión del Acuerdo Marco de este grupo industrial, convirtiéndolo en una referencia del sindicalismo de clase y solidario en España y en Europa. También en América Latina, con la innovadora experiencia de la Red Sindical Latinoamérica-España con Argentina, Perú, Brasil, Bolivia y Colombia, de la que Rafa fue el primer coordinador y que representó un ejemplo y referencia de sindicalismo  solidario e internacional.

Luego asumió la Secretaria de Salud Laboral de la Federación de Industria Textil Químicas y Afines de CCOO (FITEQA), para lo que estudió muchas horas y se formó, hasta convertirse en unos de los cuadros sindicales de CCOO con más conocimientos en la materia, con lo que, junto a su capacidad de trabajo, consiguió situar esta secretaria en una de las de mayor relevancia de nuestra Federación y sus resultados como unos de los más brillantes de nuestra Confederación y un orgullo para Fiteqa. Rafa innovó política y herramientas sindicales en seguridad y salud en el trabajo. Ahí están los avances plasmados, primero en el Grupo Industrial Repsol, luego en los  polos químicos, sobre la coordinación en seguridad y prevención de riesgos entre la empresa principal, las auxiliares y las contratas, lo que ha merecido el comentario de muchos especialistas en la materia y el estudio de profesores de derecho del trabajo.

Y en la última etapa de FITEQA, como secretario de organización, lo que asumió con un entusiasmo e ilusión más propias de un aprendiz que las de un veterano. Cuando tuvo que afrontar un doloroso ajuste ajuste económico y reducir de las estructuras y plantilla, lo hizo con especial sensibilidad  y eficacia. Hizo un trabajo ejemplar, negociando, razonando, con cada colectivo y persona afectada,. Aplicó, por decirlo de otra manera, su sensibilidad de sindicalista y trató a los demás como le hubiera gustado que le trataran a él.

Amigos y amigas, así fue Rafael Martínez Parras, un militante, un dirigente sindical valiente, inteligente y auténtico. Podría estar hablando de Rafa horas y días, porque ha sido parte de mi vida social, profesional y personal durante cerca de 30 años. 30 años en los que compartimos piso, viajes, tertulias, plato y copa. En los que también compartimos preocupaciones y alegrías por nuestros hijos y nuestros nietos. Ah, también por nuestro Barça. 

30 años de ilusiones, pasiones y también de miedos compartidos. Pero sobre todo, lo que más hemos compartimos con él sus amigos, compañeros y familiares, fueron carcajadas, muchas carcajadas de alegría y felicidad. 

Por todo esto digo, le decimos, Rafa te echo, te echamos, mucho de menos. 


Gracias por tanto, compañero y amigo. Gracias hermano del alma.



miércoles, 20 de diciembre de 2017

La contradicción de no votar a los “míos”

Joaquim González Muntadas
Director de Ética Organizaciones SL

Siento la necesidad de compartir una extraña sensación al haber tomado la decisión de no votar a los “míos” mañana,  21 de diciembre. La extraña sensación de romper por primera vez la costumbre o inercia de votar la candidatura que formalmente ha venido representando a la mayoría de las personas con las que he compartido una larga vida de militancia política, primero, en Bandera Roja, luego en el PSUC. La extraña sensación de votar distinto a mi círculo de amistades que en su gran mayoría simpatiza, incluso milita, en Comú-Podem y vota la candidatura encabezada por Xavier Domènech, político del quien tengo muy buena opinión y mejores referencias por parte de personas autorizadas de mi entorno cercano que le conocen personalmente.  

He tomado la decisión de no votar a los “míos” por el comportamiento que han mantenido los   principales líderes de Comú-Podem en estos últimos tiempos en relación con la independencia de Catalunya. Comportamiento que ha hecho sentirme muy lejos de esta organización política,  especialmente de sus más influyentes dirigentes. Porque muy lejos les he sentido de lo que siempre he entendido que deberían representar los valores y principios básicos y esenciales de una opción política de izquierdas, muy lejos también de las propuestas concretas que tales valores y principios se deberían desprender.

Me he sentido lejos de los “míos”, cuando he visto y sentido la soledad y distancia en la que han vivido aquellos dirigentes de Comú-Podem con los que más me he sentido identificado, como es el caso de Joan Coscubiela.

Me he sentido muy lejano de la imagen de Ada Colau, la indiscutible y principal líder de esta organización, recibiendo, junto a Puigdemont en la Plaza de Sant Jaume, a los alcaldes independentistas con el objetivo de impulsar el falso referéndum del 1 de Octubre. Me he sentido muy lejos del trabalenguas incomprensible o la adivinanza con que la alcaldesa de Barcelona explicaba su posición ante la votación del 1 de Octubre, precisamente en unos momentos en los que a los líderes políticos se les debía exigir claridad y nitidez ante una situación de tan especial trascendencia política y social como la que estábamos viviendo.

Me siento muy lejos de aquellos cargos públicos y sector de militantes de Comú-Podem que han decidido romper el acuerdo de gobierno con el PSC en el Ayuntamiento de Barcelona. Pero todavía más lejos del silencio de los concejales y de la alcaldesa a la hora de dar su opinión con ocasión de la consulta a la militancia sobre el acierto o error que para cada uno de ellos y ellas representaba el sí o el no de esa decisión. 

Me he  sentido muy,  pero que muy lejano de Jaume Asens, de sus declaraciones a favor de la DUI, de su felicitación a los diputados de Catalunya Sí Que Es Pot que no mostraron su papeleta aquel viernes 27 de octubre en el Parlament de la Catalunya, donde se aprobó la independencia y la república de Cataluña. O de su apoyo a la marcha de Carles Puigdemont a Bruselas. Muy lejos de la posición de la alcaldesa de Badalona en todo aquello que se refiere a la apuesta por la  independencia de Catalunya. 

No votaré a aquellos que se supone que son los “míos”, y no lo hago impugnando su valía política, ni tampoco negando el trabajo de algunos de sus diputados en el Parlamente durante esta última legislatura. Ni negando sus aciertos en tantos otros frentes de reivindicación y de lucha. No votaré a los “míos” a pesar que ahí están personas que aprecio y de los que admiro su historia y trabajo en el PSUC e IC. 

Pero no quiero de ninguna de las maneras y bajo ningún concepto que se difumine, agüe o no se cuente mi voto como un voto contra la independencia de Catalunya. Por esto no les voy a votar. 

Quiero que se cuente mi voto como un voto a favor de la Constitución y de su reforma por vías de diálogo y negociación. 

Quiero que no se pueda poner mi voto el día 21D por la noche en el limbo de los “ni sí ni no, sino todo lo contrario”, o que se sume a un ficticio y engañoso bloque, “el del soberanismo”, para así maquillar un fracaso, si los partidos independentistas no consiguen la mayoría en votos.  

Por esto he mirado hacia la candidatura de Iceta y el PSC, muy consciente que muchos de sus candidatos nunca han sido, ni serán, de los “míos”. Pero reconozco que hay también en esta candidatura,  además de la claridad a la que aspiro que tenga mi voto mañana en estas tan especiales elecciones, personas que, con toda rotundidad, puedo decir que sí son de los “míos”. Un ejemplo claro es Eva Granados, así como otras personas comprometidas con el mundo del trabajo, como Manuel Zaguirre o Manuel Gómez Acosta. 

Por todo ello votaré la candidatura del PSC encabezada por Miquel Iceta.




sábado, 9 de diciembre de 2017

Miquel Iceta, el carpintero que necesita Cataluña

Ha empezado la campaña para las elecciones del 21D, así que cada candidato o candidata ha centrado su mensaje y sus promesas respondiendo, por supuesto, a su ideología. Pero, además, dadas las particulares circunstancias que durante estos últimos años estamos viviendo en Catalunya, el eje electoral lo marcan especialmente las diferencias    de dónde encuentra y explica cada cual las razones del conflicto que  estamos viviendo, así como sus soluciones. 

Unos entienden que el conflicto es entre territorios, entre un Estado reprensor y un territorio ocupado y oprimido. Otros lo explican por el caduco, dicen, Régimen del 78. Otros afirman que la solución, tan pronto se derrote electoralmente a los partidos independentistas, vendrá sola.

Pero hay un candidato,  por suerte, que  huye de la simplificación y nos advierte que no es suficiente con derrotar electoralmente a los partidos independentistas. Que además, insiste, es preciso derrotar al sectarismo que habita entre nosotros y que cada día se extiende y recrudece más. Que entiende que es preciso y urgente restaurar la fraternidad y la normal convivencia social hoy muy arañada. Que es urgente construir puentes y derribar esos muros, cada día más altos, que dividen a la sociedad catalana. Que la solución no vendrá de la mano ni de héroes, ni de mártires, ni tampoco de magos llenos de supuesta buena voluntad que piensan que por la sola negación del problema éste desaparecerá. 

El problema social que tenemos es tan grave y complejo que precisa de la mano de  un buen operario para cerrar de una vez este largo ciclo de rauxa y entrar de lleno, ya es hora, en el ciclo del seny. Como explicaba el maestro de historiadores Jaume Vicens Vives (1910-1960) en su libro NOTICIAS DE CATALUNYA, escrito en 1953, esos dos resortes sicológicos colectivos han estado presentes a lo largo de nuestra historia. Y han provocado que tras la rauxa que ha impulsado las numerosas revueltas y revoluciones fracasadas, vividas a lo largo de la historia de Catalunya, la reacción de esta sociedad ha sido siempre recuperar “el seny”, y con ello, nos dice Vicens Vives: “dejar y cambiar el arma de la causa perdida por la herramienta del trabajo de cada día para construir el reagrupamiento del país hacia su refugio esencial que es el trabajo, el que, de verdad, entierra decepciones y despierta nuevas esperanzas”.

Para abrir este necesario nuevo periodo, para provocar este cambio en la sociedad catalana, necesitamos un buen operario. Necesitamos un buen carpintero que construya esos puentes imprescindibles para recuperar el pulso de una sociedad normal y moderna. Necesitamos puentes para enterrar de una vez los pitidos dedicados al que piensa contrario y guardar las banderas. Necesitamos que  vuelvan a la primera página de los periódicos los problemas graves que tenemos en la enseñanza y también los éxitos que cosechamos en el campo de la investigación sanitaria. Necesitamos que vuelvan a ser noticia las luchas sindicales por la mejora de las condiciones de trabajo, y la de los vecinos por unos barrios y ciudades más limpias, sanas y habitables. Necesitamos estremecernos y reaccionar ante la noticia de que  cientos de personas mueren semanalmente ahogadas en el Mediterráneo, etc. 
  
Necesitamos puentes para que mi amigo Canals vuelva hablarse con su nuera, para que a mi amiga Noemi le vuelva apetecer ir a cenar con sus amigas del alma porque el tema de conversación vuelva a ser el de sus hijos, sus suegras, el trabajo o las vacaciones. 

Necesitamos puentes para recuperar la afección mutua entre las sociedades catalana y del resto de España, que en otros periodos nuestra historia común ha sido profunda y fraternal. Y que ahora estamos en riesgo de perder.



Por esto necesitamos buenos operarios de la política, para que el día después del 21 de diciembre se pongan a “construir puentes y no trincheras ni fronteras” en frase textual de Miquel Iceta.  Quien, por lo que ha venido demostrando en estos años en el Parlament y defiende en su programa de gobierno, bien podría ser el mejor operario carpintero que hoy necesita Catalunya para que dejemos de recordar jornadas históricas que no lo fueron, y de esperar nuevas derrotas que no se deberían volver a repetir.

martes, 14 de noviembre de 2017

Las prisas del independentismo catalán

Tenemos prisa, ahora o nunca, llevamos esperando 400 años, no podemos esperar más…. Podríamos llenar páginas con las expresiones de los líderes del procés que reflejan las urgencias y el ritmo acelerado con las que han impregnado su estrategia política hacia la independencia de Catalunya. 

El objetivo lo merecía, dijeron. Si no había mayoría social, era igual, teníamos prisa. Si no estaban a punto las estructuras mínimas e indispensables de un Estado, como han reconocido los responsables que habían sido elegidos, nombrados o contratados para el efecto, era igual, teníamos prisa. Si la actual Constitución no permitía circular por esa vía, anunciando un peligroso choque de trenes con graves consecuencias económicas, de convivencia, de reputación etc, era igual, teníamos prisa. Por ello hemos saltado todos las obstáculos  legales y democráticos en el Parlament los días 6 y 7 de septiembre. No había otra forma, llevamos 400 años esperando, no podemos esperar más, dijeron.  

Y las prisas llevaron al día 27 de octubre, la fecha soñada por la mitad de la ciudadanía catalana y temida por la otra mitad. Se llenaron las calles de emoción,  lágrimas, banderas esteladas, tractores y carteles. Gritos de “Hola, República”. Se había culminado el procés. Se había llegado al final del trayecto. Ese que la CUP, como siempre, supo explicar con su excelente vídeo en el que tiraba por un barranco una vieja furgoneta que representaba el procès, y anunciaba: “Ara comença el Mambo”. 

Es cierto que empezó el mambo. Sólo hay que ver lo sucedido en estas pocas semanas. El estropicio que ha representado esa estrategia de los líderes independentistas de deprisa, deprisa, que ha dado la vuelta completa a la rotonda para llegar al mismo punto de partida. Pero con una sociedad, la catalana, más preocupada, más insegura, menos libre a la hora de expresar sus opiniones. Una sociedad más débil, pues se ha llevado por delante relaciones personales, de trabajo y familiares. Más dividida y más sectaria, puesto que ha provocado la ruptura y división en todas las organizaciones políticas, empresariales, sindicales y profesionales catalanes.

Quizás ahora, cuando se vuelven a discutir las estrategias y se presentan los programas electorales para las elecciones del 21-D, puede ser un buen momento para volver a ver la excelente película Colors (1988) de Dennis Hopper y aprender de la historia que Robert Duvall le cuenta a Sean Penn cuando después de una  agotadora carrera  persiguiendo a un pequeño traficante en Los Ángeles, vuelve agotado, frustrado y enfadado: Un toro viejo y un toro joven (nosotros, para evitar malas interpretaciones,  podríamos cambiarlos por dos vacas y unos toros, que para el efecto podría ser lo mismo) están pastando tranquilamente en lo alto de una colina.  En un momento dado el toro joven le dice al toro viejo: "¡Toro viejo, toro viejo! ¿Por qué no bajamos corriendo y montamos a una de esas vacas?"  A lo que el toro viejo le contesta: "¿Y por qué no bajamos andando, y las montamos a todas?”.

Un sabio consejo de Robert Duvall recordando que las prisas no son buenas, y los atajos demasiadas veces pueden llevar a un barranco como el del vídeo de la furgoneta de la CUP. Pues casi siempre se llega más lejos desde el respeto a las aburridas leyes,  con lentas reformas, con diálogo y suma de esfuerzos entre diferentes.

Se abre una nueva etapa, el 21-D donde, sin renunciar a ninguna idea o principio, debería permitir la oportunidad de reconstruir puentes y guardar, al menos por un tiempo, esas armas tan peligrosas que las banderas han demostrado ser, cuya tela -como oí hace unos días a una joven en la radio- no abriga nada aunque uno se envuelva en ella. 


Volvamos a ser una sociedad normal, antes de que sea tarde. Aprovechemos el 21-D para dedicar nuestros esfuerzos a las personas, olvidadas desde hace tanto tiempo, en lugar de discutir solo de las esencias. Hemos tocado fondo, muchos catalanes y catalanas estamos agotados, de verdad. Miren hacia atrás y vean los resultados, de una idea que está al margen de la realidad española y europea. Unos resultados que no son para sentirse orgullosos ¿verdad?.