sábado, 29 de abril de 2017

La Responsabilidad Social del Canal Isabel II. Sin palabras




Dicen que la evidencia no se demuestra, que no hace falta argumentarla, ni incluso explicarla, porque habla sola. Y esto es lo que sucede con el escándalo que hemos conocido estos últimos días en relación a la gestión de la empresa pública Canal Isabel II, al comprobar lo falsas que pueden llegar a ser las menciones honoríficas, y los premios que se otorgan a las empresas por su Responsabilidad Social; lo insolventes que pueden ser las entidades, organismos e instituciones que prescriben la reputación de las empresas, o lo tramposas las que auditan y estampan su firma autentificando los datos de las memorias y la transparencia en la gestión de empresas y  organizaciones.

¿Por qué estas afirmaciones? Al generalizar, existe el riesgo de que paguen justos por pecadores, pues habrá excepciones que respondan lo que firman y afirman  con rigor.

Los compromisos y honores reflejados en el portal de transparencia de la empresa Canal Isabel II, conocida la realidad, suenan al menos a una tomadura de pelo, si no a un insulto a sus empleados, a los clientes y al conjunto de la sociedad.

A la empresa Canal Isabel II le fue otorgada, por sexto año consecutivo, la mención honorífica a la gestión transparente y responsable por el Pacto Mundial de Naciones Unidas (Global Compact), una entidad cuya misión es precisamente promover los 10 principios básicos que universalmente se entienden como responsabilidad social empresarial y que agrupan en cuatro áreas: derechos humanos, trabajo, medio ambiente y anticorrupción. Visto el resultado en el Canal Isabel II, resulta desolador, y debería ser objeto de preocupación para los dirigentes de esta aún prestigiosa entidad de las Naciones Unidas.

Ésta es la evidencia que se muestra sola y que no precisa comentario alguno. Textual:

“El Pacto Mundial de Naciones Unidas (Global Compact) ha otorgado por sexto año consecutivo el grado Advanced al Informe Anual corporativo de Canal de Isabel II, la máxima calificación que concede la mayor iniciativa voluntaria de responsabilidad social empresarial en el mundo. Esta distinción reconoce la calidad de la información facilitada por las empresas en sus memorias anuales”.

El Informe Anual de la empresa pública de agua se elabora siguiendo las indicaciones de la Guía G4 para la elaboración de memorias de sostenibilidad del Global Reporting Initiative (GRI), el principal estándar internacional en este ámbito, en su opción Comprehensive.

Los contenidos de este informe han sido sometidos a una verificación independiente por parte del auditor de cuentas de la compañía. En el ejercicio 2015 esta verificación la ha realizado KPMG.

Tras su publicación, el Informe es enviado al Pacto Mundial para su evaluación. Canal de Isabel II ha obtenido el grado Advanced “como reconocimiento al esfuerzo realizado en ser transparentes y en declarar e informar públicamente de la adopción de buenas prácticas en materia de sostenibilidad y gestión responsable”.

Sin palabras.

Todas aquellas personas que trabajamos y estamos interesadas o comprometidas   con la Responsabilidad Social en los distintos niveles (profesionales, empresariales, sindicales, académicos, etc.) deberíamos aprender de realidades como las vividas en tantas empresas e instituciones en las que, hasta que no salta por los aires un escándalo, no se descubre la falsedad de sus compromisos de Responsabilidad Social, aunque hayan sido certificados e incluso premiados por su buen ejemplo y avalados por instituciones creadas al efecto.


Más allá de la falsedad de esos gestores, en este caso presuntos delincuentes, ejemplos como el del Canal Isabel II nos advierte de la debilidad y falta de rigor de tantos auditores y certificados que hacen que, cuando se descubre la  falsedad, tengamos que decir: ¡Sin palabras! Y tengamos que exigir más rigor a todo lo que rodea la Responsabilidad Social Empresarial: profesionales, organizaciones e instituciones.

viernes, 14 de abril de 2017

El futuro del trabajo. ¿De la hoja de salarios a la factura?

En los últimos años ha ido surgiendo una nueva figura laboral, definida por unos como “trabajador independiente” o “falso autónomo”, y por otros como “post asalariado”, pero más pronto que tarde se impondrá un término inglés que nos permitirá su identificación con más precisión y, así, parecerá una innovación o resultado del progreso tecnológico.

Pero mientras,  nos quedaremos en la descripción de las condiciones de la mayoría de estos trabajos: son trabajadores y trabajadoras contratados para micro tareas y trabajos esporádicos, la gran mayoría en condiciones que no cubren los mínimos derechos laborales ni sociales, y expuestos a los avatares coyunturales y comerciales del momento.

Una figura en el mundo del trabajo cada día más numerosa, que surge de la  tendencia generalizada por parte de las empresas a externalizar la mayor cantidad de trabajos posibles a través de modalidades como el outsourcing y el crowdsourcing, y  de la proliferación de plataformas tecnológicas que ofrecen aplicaciones de servicio y permiten a las empresas llevar la flexibilidad a sus máximos extremos, convirtiendo la remuneración del trabajo en una negociación entre cada empresa y cada una de las personas prestatarias del servicio.

Son trabajadores por cuenta propia y son “su propio patrón”, contratados para un proyecto o una misión determinada. Es una nueva opción de trabajo que en muchos foros es presentada como la gran solución innovadora ante la falta de empleo para los jóvenes, como la panacea para el trabajador libre, al que se remunera según sus méritos y capacidades, en lugar de por un salario preestablecido desde un “viejo” convenio colectivo.

Pronto, la mayoría de estos jóvenes, y en especial en el caso de que no pertenezcan a la élite del conocimiento, descubren la cruda realidad al comprobar que no salen muy bien parados. Si no son parte de esos pocos casos que representan menos del uno por ciento, (consultores, especialistas informáticos o expertos de alto nivel en cualquier materia con escasa oferta), y no poseen las excepcionales y escasas competencias más buscadas por las empresas, ese trabajo independiente está muy lejos de ser la fuente de una mayor libertad para el trabajador. Más bien todo lo contrario, pronto comprueban que la mayoría de ellos trabajan a precios y en condiciones que los asalariados de muchas empresas juzgarían inaceptables.

Ésta ha sido una de las consecuencias de la externalización sin reglas que se ha dirigido a bordear la regulación y las leyes yque la última Reforma Laboral ha potenciado en nuestro país. Su triste resultado es que hoy tengamos el mercado de trabajo más golfo, más precario y con las mayores desigualdades sociales y salariales, por la drástica depresión de las rentas del trabajo, que proviene esencialmente de la precariedad de las condiciones de trabajo y salario de estos trabajadores y trabajadoras jóvenes.

Una externalización sin reglas, que está permitiendo que muchas empresas puedan restablecer para unaproporción creciente de personas las condiciones sociales que existían a comienzos del siglo XIX. Vemos queson contratados solo para tareas específicas y en la mayoría de las ocasiones en condiciones precarias, a destajo o de manera intermitente. Vemos que las empresas no están obligadas a pagar seguros sociales, ni licencias, ni indemnizaciones por despido, ni formación. Vemos que han conseguido reemplazar la negociación colectiva por la negociación individual, los salarios convencionales por las remuneraciones individualizadas, la relación laboral por la relación comercial. Vemos que han conseguido pasar de la hoja de salarios a la factura.

Ante ello, el movimiento sindical deberá atender a estos colectivos, que son parte de la clase trabajadora con especiales y específicas problemáticas. Tendrá que poner todo su saber, experiencia, recursos y fuerza para organizar esta fuerza de trabajo. Tendrá que innovar, copiar y transferir experiencia. Sabedores que estos colectivos ocupan cada día más los lugares estratégicos para que funcionen las empresas y la sociedad. El reto del sindicalismo está en demostrarles su utilidad, está en organizándolos con nuevas formas. Está en conseguir que tomen conciencia de su fuerza, que es mucha.  De ello depende su y nuestro futuro como sociedad.  


viernes, 31 de marzo de 2017

CC.OO y UGT de Industria miran el futuro digital

Es muy significativo, y me atrevería a decir que también esperanzador, comprobar que en una misma semana las dos Federaciones Sindicales, CCOO Industria y FICA UGT, hayan celebrado con extraordinario éxito dos importantes acontecimientos en torno a la digitalización de la economía y la Industria 4.0.

Uno, el 28 de abril en el Consejo Económico y Social: “ENCUENTROS SOBRE DIGITALIZACIÓN E INDUSTRIA 4.0.”, y otro el día 29: “UN NUEVO MODELO ECONÓMICO A TRAVÉS DE LA INDUSTRIA 4.0” en la sede central del sindicato. Los dos actos tuvieron un lleno absoluto de cuadros sindicales de las empresas y los sectores industriales, escuchando y opinando sobre las exposiciones de los dirigentes sindicales, empresariales de empresas de primer nivel, expertos en la materia y representantes de la administración.

Es muy relevante que sean precisamente estas dos federaciones sindicales, las que organizan y representa a los trabajadores y las trabajadoras de los sectores industriales, las que hayan cogido de primera mano, muy por delante de otros sectores de la sociedad, la iniciativa de situar en su programa de acción los retos y desafíos a que nos emplaza la nueva revolución industrial. Esto muestra que son muy conscientes de los riesgos para el empleo y el progreso social que supondría que nuestro país volviera a perder el tren de la innovación, representada ahora por la digitalización. Para evitarlo es capital desarrollar el máximo esfuerzo social y una decidida y coordinada política industrial, lo que expresaron junto a las patronales con la firma, el pasado mes de noviembre, de la DECLARACIÓNPOR UN PACTO DE ESTADO POR LA INDUSTRIA.

Resulta muy esperanzador el contenido de las intervenciones y los documentos que se presentaron en ambos foros sindicales.  Expresan la nítida voluntad de colocar en el vértice de las prioridades de ambas federaciones sindicales su interés y compromiso para analizar y estudiar los profundos cambios que están viviendo la sociedad, la economía, la industria y el trabajo de la mano de la innovación tecnológica y la digitalización.

Demuestra la toma de conciencia de los dirigentes sindicales de que la digitalización y las nuevas estructuras tecnológicas de las que tanto se habla, a veces de forma superficial y frívola en los medios de comunicación, no solo están cambiando el mercado, la distribución, las formas de consumo y la relación del fabricante con el cliente, que es lo que más se comenta, sino también, y de forma radical, la organización y la gestión del trabajo, las bases de las carreras profesionales, la exigencia de nuevas competencias en el trabajo, los modelos retributivos, la gestión del tiempo de trabajo, las prioridades de formación, la prevención de riesgos laborales, la comunicación interna en las empresas, etc. 

Como se ha afirmado insistentemente en los dos foros, el futuro ya está ya aquí. Representa una nueva manera de leer la empresa, el trabajo y las relaciones laborales. De este cambio surgen reservas justificadas y temores de riesgos serios para amplios colectivos de la clase trabajadora que el sindicalismo deberá atender y combatir. Pero también surgen nuevas oportunidades para la acción sindical en las empresas y para la mejora de las condiciones de trabajo y del empleo. Nuevas oportunidades que el sindicalismo está obligado a aprovechar para reforzar su presencia, organización y afiliación en las empresas, e incrementar su poder, imprescindible para garantizar una transición justa.

Una de las coincidentes conclusiones por parte de los representantes de UGT y CCOO de Industria, y que ha estado presente tanto en el Salón de Actos sindical como en la Sede del Consejo Económico y Social, es la convicción de que la transformación digital trae nuevos usos y formas de trabajar, y con ello una nueva redefinición cultural y organizativa del trabajo, que el sindicalismo necesariamente deberá entender. Queexigena sus cuadros y representantes un sobreesfuerzo en formación y capacitación. Si aspira a representar al nuevo mundo del trabajo con eficacia.

Que exigen, al sindicalismo un esfuerzo de innovación e iniciativa para reforzar y mejorar, desde la negociación colectiva, el derecho de información y participación de los trabajadores y los sindicatos en el seguimiento de los cambios y la marcha de la empresa.

Porque la experiencia y la realidad, cada día en todo el mundo, nos demuestra que el presente y futuro sin sindicatos fuertes es y será siempre peor para los trabajadores y la mayoría de la sociedad.


Por esto, felicidades pues FICA UGT y CC.OO Industria, por mirar al futuro.


viernes, 24 de marzo de 2017

CC.OO., el reto de representar la diversidad


Entre los muchos méritos que los máximos dirigentes de CCOO pueden presentar en el balance de gestión del próximo XI Congreso que se celebrará en julio, se encuentra el de haber implantado un estilo de dirección donde ha primado el orden y la unanimidad en una organización compleja como es un sindicato. Y más en la actual sociedad, tan convulsa y particularmente crítica con todo lo que representa la autoridad y la jerarquía en las organizaciones y las instituciones.

Este buen resultado ha permitido aguantar e impermeabilizar a la organización de los brutales ataques que, por tierra, mar y aire, ha recibido el sindicalismo en estos últimos años. Pero cuando se abre un nuevo ciclo renovado en la dirección del sindicato, este resultado no debería esconder la necesidad de abrir, integrar y representar la diversidad que conforma hoy la clase trabajadora. No me refiero a pluralidad ideológica y política que siempre ha estado garantizada por los estatutos del sindicato, como en ninguna otra organización, sino a su creciente heterogeneidad y diversidad social.

Una clase muy distinta de cuando se crearon las actuales normas y estructuras de los sindicatos. Tan distinta como lo es la empresa actual de aquella del siglo pasado, en la que se formaron la mayoría de los actuales dirigentes sindicales. En esa época la complejidad el trabajo podía vencerse troceando en tantas partes como la estructura jerárquica permitía, o cuando la común regla de oro en la gestión y organización era la uniformidad en las condiciones de trabajo, el orden y la disciplina.

Pero hoy la mayoría de las empresas y el mundo del trabajo tienen muy poco que ver con aquella empresa y sociedad del taylorismo. Las empresas forman parte de sistemas entrelazados que requieren organizaciones más abiertas, más flexibles y planas. Y  sindicatos menos verticales, más abiertos a la diversidad y con estructuras que cooperen entre sí.

Se requieren nuevas cualidades y capacidades para dirigir las organizaciones de hoy, con nuevas formas y competencias que permitan gestionar las excepciones, la diversidad y la discrepancia, y que sepan administrar esta nueva realidad donde, en expresión de Daniel Innerarity: ¨el orden en una organización inteligente es el desorden domesticado”.

Sabemos que el sindicalismo tiene serios desafíos. Uno de ellos, como han venido insistiendo los máximos dirigentes de CCOO durante los últimos cuatro años, es repensar muchas verdades que ayer sirvieron para construir un pasado heroico y que hoy precisan actualizarse para seguir siendo útiles a los trabajadores y a las trabajadoras que aspiran a representar. De donde se deriva la necesidad de conjugar con acierto el pasado, presente y futuro, un reto que CCOO ha sabido condensar extraordinariamente bien en el eslogan: “hicimos, hacemos y haremos historia”.

Hay que honrar el pasado como se merece y reforzar el orgullo de la función del sindicalismo, de su historia y del valor de la militancia sindical, en particular en CCOO. Pero igual de imprescindible será, como se ha dicho, releer muchas verdades que el acelerado cambio social, económico, cultural y tecnológico  exigen adaptar y aprender, re-aprender y actualizar todo lo sabido. Conscientes de que nada aprende quien en todo ve la ocasión de confirmar y reafirmar lo que ya sabía. Si seque quiere afrontar el reto que apunta Unai Sordo en la reciente entrada de su  Blog,:“la adaptación a la nueva tipología de situaciones en el mundo del trabajo, la necesaria flexibilidad de las estructuras y recursos del sindicato".

Un reto para el que será imprescindible evitar el riesgo que corren aquellas organizaciones que perciben la pluralidad como un riesgo, la diversidad y las diferencias como un error a corregir, cuando precisamente constituyen todo lo contrario. No hemos de olvidar que un grupo de personas que expresan la pluralidad y la diversidad son más efectivas y obtienen mejores resultados que quienes, muy inteligentes pero demasiado similares, dan siempre la razón y permanentemente confirman que estamos en lo cierto.

Recordemos, que no es de la inercia y la rutina, ni tampoco de la jerarquía, de donde nace la creatividad de las personas, ni la innovación a la que debería aspirar toda organización, en particular hoy el sindicalismo, si quiere estar viva. Que ello es siempre el fruto de la duda, de la incómoda pregunta, también del conflicto leal y ordenado.




lunes, 6 de marzo de 2017

El 8 de Marzo: por un planeta 50-50 en 20



 Joaquim González Muntadas
Director de Ética Organizaciones SL

Este año la ONU ha situado el 8 Marzo, Día Internacional de la Mujer trabajadora, como la ocasión de poner fin a todas las formas de discriminación y eliminar la violencia contra todas las mujeres y las niñas en los ámbitos público y privado, incluidas la trata y la explotación sexual, junto a otros tipos de explotación como el matrimonio infantil, precoz y forzado, y la mutilación genital femenina. En este mundo laboral que está viviendo una profunda y acelerada transformación tecnológica y digital, el objetivo es concienciar a la sociedad y exigir las necesarias políticas a los poderes públicos y económicos para  que en el año 2030, se garantice el 50- 50 de hombres y mujeres en el empleo.

Entre otras iniciativas, como advirtió en 1995 la Conferencia Mundial de las Naciones Unidas sobre la Mujer celebrada en Beijing, es imprescindible corregir la baja participación de las mujeres en las nuevas tecnologías y las sociedades de la información pues supone una brecha tecnológica y digital que las mujeres siguen padeciendo en relación a los hombres.

Como apunta la resolución de la ONU para este Día Internacional de la Mujer, para superar el déficit en presencia tecnológica y digital de la mujer, es imprescindible garantizar la igualdad de oportunidades en todos los niveles de la educación y la formación, y que todas las niñas y todos los niños tengan acceso a una enseñanza preescolar, primaria y secundaria gratuita, equitativa y de calidad.

A pesar de los evidentes progresos a escala mundial en favor de la equidad de género en la educación,  los informes de la OCDE recuerdan cada año que no han sido suficientes para eliminar las desigualdades entre alumnos y alumnas. Existen factores sociales que dificultan  este objetivo, pues los similares resultados en los 34 países miembros de la OCDE (Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico),  muestran que solo una de cada veinte chicas se imagina trabajando en el futuro en un área científica o técnica,precisamente donde están los empleos mejor pagados y de mayor calidad, frente a cuatro de cada veinte chicos.

A pesar de los reiterados estudios PISA que nos muestran que los rendimientos en ciencias en las escuelas de los chicos y las chicas son similares, el 50 % de los padres imagina a sus hijos varones trabajando en un área científica y técnica, y sólo el 20 % a sus hijas. 

Para alcanzar el reto de la igualdad y la garantía del 50- 50 de hombres y mujeres en el actual mundo del trabajo, en profunda transformación por la revolución tecnológica y digital, es imprescindible que se incremente la participación de las mujeres en las profesiones tecnológicas, pues actualmente las chicas representan menos del 20% del alumnado de licenciaturas STEM (ciencia, tecnología, ingenierías y matemáticas).

Como ejemplo, es imprescindible modificar la realidad expresada en el reciente  Mobil Word Congress celebrado en Barcelona, donde sólo el 25% de los asistentes han sido mujeres, y solo la mitad de este porcentaje han sido intervinientes en las conferencias, mientras queel personal que ha atendido los stands estaba integrado por azafatas en un 90%.

En todo el mundo se necesita un cambio significativo en la opción de la formación de las niñas y para ello es imprescindible que cambie su relación con las asignaturas de ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas y garantice la posibilidad de competir con éxito por los "nuevos empleos" bien remunerados.

Es una prioridad poner la educación en el corazón de las políticas públicas de los gobiernos y la formación permanente de las trabajadoras en el centro de las políticas sindicales y en la negociación colectiva. La formación como una palanca más para combatir la brecha salarial, la discriminación profesional y los techos de cristal que existen aún en muchas empresas y sectores e impiden la promoción y el desarrollo profesional de las mujeres.

Aprovechemos este 8 de Marzo y dediquemos todos los esfuerzos, voluntades y recursos para combatir la discriminación de la mujer en las empresas y la sociedad. Comprometamos los  recursos e iniciativas necesarias para alcanzar la igualdad de género en todo el mundo. Ya que, como escribió el anterior presidente de las Naciones Unidas, “no hay  ninguna otra mayor inversión en nuestro futuro común”.


domingo, 5 de marzo de 2017

Artur Mas, ¡che bella voce!

Es muy esclarecedor escuchar con atención el contenido y el tono de los discursos que últimamente se vienen pronunciando desde el mundo secesionista. Cada día son más dignos de un comandante que está dirigiendo una expedición o batalla, y necesita advertir a los suyos, que se acerca la hora de la verdad y que ya no hay marcha atrás. Algo así transmiten las palabras de Artur Mas, el pasado 22 de febrero en el Kursaal de Donostia, cuando afirma: “para nosotros, llegar hasta el final es fundamental, porque la alternativa de no seguir adelante, sabiendo que no encontraremos un interlocutor dispuesto a escuchar, que es lo que quisiéramos, sería tirar la toalla, y no hemos hecho lo que hemos hecho para, en el último momento, tirarla”.

Hay que reconocer al secesionismo su gran efectividad a la hora de crear mensajes e imágenes. Vemos cómo se está construyendo un marco mental que sitúa el conflicto en un  nuevo eje,  el de la  “España no es una democracia”. Desde ahí  la contraposición de libertad y pueblo soberano de unos, frente a tribunales amañados y leyes que nacieron de una Constitución impuesta al pueblo de Catalunya de otros. Un nuevo marco que insiste en identificar el Estado con el gobierno del Partido Popular y sus políticas y, de paso, cultivar la creencia de que el ADN de España, y por extensión el de la mayoría de los españoles, es la escasa calidad democrática frente a la tradición de Catalunya y su gente, ésta sí democrática.

Así, poco a poco se presenta la anunciada batalla como la confrontación heroica del débil contra el fuerte, la eterna lucha de David contra Goliat, de la libertad contra la opresión, y a los líderes del independentismo como los Nelson Mandela o las Rosa Parks del siglo XXI, héroes que luchan por la libertad y los derechos básicos de las personas, dejando atrás aquellas otras razones, tan repetidas, de las balanzas fiscales o aquel “España nos roba”, ahora en segundo plano y solo para el consumo interno.

La duda está en saber si toda esta teatralidad e histrionismo, que se viene agudizando en estas últimas semanas, no es más que la expresión y la evidencia lee la necesidad de disimular el fracaso de aquella hoja de ruta, que el Parlament de Catalunya votó con gran solemnidad aquel 9 de Noviembre de 2015, en la que se garantizaba la desconexión de España en dieciocho meses, según la cual en estos días la República Catalana debería estar rompiendo aguas. O si dicha teatralidad y las reiteradas escenas, como ha definido José Luis Lopez Bulla en su último artículo, de “bravucones de moqueta”, no es más que parte de la soterrada batalla por la hegemonía dentro del mundo secesionista. Incluido, si no es también una expresión más del incierto papel que jugará Artur Mas en el futuro de la política catalana.

Esperemos que venza la inteligencia y dejemos las historias de héroes de caballería para las novelas. Estamos en la era digital, la de la conectividad y la Industria 4.0. Hay mucho esfuerzo que compartir y que sumar, mucho trabajo por hacer que no estamos haciendo. No sea que al final aquel elogioso refrán que decía  que "los catalanes de las piedras hacían panes". Ahora, poco a poco, de lo que de verdad acabemos siendo capaces de hacer es: "convertir los panes en piedras".

Esperemos que se imponga el sentido común y la prudencia, que no es precisamente la actitud que ha producido más traidores en la historia de la humanidad. Esperemos que toda esta teatralidad en los llamamientos al choque final, acabe, por el bien de todos, como aquella bonita historia italiana en la que un oficial del ejército de este país arenga, con voz potente y clara, a su batallón en pleno desierto de Trípoli. Firme y teatral en el ademán, pluma negra al viento, el oficial, dirigiéndose a su tropa a voz en grito, exclama: ¡Soldados, ha llegado la hora suprema del sacrifico final! ¡Adelante, adelante!... La tropa escucha atenta y en silencio el ardor guerrero de su comandante. Nadie pestañea. Nadie vitorea, ni responde. Todos permanecen quietos ante la inmensidad del desierto libio. Silencio. Pasado un interminable minuto, un soldado exclama con voz clara que retumba en el desierto: ¡Che bella voce!


miércoles, 22 de febrero de 2017

Mr. Donald Trump, son los robots y no los mexicanos


"La próxima ola de dislocación económica no provendrá del extranjero. Nacerá del implacable ritmo de la automatización que convierte muchos buenos trabajos de clase media en obsoletos". Discurso de despedida 10 de enero 2017 Barack Obama.



El nuevo presidente de los Estados Unidos de América, Donald J. Trump, repite cada día a los trabajadores y trabajadoras de las industrias de su país que él, con su política nacionalista y proteccionista, conseguirá recuperar el empleo que la globalización y la inmigración han “robado” a los trabajadores americanos.

Es indudable que la globalización, y con ella la deslocalización de empresas y producciones, es la causa de la pérdida de millones de empleos en EEUU y en Europa, en particular de los sectores más intensivos en mano de obra de las industrias manufactureras, debido a los cambios vividos en las últimas décadas, entre otros el comercio con China y los países asiáticos o México.

Pero también sabemos, así lo confirman la mayoría de los expertos, que tanto en EEUU como en Europa la causa más importante en estos últimos años de la destrucción de empleo ha sido la automatización. Y más lo será en el futuro. Nos lo recuerda el estudio del Center for Business and Economic Research de la Ball State University que indica que “en el pasado año, el principal factor en la desaparición de empleos  en EEUU fue la automatización en el 88% y la deslocalización el 12%” y lo confirma el economista laboral del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT, EEUU) David Autor, quien afirma que "la automatización es un factor mucho más decisivo para la desaparición de puestos de trabajo en la industria manufacturera que la externalización o los acuerdos comerciales internacionales”.

Pero es más fácil y útil políticamente y, sobre todo, más rentable para los poderes económicos que representa Trump, buscar las razones del desempleo y la precarización del trabajo en enemigos externos, en este caso México o China, y con ello esconder el debate social sobre los riesgos y oportunidades que representa la automatización, la digitalización y la robótica. Por esto, como afirma  Thomas H Davenport  (Harvard Business Review en español 19-1 2017), “‘Trump no le prestó ninguna atención a la automatización durante la campaña electoral, ni tampoco tuitea nada sobre ello”.

Y así se elude del debate los efectos aún imprecisos de la digitalización, la inteligencia artificial y la robótica, y sobre todo se presiona para que el mercado privado se implante sin ningún tipo de reglas ni políticas públicas que lo condicionen. Se pretende que miremos hacia otro lado sacando del foco político, social y mediático, la necesaria discusión, en la sociedad y en las empresas, de una transición justa para aquellos colectivos cuyos empleos van a ser desplazados por la revolución tecnológica que estamos viviendo.

Pero Trump lo sabe, como también lo saben esas otras figuras de todo el mundo que  como él sacan partido de la banalidad y la rabia, que azuzan los sentimientos nostálgicos y nacionalistas, que encuentran el apoyo de gente que se identifica como excluida del sistema, y señalan chivos expiatorios en los eslabones más débiles de la sociedad. Saben que no son los mexicanos quienes quitan el trabajo a esos americanos que le han votado como presidente de EEUU. Serán más bien los robots, y eso es más difícil de gestionar. Esos robots que su Secretario de Trabajo, Andrew Puzde, ha descrito como: “Ellos siempre son educados, nunca toman vacaciones, nunca llegan tarde, nunca tienen un desliz, ni una caída, nunca son causa de discriminación por razón de edad, sexo o raza”.


Un nacionalismo al que el movimiento sindical de EEUU y también las Federaciones Sindicales Internacionales deben dar respuesta, una respuesta contundente profundizando en la solidaridad, la cooperación y el internacionalismo. El sindicalismo, ahora más que nunca, está llamado a ser el principal muro que impida que progrese el rancio nacionalismo y sus políticas proteccionistas de cierre de fronteras como la solución a la crisis y al paro. Porque ni los mexicanos, ni los marroquíes, ni los turcos o los chinos son los que nos quitan el trabajo.