domingo, 17 de septiembre de 2017

Catalunya, cuidado: hay riesgo de que se rompa la convivencia



En Catalunya vivimos tiempos de fuertes emociones, de toques de corneta, de estrategias y aventuras que nadie sabe, a ciencia cierta, cómo acabarán. Pero lo que sí sabemos ya es lo que estamos viendo estos días. Negarlo sería una irresponsabilidad. Se está sembrando el campo del virus del sectarismo que puede acabar generando una peligrosa división social.

Quien tenga dudas acerca de estos riesgos,  o considere que son exageradas las afirmaciones de este primer párrafo, sólo tiene que repasar las muchas sandeces y las delirantes fábulas que se han dicho y escrito sobre confabulaciones y conspiraciones contra Catalunya y los catalanes durante el conflicto de los vigilantes de Eulen en el aeropuerto de El Prat de Barcelona. Y, más graves todavía, las muchas estupideces que se han vertido en relación con los atentados de las Ramblas de Barcelona y Cambrils, que deberían avergonzar sólo repetirlas. Unos comportamientos que indican que estamos demasiado cerca de una peligrosa y temeraria práctica como es la exhibición de superioridad moral y el desmesurado apasionamiento con "la causa”.

Empiezan a verse nubarrones que pueden amenazar la normal convivencia social. Es evidente que está terminando la “revolución de las sonrisas” cuando aparecen las sectarias respuestas y las descalificaciones que amplios sectores nacionalistas dedican a las personas y organizaciones que ahora, ya sin complejos, han empezado a romper su silencio y a expresar su oposición a la independencia de Catalunya, o incluso hacia aquellos, partidarios del derecho de autodeterminación pero que anuncian que no piensan participar en el 1 de Octubre, por entender que no tiene las garantías democráticas suficientes.

Es precisamente las muchas iniciativas que en estos días están surgiendo desde diferentes ámbitos en toda Catalunya, que  rompen ese largo silencio  que ha servido para disimular la discrepancia. Lo que provoca esas duras reacciones que marchitan ese "buen humor" del que tanto han venido alardeando los sectores independentistas  durante estos años.

Quizás lo que de verdad, se descubre en estos días, es que en realidad lo que ha facilitado esa imagen de buen rollo y “germanor”  ha sido precisamente el silencio mantenido durante estos largos años por parte del sector de catalanes y catalanas que no participan de la causa independentista. Quizás el mérito de esta ausencia de división social en Catalunya tenemos que buscarlo en el fair play de esa otra mitad de la ciudadanía catalana, no independentista, que se ha tragado en silencio y educadamente la incomodidad y anomalía que representa que las instituciones públicas en Catalunya les ignoren sistemáticamente.  

Quizás es ese fair play el que ha garantizado la falta de crispación porque ha decido convivir, sin darle mayor importancia, con la invasión abusiva, por parte de las instituciones de mayoría independentista, de los espacios públicos que compartimos toda la ciudadanía - independentistas y no independentistas- como han hecho con sus  banderas “esteladas” en ayuntamientos y rotondas, en muchos casos tan inmensas y ridículamente exageradas como la que ondea en la Plaza Colón de Madrid. 

Quizás ha sido el silencio de esa otra mitad de la población lo que permite explicar la tranquila convivencia social de estos últimos años y el que ha permitido presentar una Catalunya irreal, obviando con ello la comprobación de que las dificultades del proyecto de secesión no están fuera de Catalunya. Porque están en la de propia sociedad catalana de la que al menos la mitad se niega a fracturarse y a ver la solución de sus problemas fuera de España y Europa.

Por todo ello no está de más advertirnos de que “cuidado que se está rompiendo la convivencia” cuando se rompen o se ignoran las reglas de juego compartidas. Ya que, como escribía el 21 de noviembre de 2000 en un breve artículo Rosa Montero en el diario El País, “el sistema democrático no es más que un inmenso, hermoso, transparente castillo de naipes. Se sostiene en el aire de milagro, no apoyado en la fuerza bruta, sino en el respeto colectivo a la palabra dada; en la aceptación, libre y generosa, de las reglas del juego”, y continuaba diciendo: “Que no se nos olvide esa fragilidad en la joven España”.


Así que atención, porque parece que los  catalanes y catalanas que callaban han decido hablar.

lunes, 11 de septiembre de 2017

El discurso de Joan Coscubiela

Al escuchar el discurso de Joan Coscubiela del día 7 de septiembre en el Parlament de Catalunya, y ver las caras de susto de los miembros del Govern de la Generalitat, empezando por su President sentado en primera fila. Un discurso que se ha convertido en una pieza para la historia del Parlament  de Catalunya y que ha provocado la reacción inmediata de amplios sectores y notables líderes del mundo del  independentismo con duros ataques y la descalificación inmediata, cuando no el insulto hacia el portavoz parlamentario de Catalunya Sí que es Pot

Un discurso, y una escena en el Parlament, que me recordaron  una  historia sobre el valor de las leyes y la democracia que hace un par de años colgó en su muro una amistad de  Facebook. Una historia, que como el discurso de Joan Coscubiela, nos advierte del riesgo de no respetar las reglas y el abuso de poder y, por ello, de la importancia de defenderlas como base de la convivencia democrática.

La historia dice así:

El primer día de clase, un profesor de “Introducción al Derecho” entró en el  aula y preguntó el nombre del estudiante que estaba sentado en la primera fila:
- ¿Cuál es su nombre?.
- Mi nombre es Nelson, señor.
-¡Fuera de mi clase y no vuelva nunca más! – Gritó el maestro desagradablemente.
Nelson estaba desconcertado. Cuando volvió en sí, se levantó rápidamente recogió sus cosas y salió de la habitación.
Todo el mundo estaba asustado e indignado, pero nadie habló.
-¡Muy bien! – Vamos a empezar, dijo el profesor.
-¿Para qué sirven las leyes? preguntó el maestro – los estudiantes seguían asustados, pero poco a poco empezaron a responder a su pregunta:
-Para tener un orden en nuestra sociedad.
No! Respondió el profesor.
-Para cumplirlas.
No!
-Para que las personas equivocadas paguen por sus acciones.
No!
-¿Alguien sabe la respuesta a esta pregunta!
Una muchacha habló con timidez:- para que se haga justicia
 –¡Por fin! Es decir, por la justicia.
-Y ahora, ¿qué es la justicia?
Todos empezaron a molestarse por la actitud tan vil del profesor, pero sin embargo, continuaron respondiendo:
-          A fin de salvaguardar los derechos humanos
-          Bien, ¿qué mas ? – preguntó el maestro.
-          Para diferenciar el bien del mal, para recompensar a aquellos que hacen el bien…
 Ok, no está mal, pero respondan a esta pregunta:
-          “¿Actué correctamente al expulsar a Nelson del aula?”
Todos estaban en silencio, nadie respondió.
- Quiero una respuesta por unanimidad!
- ¡No! – Todos contestaron con una sola voz.
- Se podría decir que he cometido una injusticia?
--¡Sí!
-¿Y por qué nadie hizo nada al respecto? Para qué queremos leyes y reglas, si no tenemos la voluntad necesaria para practicarlas? Cada uno de ustedes tiene la obligación de hablar cuando es testigo de una injusticia. Todos. ¡No vuelvan a estar en silencio, nunca más! Vayan a buscar a Nelson – dijo. Después de todo, él es el maestro, yo soy un estudiante de otro período. Aprendan que cuando no defendemos nuestros derechos, se pierde la dignidad y la dignidad no puede ser negociada.

Cuando escuché las palabras de Joan Coscubiela, advirtiendo al President del Govern y a la Presidenta del Parlament de que "es muy grave cogerle el gusto a la antidemocracia y al autoritarismo", sentí un orgullo profundo por haber compartido con Joan muchos años de militancia sindical y política, y me recordó al profesor que preguntó a sus alumnos: ¿Para qué queremos leyes y reglas, si no tenemos la voluntad necesaria para practicarlas? Y les recuerda que cada uno de nosotros tenemos la obligación de hablar cuando somos testigos de una injusticia.

Así  que Joan, como dice la ranchera, "no te arrugues cuero viejo, que te queremos de tambor".


domingo, 20 de agosto de 2017

15 DIES A BRUSSEL•LES AMB PAU i EL CHU CHU TREN

Ha de ser màgia que uns sons que amb prou feines entens et despertin els cinc sentits que fa que els repeteixis com un lloro amb teatral entonació tal com si fossin una seriosa i intima conversa.

Ha de ser màgia el que de cop i volta et transportin a una nova dimensió quan escoltes: Avi! , Avi,! Avi! com si fos el crit d'un seguidor anomenant a l'ídol del seu equip. Un crit que fa que tu tanquis els ulls, respires fons, i et diguis per a tu mateix: atenció!, que aquest sóc jo. I aquest individu que crida és el personatge que et fa sentir el tipus més afortunat de l'univers.

Però, sents que estas sol davant del perill quan ell va corrent cap a tu com un huracà de somriures i baves. Aquí estàs tu, preparat, com aquest parallamps en la tempesta, per rebre la desbordant energia que com una guspira que de sobte et converteix en nen.

Màgia, màgia, perquè s'atura el temps i fa desaparèixer l'espai.

Màgia perquè fa que el món sencer es concentri en aquest instant, que es juntin el teu passat, el teu present i, sobretot, el teu futur. Que tot, absolutament tot el que sents és en els teus braços, agafat de la mà o jugant a la pilota.

Màgia de la bona, de la que fa que només repeteixis amb ell, una vegada i una altra, Chu Chu Tren! Chu Chu Tren! Així, de cop i volta et converteixes en una vella màquina de vapor fumejant, i vegis el tren, en les tres caixes de cartró lligades o en els quatre llapissos posats un rere l'altre o a terra amb les seves vies i vagons de fusta y de colors o en els carrers de Brussel·les en el que si pugen i baixen passatgers. Tots són el Chu Chu tren.

Tots són el “Chu Chu Tren de la felicitat", perquè tots són el tren del Pau i també del seu Avi.

Aixi que, visca totes les iaies i els avis del món !

Agost 2017

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Debe ser magia que unos sonidos que apenas entiendes te despierten los cinco sentidos que hace que los repitas como un loro con teatral entonación tal como si fueran una seria e intima conversación.

Debe ser magia lo que de repente te transporten a una nueva dimensión cuando escuchas: Avi! , Avi ,! Avi! como si fuera el grito de un seguidor llamando al ídolo de su equipo. Un grito que hace que tú cierres los ojos, respiras fondo, y te digas para ti mismo: atención !, que este soy yo. Y ese individuo que llama es el personaje que te hace sentir el tipo más afortunado del uniré

Pero, sientes que estás solo ante el peligro cuando él corriendo hacia ti como un huracán de sonrisas y babas. Aquí estás tú, preparado, como este pararrayos en la tormenta, para recibir la desbordante energía que como una chispa que de pronto te convierte en niño.

Magia, magia, porque se detiene el tiempo y hace desaparecer el espacio.

Magia porque hace que el mundo entero se concentre en ese instante, que se junten tu pasado, tu presente y, sobre todo, tu futuro. Que todo, absolutamente todo lo que sientes está en tus brazos, de la mano o jugando a la pelota.

Magia de la buena, de la que hace que repitas con él, una y otra vez, Chu Chu Tren! Chu Chu Tren! Así, de repente te conviertes en una vieja máquina de vapor humeante, y ves el tren, en las tres cajas de cartón atadas o en los cuatro lápices puestos uno tras otro o en el suelo con sus vías y vagones de madera y de colores o en las calles de Bruselas en el que si suben y bajan pasajeros. Todos son el Chu Chu tren.

Todos son el “Chu Chu Tren de la felicidad”, todos son el Tren de Pau y también de su avi.

Asi que, ¡viva todas las abuelas y los abuelos del mundo!


domingo, 13 de agosto de 2017

LA INDEPENDENCIA DE CATALUNYA Y LOS SINDICATOS

Es cierto que la fábrica ha perdido centralidad en la vida social y el trabajo    protagonismo en el conflicto social, y con ello, al menos en nuestro país, la clase trabajadora como colectivo ha ido disminuyendo su protagonismo como sujeto político. Un ejemplo evidente lo vemos en el débil papel que está jugando el sindicalismo en el terremoto político y social que está representando el proceso secesionista que se vive en Catalunya, convertido en el centro de debate social y el tema central en los medios de comunicación, mañana, tarde y noche, tanto en Catalunya, como en el resto de España.

También en el hecho de que, hasta ahora, el sindicalismo ha pasado de puntillas sobre el debate de la independencia de Catalunya. No ha ido más allá de pronunciamientos y declaraciones genéricas de los principales líderes de CCOO y UGT sobre legalidades y formalismos, repitiendo tópicos y lógicos llamamientos al diálogo y a la negociación, o afirmando, como es lógico el respeto a la pluralidad de las opiniones individuales que puedan tener cada uno de sus afiliados y afiliadas, favorables o no a la independencia de Catalunya, o partidarios de participar, o no, en el “referéndum” convocado para el próximo 1 de octubre.

Las dos grandes Confederaciones Sindicales tienen aún pendiente debatir, reflexionar y dar a conocer sus opiniones sobre los efectos y las consecuencias que puede tener la independencia de Catalunya para la clase trabajadora de España y de Catalunya y también para su ideario y práctica de sindicato de clase. Sorprende que  este debate haya estado prácticamente ausente en los procesos congresuales que durante estos últimos 24 meses han celebrado todas las estructuras sectoriales y territoriales de CCOO y UGT.

La pregunta es, ¿qué ha cambiado y en qué se ha modificado el ideario y las prioridades de CCOO y UGT desde aquel Plan Ibarreche del año 2005? En aquella ocasión ambos sindicatos lo debatieron profusamente en sus órganos de dirección y se configuraron mayorías y minorías con opiniones diversas, como es lógico en organizaciones plurales. Pero ambos sindicatos fueron claros y contundentes, y juntos ejercieron un fuerte liderazgo en el rechazo de aquel Plan, un Plan que en sus objetivos era idéntico al que hoy estamos viviendo con el anuncio de “secesión” de Catalunya tras el 1 de octubre.

¿Qué ha cambiado en el movimiento sindical en España para que hoy parezca lejano  que se pudiera repetir aquel Manifiesto, encabezado por Marcelino Camacho y Nicolás Redondo, ex secretarios generales  de CCOO y UGT, titulado ¡Sí, tenemos que decidir!.En respuesta a la propuesta, también de secesión, del nacionalismo vasco que representabael Plan Ibarreche declaraban:

“Oponernos a los intentos de fragmentación de España, sea por cualquier vía (Yugoslavia o Checoslovaquia). Proyectos que se amparan hoy en la perversión que identifica la defensa de la unidad de España con el franquismo. Esto no sólo es una falacia, sino que constituye una traición a la memoria de millones de demócratas, librepensadores, republicanos, socialistas, comunistas, anarquistas y nacionalistas democráticos que estuvieron dispuestos a dejar su vida por la defensa de la libertad y la construcción de un proyecto común para todos los ciudadanos españoles

Y defender la libre y solidaria unidad del conjunto de nacionalidades y regiones de España, desde el respeto a su pluralidad y autogobierno, como el mejor medio para aumentar el progreso y la libertad de cada uno de sus territorios y ciudadanos. Debilitar su cohesión, fomentar la fragmentación o conciliar con ello, no beneficia a la “Europa de los pueblos” sino a la de las grandes potencias que aumentan su poder a costa de la desarticulación o la división de los países.”.

Esperemos que por el bien del mundo del trabajo ambos sindicatos recuperen pronto la iniciativa en este proceso impulsado por el nacionalismo catalán, que, si bien está cargado de emociones y para muchos de buenas intenciones, está también lleno de engaños. Y que, por el bien y el futuro del sindicalismo de nuestro país,  párrafos iguales o parecidos a los que firmaron hace doce años Camacho y Redondo no suenen hoy extraños para el movimiento sindical español y catalán.



sábado, 1 de julio de 2017

Olé Paco Carbonero: Viva Comisiones Obreras

Joaquim González Muntadas
Director Ética Organizaciones SL


El Maestro preguntaba a una madre:
«¿Cómo está tu hija?».
«¿Mi hija? ¡No sabes la suerte que ha tenido! Se casó con un hombre maravilloso que le ha regalado un coche, le compra todas las joyas que quiere y le ha dado un montón de sirvientes. Incluso le lleva el desayuno a la cama y la permite levantarse a la hora que quiera. Un verdadero encanto de hombre!».
«¿ Y tu hijo?»
«Ése es otro cantar. . . ! ¡ Menuda lagarta le ha caído en suerte! El pobre le ha regalado un coche: la ha cubierto de joyas y ha puesto a su servicio no sé cuántos criados. . . y ella se queda en la cama hasta el mediodía! Ni siquiera se levanta para prepararle el desayuno. . . !».

Esta breve historia, de las centeneras que escribió el jesuita y contador de cuentos Anthony de Mello (India 1931-1987), explica, con su habitual sencillez que, al valorar un mismo o parecido hecho, las simpatías o los intereses de cada uno tienen mucho peso

Así que, consciente del riesgo de que muchas personas vean un ejemplo más de esa “doble vara de medir”, creo que es  justa y valiente la respuesta de CCOO de Andalucía, de “apoyo total y absoluto” a Paco Carbonero quien, hasta hace pocas semanas, fue su secretario general.  Así lo ha escrito en un COMUNICADO ante el Auto Judicial en el que se le incluye  como investigado, que se hizo público, el pasado 28 de junio, día de apertura del XI Congreso Confederal de CCOO.



La decisión tomada por el Congreso es valiente porque ha preferido mirar de frente y explicar los hechos y con ellos la raíz del conflicto laboral. Como refleja el propio auto judicial, el comportamiento del sindicato y el de Paco Carbonero es correcto puesto que no tuvo ninguna actuación directa en los hechos que sean constitutivos de delito alguno, a pesar del riesgo de esta decisión que puede llevar a la incomprensión en muchas personas, en unos  casos sincera y, en otras,  interesada.  O incluso de cierta incongruencia y contradicción con lo que, seguro, en más de una ocasión, CCOO habrá expresado o incluso criticado,  hechos que muchos pueden comparar o ver como similares.

Pero ahí está precisamente la valentía de asumir la incomodidad de esta contradicción, tanto de Paco Carbonero, pues quien le conoce sabe de su honradez y escasa ambición por los cargos, como de CCOO de Andalucía y de toda España. Y no resolverlo triturando el honor de esta persona, aunque nadie dudara de su honorabilidad y, por lo tanto, haciendo precisamente  lo contrario de lo que se piensa y que la evidencia de los hechos demuestran.

El XI Congreso ha tomado una decisión valiente y también incómoda, precisamente en un día transcendental para su futuro donde se elige el equipo que deberá dirigir la organización los próximos cuatro años. Y ha decidido,  mirar de frente a su afiliación y a la sociedad para defender y  explicar el trabajo hecho en aquel difícil conflicto laboral de hace 12 años conocido como la Faja Pirítica de Huelva.

El Congreso ha decidido mantener a Paco Carbonero en la candidatura de la Comisión Ejecutiva Confederal, tal como estaba previsto.  Un decisión sustentada  por la fuerza que da la razón de saber y conocer su honradez, como dijo Ignacio Fernandez Toxo en su discurso a los delegados y delegadas del Congreso: La única actuación de Carbonero en relación con aquella asociación fue poner su firma para la constitución y a partir de aquel momento dejó de actuar”.

CCOO ha tomado la decisión más difícil e incómoda, por la que seguro va a recibir críticas e incomprensiones que se podría haber ahorrado si hubiera tomado la contraria, pero es precisamente en momentos como estos, cuando se decide poner  por delante la ética a la estética de la comodidad y el aplauso, donde se miden los verdaderos líderes y se demuestran las organizaciones decentes en las que vale participar.


Por esto Ole Paco y viva CC.OO.



martes, 20 de junio de 2017

Sindicalistas, no tengáis miedo de lo nuevo

“No tengáis miedo de lo nuevo”, este es el título del libro, dirigido al mundo sindical, escrito por José Luis López Bulla y Javier Tebar Hurtado, que acaba de editar Plataforma Editorial, prologado por el siempre brillante profesor Antonio Baylos. Es un hecho excepcional, y también una buena noticia para el mundo del trabajo, que se publique un libro sobre sindicalismo, en un país donde no hay prácticamente literatura  que vaya más allá de la historia de las organizaciones o de relatos de algunos conflictos, luchas, o biografías heroicas de sus líderes históricos.

En España se escribe poco, por no decir prácticamente nada, sobre las experiencias de la acción sindical en las empresas. Debido a lo mucho que cotidianamente produce con su acción, negociación y acuerdos en los centros de trabajo, como sucede en la mayoría de los países de nuestro entorno, nuestro sindicalismo merecería más estudio y publicación que ayude a  profundizar en la realidad del mundo del trabajo que es, por suerte, mucho más rico y va más allá de las leyes y sentencias de los tribunales. 

Con este libro, directo y provocador como es su dialéctica, José Luis López Bulla hace una útil aportación al debate sindical, tan necesario en estos tiempos llenos desafíos, cambios y transformaciones profundas en el trabajo y  las empresas. Un libro dirigido a las decenas de miles de personas comprometidas con representar el mundo del trabajo, y con la lucha diaria por su humanización.  En palabras del autor, el sindicalismo precisa una “profunda autoreforma” tanto en sus formas de organización y representación, como en sus formas de comunicar y movilizar. Sobre todo, una profunda actualización en sus propuestas y reivindicaciones para que respondan de verdad a la nueva realidad que se vive en la empresa global, flexible, digital, y al nuevo mercado de trabajo tan distinto al de hace escasos años.

Sobre todo, José Luis López Bulla, insiste en lo que ha sido una constante diaria  en su discurso desde su Blog Metiendo Bulla: “ el problema ….. no es el envejecimiento en las formas de representación del sindicato, especialmente en el centro de trabajo. La cuestión está en la afasia, de un  lado, entre los cambios en el centro de trabajo y el mantenimiento de las mismas formas de representación anteriores a tales mutaciones…… mientras las formas organizativas del sindicato - especialmente la representación - mantienen el carácter típico de los tiempos del fordismo en el Estado nacional”.

Advierte de  que más allá de los papeles aprobados en los congresos,  el sindicalismo confederal debe comprender que la victoria en el conflicto social depende tanto de la justicia de sus reivindicaciones, como de la capacidad de  afiliar y organizar a los trabajadores y trabajadoras que aspira a representar en los centros de trabajo, una condición que no es sustituible con la acción sociopolítica, también necesaria, en las calles y plazas.

Y por otra, este veterano, culto e impertinente sindicalista reitera lo que ha sido en su larga y rica historia de militancia sindical y política, su constante obsesión, la exigencia a todas las personas con responsabilidades sindicales, a todos los niveles, para que se formen y estudien permanentemente. Y que esta necesidad la entiendan como una obligación inexcusable, propia del ejercicio de su responsabilidad, que debería enterrar la vagancia intelectual aún presente en algunos rincones del sindicalismo. Es un buen libro, ameno y útil para la defensa de la utilidad del sindicalismo desde una reflexión sobre sus importantes desafíos.

La segunda parte, escrita por el profesor de historia contemporánea, Javier Tebar con el título “Volver al trabajo, volver al sindicato”  contiene poderosas preguntas como ¿Adiós a la clase obrera? ¿Qué final del trabajo? o ¿Condenados a vivir en el mundo que vivimos?  Son preguntas que nos ayudan a poder afirmar: Compañeros y compañeras, no tengamos miedo de lo nuevo. De nosotros depende.

martes, 13 de junio de 2017

Una huelga general política de la Señorita Pepis para la independencia de Cataluña

Hay que reconocer que los líderes del independentismo catalán han sabido construir unos marcos mentales que han ido consiguiendo que centenares de miles de personas estén hoy firmemente convencidas de que están viviendo una situación idéntica o similar a la de aquellos negros años de la dictadura.

Este marco se resume en “España no es una democracia” y, por ello, el conflicto es la confrontación entre la libertad y el pueblo soberano de unos y los tribunales amañados de los otros. Han conseguido que se identifique al Estado con el gobierno del Partido Popular y sus políticas, cultivando con ello la creencia de que el ADN de España y, por extensión, el de la mayoría de los españoles, es su escasa calidad democrática histórica, frente a la tradición democrática de Catalunya y su gente.

Un marco efectivo y muy trabajado que ha conseguido que la mitad de la ciudadanía catalana identifique el objetivo de la independencia con la confrontación heroíca del débil contra el fuerte, la eterna lucha de David contra Goliat. La libertad frente a la opresión. Y por ende,  contemple a sus líderes como los herederos de Nelson Mandela o de  Rosa Parks del siglo XXI. Incluso que Jordi Pujol se pueda identificar por algunos con el Dalai Lama. Líderes heroicos que llaman a sus fieles a la movilización permanente, al sacrificio personal y colectivo.

Oímos voces de algunas personalidades muy ilustres de la clase bien pensante que hoy dicen estar dispuestas a dar la vida por la libertad (aunque a algunos de ellos no se les conozca ningún sacrificio en aquellos oscuros años de la dictadura)afirmando que vivimos en un régimen sin libertades democráticas, parecido al de Turquía.  Una descripción que a la mitad de los catalanes y catalanas, al menos, nos sitúa en una realidad irreconocible, incluso para quienes entendemos que este gobierno del PP es un nido de corrupción, y sus políticas económicas y sociales son profundamente regresivas, y quienes sabemos que la mayoría de esas políticas y prácticas han sido durante décadas muy similares a las aplicadas por esa derecha catalana hoy tan republicana, radical e insumisa.

Es sorprendente, al menos oír hoy, tras cuarenta años de Constitución y de democracia consolidada, consignas parecidas a las que en clandestinidad discutíamos en las células del PSUC o del PCE, y leíamos en Nuestra Bandera, Mundo Obrero o Treball, con el llamamiento a la Huelga General Política, la que tenía que provocar la ruptura democrática frente al régimen franquista, una acción dura y llena de riesgos, los que a lo largo de la historia de la Humanidad ha comportado siempre la lucha contra las dictaduras: marginación, despido, destierro, prisión, tortura, etc.

No deja de ser llamativo que desde  organizaciones independentistas, y por algunos líderes políticos, se emplace a los trabajadores y trabajadoras catalanas a la movilización permanente, a la ocupación de los espacios públicos y de las infraestructuras, y a la necesaria HPG (Huelga General Política) en Catalunya. Pero, eso sí en este caso, a una “huelga general política de La Señorita Pepis” en la que para  participar en las calles y plazas en el combate final por la recuperación de la libertad, se pida permiso a las empresas para disfrutar de días de fiesta a recuperar, o días de vacaciones.

Así que esperemos que más pronto que tarde seamos capaces de  regresar al país real y al Siglo actual, y se dejen los libros de caballería y de aventuras en las bibliotecas. Necesitados abrir una nueva etapa, llevamos demasiados años girando en la rotonda mientras nos siguen esperando muchos retos que exigen la máxima suma de voluntades y de saberes. Retos que demandan altas dosis de flexibilidad, negociación y cooperación para recuperar la afección mutua entre las sociedades de Catalunya y del resto de España que en otros periodos de nuestra historia común ha sido profunda y solidaria.


Flexibilidad y negociación es precisamente lo que falta en ese tren en el que viaja la mitad de Catalunya y que sí o sí,  anuncia que va a chocar el próximo 1 de octubre. Esperemos, por nuestro bien, que no se tengan que recoger durante décadas los destrozos de una sociedad moderna y democrática como son España y Catalunya.