jueves, 9 de mayo de 2013

PACTO DE ESTADO: SIN COMUNICACIÓN NO HABRÁ ACUERDO


Joaquim González Muntadas

Toda persona experta en negociación sabe que la fase más compleja y determinante de esta difícil tarea se encuentra en garantizar una comunicación clara y creíble entre las partes que la protagonizan. Durante muchos años, hasta el pasado 1 de febrero, he sido el máximo responsable de la Federación Sindical de CC.OO (FITEQA CCOO) encargada de negociar, entre otros muchos, el convenio colectivo el de la Industria Química española. Un convenio reconocido por su utilidad por los trabajadores y trabajadoras de las grandes, pequeñas y medianas empresas de todo el Estado español, y percibido por los empresarios como una fortaleza en las relaciones laborales e industriales de este  sector en nuestro país.

Durante estos años una de las preguntas más habituales que me han hecho los estudiosos de la materia al comprobar la fluidez y el buen resultado de las negociaciones de este convenio colectivo ha sido, ¿a qué responde este particular éxito? Y si respondía a una política distinta de la patronal o de las federaciones sindicales del sector. Mi respuesta siempre ha sido, porque así lo creo, que la razón se debe buscar en el método de negociación, que es particular, y ha garantizado que las negociaciones del convenio colectivo se inicien previamente con diversas jornadas presididas por el Presidente de Consejo Económico y Social, donde patronal y sindicatos intentan poner en común la realidad económica, industrial y laboral del sector y mirar juntos la realidad desde la que debe partir la negociación. 

Compartir un mínimo análisis de la realidad es condición necesaria –y por supuesto no suficiente-, para garantizar que en cualquier negociación se hable el mismo lenguaje. Otra cosa radicalmente distinta serán las alternativas y las propuestas que se aportan en toda negociación leal y profesional, para que destilen y puedan concretar un acuerdo, o en este caso, alcanzar el Pacto de Estado que necesitamos para afrontar con todas las fuerzas posibles la lucha contra el paro y sus consecuencias humanas, sociales, económicas y políticas.

Partir del kilómetro cero es lo que se ha hecho en las diversas negociaciones para la Reforma del Sistema de Pensiones, como parece que también será en la comisión de expertos que se inicia, ya que se ha entendido que una negociación para afrontar unidos un problema no es mirarse uno al otro, sino mirar juntos el mismo problema, algo que todavía está muy lejos de lo que está sucediendo para conseguir un Pacto de Estado.

El protagonista y principal responsable de este déficit es el Presidente del Gobierno, quien tiene la responsabilidad de liderar el diálogo e impulsar la suma de compromisos con la negociación. No hay debate parlamentario, ni cauces para la reflexión común, y la participación en las instituciones se seca. Su política de comunicación impide la discusión y  la aportación de propuestas, mientras que sus mensajes resultan difusos, contradictorios y cambiantes. Si no modifica de forma radical esta política de comunicación, va a dificultar, por no decir impedir, cualquier negociación. Por esto veo muy difícil un Pacto de Estado entre el gobierno y la oposición, porque es difícil entender -y sobre todo creer- la mayoría de las improvisadas y cambiantes propuestas.

La mayoría de la sociedad está harta de comprobar que quien gobierna dice una cosa y hace otra para que parezca la contraria. Esta falta de claridad y coherencia en la acción explica el desapego de la ciudadanía hacia las instituciones políticas y hace todavía más difícil el éxito de ésta y cualquier negociación, porque la comunicación es siempre la primera condición mínima que permite entenderse a personas y organizaciones, a no ser que alguien sea tan deductivo como Manuel, personaje de este ilustrativo chiste: 

"Manuel viaja a Santiago para ver a su amigo Carlos que por suerte lo encuentra a los pocos minutos en esta ciudad. Cuando le ve, Carlos exclama muy sorprendido  "¿qué haces aquí Manuel?”. Y  este le responde con toda  naturalidad: “venía a verte”. “¿Y cómo supiste que estaba en Santiago?”. “Fue muy fácil”, le contestó Manuel. “Me acerqué a tu casa en Pontevedra, y tu mujer me dijo que habías ido a A Coruña, para que yo pensara que estabas en Vigo. Pero lo entendí claro y en seguida y me dije, "Carlos está en Santiago”. 

Sin un análisis compartido de la realidad y sin un esfuerzo de comunicación que sea algo más claro que el de los personajes del chiste, es difícil que se pueda superar la incapacidad de las fuerzas políticas para el diálogo y el acuerdo, porque están más cómodos en la descalificación y en el intento obsesivo de destruir al contrario, objetivo para el cual cuentan con la inestimable y entusiasta colaboración de importantes medios de comunicación y que a buen seguro están consiguiendo como reflejan las últimas encuestas del CIS.

Dejemos de improvisar ocurrencias, dejemos la astucia para otros menesteres y pongámonos  en serio a trabajar por un Pacto Social y Político, por el empleo, la protección social y la actividad económica, la situación lo exige.  

viernes, 26 de abril de 2013

Bangladesh,


El pasado día 24 de abril en la ciudad de Savar, Bangladesh, se derrumbaba un edificio con varias fábricas textiles que a fecha de hoy ha causado 382 muertos confirmados, cientos de desaparecidos y varios miles de heridos, lo que podría elevar la cifra final de fallecidos a varios centenares más. Un nuevo y gravísimo accidente que se añade a la larga lista de tragedias ocurridas en los talleres textiles de este país asiático. En abril de 2005, 64 trabajadores murieron al desplomarse la fábrica de confección Spectrum, también en Savar. En febrero de 2006, 18 trabajadores perdieron la vida, 25 en junio de 2010, y  en noviembre de 2012, 100 trabajadores más murieron en el incendio de otra fábrica. Todos estos incendios y derrumbes responden a construcciones e instalaciones inseguras y deficientes.



En Bangladesh los medios para garantizar la seguridad en el lugar de trabajo son prácticamente nulos, tan sólo cuentan con 18 inspectores y subinspectores para controlar miles de fábricas en el distrito de Dhaka. Unos déficits que si bien suponen una directa responsabilidad del gobierno y las organizaciones empresariales del país, las empresas multinacionales que fabrican sus productos en este país deben conocer. No pueden alegar que no es de su responsabilidad lo que suceda en fábricas que no son de su propiedad y mirar para otro lado. No pueden defender que no va con ellas si las personas que trabajan los productos de sus marcas mueren quemadas, aplastadas en sus lugares de trabajo o apaleadas por el ejército cuando reclaman libertad sindical. No pueden defenderse alegando que desconocen los  abusos que se producen en los centros de trabajo, o que sus auditorías no han detectado los déficits de derechos sindicales, los déficits en seguridad y las indecentes condiciones de trabajo con que se fabrican las prendas de sus marcas. Si así fuera, y sus Códigos de Conducta y sus auditorías no fueran capaces de detectar e impedir catástrofes e incumplimientos flagrantes y constantes de los derechos fundamentales del trabajo, sería el momento de que replantear su política de Responsabilidad Social y repensar una política comercial que no es capaz de garantizar que no sucedan catástrofes como la del pasado 24 de abril.



La Confederación Internacional de Sindicatos resalta en su último Informe titulado “Responsabilidad Subcontratada” que hace pocos meses se produjo otro dramático ejemplo de auditorías sin rigor en la fábrica de ropa de Ali Enterprises in Karachi, Pakistán, donde puertas y ventanas bloqueadas impidieron que los trabajadores pudieran salir del edificio en llamas, de los que murieron 290. Hacía sólo tres semanas que esta fábrica había sido certificada por cumplir supuestamente los estándares SA8000 sobre los derechos y seguridad de los trabajadores. Nadie, ningún técnico ni experto, había visitado la fábrica.



Ali Enterprises recibió la certificación global de SAI y el correspondiente acceso a contratos con importantes marcas y mercados como lugar de trabajo socialmente responsable y seguro. Ahora, una de las empresas para las que fabricaban prendas en los talleres del edificio derruido, afirmó que este taller había pasado recientemente una inspección con resultado de cumplimiento positivo de los estándares exigidos en el Código de Conducta de esta multinacional, que visto el resultado de la inspección, mucho deberán mejorar para que sus auditorías tengan la mínima utilidad y su Responsabilidad Social la mínima credibilidad.



Una de las reacciones más extendida en amplios sectores de la sociedad consiste en reclamar a las empresas de la moda que no trabajen en ese país. Lamento no coincidir. Entiendo que sería la opción más fácil, cómoda y, si me apuran, también la más barata para las empresas, la que menos favorece a los trabajadores y las trabajadoras bengalíes, frente a la necesidad de practicar una política real de Responsabilidad Social con inversiones que garanticen el trabajo sin muertes ni accidentes, con un salario vital y empleo digno, a partir de un rigurosa y costosa, es verdad, vigilancia del real cumplimiento de los Códigos de Conducta, necesariamente complementada con la activa intervención del sindicalismo nacional e internacional.



Es hora de decir basta para que el drama irreversible de estas catástrofes, de estos cientos de muertes y miles de damnificados, provoque la exigencia radical y decisiva de cambio en las empresas, que de una vez por todas, traspase las buenas palabras y las excusas. Es hora  de exigir que las empresas cumplan con su obligación, que respondan y cumplan lo escrito en los folletos de su Responsabilidad Social. Es hora de no abandonar a los trabajadores de Bangladesh, de mejorar sus condiciones de vida, de trabajo y garantizar su seguridad y sus derechos, depende también de nosotros.


viernes, 19 de abril de 2013

EL HOMBRE QUE TENÍA DOS ESPOSAS Y ARTUR MAS


‘Hace muchos años, un hombre de mediana edad tenía dos esposas; una de ellas joven, la otra, vieja. Las dos lo querían mucho y cada una de ellas deseaba que el hombre fuera como ellas. Pero el cabello del hombre empezaba a encanecer, lo cual no gustaba a la joven, porque lo hacía demasiado viejo para ella. Todas las noches solía peinarlo y aprovechaba para arrancarle todos los cabellos blancos que veía. Por su parte, la vieja veía complacida cómo el cabello de su marido iba encaneciendo, pues no le gustaba que la tomasen por su madre. Todas las noches, con la excusa de arreglarle el pelo, le arrancaba cuanto cabello negro veía. La consecuencia de todo esto fue que en poco tiempo este hombre quedó con la cabeza sin un solo pelo".

Esta antigua fábula de Esopo refleja la contradictoria situación que está viviendo Artur Mas, President de la Generalitat de Catalunya, tras las últimas elecciones del pasado 25 de noviembre. El líder de Convergencia Democrática de Catalunya vive como el hombre de la fábula: cada una de las mujeres hace bien su trabajo, la joven para disimular en lo posible su madurez, y la vieja para evidenciarlo al máximo.  

Seguramente quien haya llegado hasta aquí en la lectura habrá puesto nombre a cada una de las mujeres de la fábula, representantes de intereses contrapuestos. Una es Oriol Junquera y la  otra, Mariano Rajoy. Ambos, y cada cual a su estilo y manera, van arrancando con igual amor los pelos (la iniciativa y el protagonismo) al President, uno, los negros y el otro, los blancos. Ambos, con intereses opuestos y contradictorios, seguirán haciéndolo hasta dejarle totalmente calvo, sin protagonismo alguno, y hasta que CiU pierda su valor político, el valor de la centralidad en la sociedad catalana y la fuerte influencia que hasta hace poco tenía en la gobernación del Estado español.

Centralidad política y social, que no es lo mismo que dar una de cal y otra de arena, como ir entre semana a la Moncloa -lo que es de aplaudir-, para intentar resolver la difícil coyuntura económica que padecemos, y el domingo a Pallejà (Baix Llobregat), para defender en un mitin el “SI”, como si estuviéramos ya en proceso de consulta –virtual, más bien-, ya que todavía están por concretar la pregunta, la fecha y las bases del hipotético proceso soberanista. Un día, el de descanso dominical, en el que Mas concentra su mensaje en lo emocional, precisamente aquello de lo que vamos sobrados tanto en la sociedad catalana como en la española.

Una parte de la encrucijada y de los mensajes contrapuestos que vivimos en Catalunya se expresa en los movimientos de acercamiento de Mariano Rajoy de las últimas semanas, y lo ilustra también muy gráficamente el Conseller Germà Gordó, destacado dirigente de CDC y del Gobierno de Artur Mas, diciendo que entre la rebelión para continuar existiendo (Pau Claris) y la voluntad de diálogo sin renuncias (el Compromiso de Caspe), él cree y, lo más importante, espera, que la sociedad catalana opte, como lo ha hecho siempre y de forma mayoritaria, por el consenso y el diálogo. Un deseo que se acerca a la estrategia de acercamiento de una parte de los dirigentes del PP y a los aires revisionistas del PSOE de Rubalcaba, lo que podría dar como resultado, en el corto y medio plazo, una clara mejora de la financiación de Catalunya y sus infraestructuras, así como el imprescindible respeto al hecho diferencial, empezando por la lengua y la cultura propia.

Como la otra cara de la moneda, ERC empujando el Sí o Sí de Artur Mas en la anterior campaña electoral, coloca la independencia en el centro y prioridad de la política catalana a corto, medio y largo plazo, como explicación de todos nuestros problemas y también de todas sus soluciones. De ello se desprende la necesidad de rechazar reformas y consensos e iniciar de forma urgente, sin más demora, y como ha definido Oriol Junquera “el camino sin retorno”, concretando la fecha en 2014 – tal como se firmó en el Pacto CiU y ERC - la consulta para la soberanía. Por esto desde esta perspectiva estamos viviendo un supuesto proceso de transición, con su “Consell Català per a la Transició Nacional” incluido.

Artur Mas, como el  hombre de nuestra fábula que se quedó sin un pelo, corre el riesgo de que en el contexto de la delicada situación de emergencia económica y social que vivimos, acabe sin credibilidad. Falta de credibilidad generada por seguir explicando la acción de gobierno con jeroglíficos que pueden valer para una cosa y la contraria como "No hay proyecto nacional sin proyecto social y no hay proyecto social sin proyecto nacional". Esta frase  que seguro es útil en campaña electoral, pero no lo es para una acción de gobierno que debería ser clara, previsible y generadora de confianza, en este delicado momento atravesado de graves problemas en el empleo, la sanidad, la educación, la vivienda, etc. Los dirigentes políticos y sociales están llamados a resolverlos liderando con generosidad el esfuerzo común y  la suma de  voluntades, y a estos objetivos sólo se responderá desde la claridad del mensaje y la credibilidad de los dirigentes políticos, siendo conscientes de que “no es lo mismo tener una cita con la historia, a que al final la historia les cite”.

miércoles, 10 de abril de 2013

NECESITAMOS UN "REVAMPING" POLÍTICO



Joaquim González Muntadas

En la Industria Química se entiende por ‘revamping’ las acciones de mejora de una determinada planta química dirigidas a modernizar equipos y procesos y a la incorporación de nuevas herramientas con el objetivo de mejorar la producción. Con ellas se optimiza y se facilita la operativa, se reduce el consumo y se incrementa la seguridad, y todo ello sin necesidad de construir una nueva planta cuyo coste sería inasumible.

Como esa planta química, España precisa urgentemente de un ‘revamping’ porque están fallando casi todos los indicadores de funcionamiento: el institucional, el político, el económico y el social. Todos se han deteriorado y la razón,  como en la planta química,  es que no ha habido el necesario mantenimiento ni la innovación constante. Cuando más se precisa en la crisis económica, falla la red social, los tirantes institucionales y las políticas de cooperación, de diálogo, de compromiso compartido y de consenso.

Falla la transparencia y la solidaridad institucional y aflora el sectarismo, social, político e institucional, y el desprestigio de todos los agentes por los que necesariamente debe pasar la solución, ahondando en una particularidad muy nuestra, como es el desapego a la participación activa de la ciudadanía en la política.

Partimos de una cultura ciudadana acostumbrada a convivir con la apatía hacia la política, con el "apoliticismo": España es el país de Europa con los niveles de participación política y social más bajos; cuatro de cada diez españoles considera que es mejor no meterse en política; tan sólo el 2,8% pertenece o participa, de alguna forma en un partido político. La única actividad en donde los españoles estamos por encima del resto de los europeos es en la participación en manifestaciones. Igual es que en determinadas circunstancias somos un país que nos sobra temperamento y nos falta carácter.

Así, a veces, parece que no existen ideologías, mi políticas de derechas o de izquierdas, justas o injustas, acertadas o equivocadas, que no existen empresas que especulan o deslocalizan, ni otras que invierten y crean riqueza, innovación y empleo, etc. Nada de esto existe, han desaparecido del debate público, de las ideas, de los buenos y los malos ejemplos, mientras encontramos la explicación a todos nuestros males en la política y los políticos. Explicación cuanto menos curiosa para una sociedad apolítica y que apenas interviene, participa, controla y fiscaliza la gestión pública, porque considera que no va con ella, que son cosas de “esos” políticos.

La culpa la tienen los políticos. Qué suerte tienen y qué poco miedo les da a algunos sectores esta conclusión y esta denuncia, aunque llene la calle de cacerolas y manifestantes gritando "el próximo parado un diputado", o incluso que en las tertulias familiares se oiga decir "todos son iguales”. A algunos les puede parecer muy innovador, e incluso revolucionario, pero en este país es más viejo que el hilo negro. Expresiones que, quizás, sólo se explican por los largos periodos que hemos vivido sin democracia.

Así que estamos ante el curioso -por no decir contradictorio- convencimiento social de que la responsabilidad única de la grave crisis económica es de los políticos y, a la vez, persistimos en una escasa participación ciudadana a través de partidos y asociaciones, que  deberían ser los cauces principales para transformar el statu quo de las cosas.

Seguimos renunciando y desmotivando, cuando no denostando, la afiliación y la militancia política y sindical, y seguimos sin entender que prescindir de los partidos, de las patronales y de los sindicatos, de estos instrumentos necesarios e insustituibles, hará más difícil cualquier solución, porque sin organizar la participación ordenada de la ciudadanía como resultado de la militancia social y del compromiso político estable, no habrá alternativa a la improvisación, a las tertulias y cenáculos o a la atomización corporativa, y no habrá propuestas coherentes y razonables que nos saquen de ésta.

Necesitamos hacer un "revamping" a este país como a esa planta química, para mejorar  su seguridad, productividad y calidad, y para ello, es necesario que  en el Parlamento este la centralizad política y no sólo la pelea y que la sociedad invada los partidos políticos para  que rompan su autismo. Un "revamping" que unos le llamaran "Nuevo Pacto Constitucional" o "Nueva Transición" y  otros " Gran Pacto" y que todos expresan que hemos agotado una época y que hay que actuar.

Actuar como todas las sociedades democráticas que han superado una crisis de esta naturaleza e identidad, que ha sido con diálogo y consenso. Y para ello se precisa la activa participación de todos los implicados, es decir del conjunto de la sociedad, y con ella un efectivo liderazgo, no efigies en la pantalla de plasma.





(1) La ciudadanía europea en el siglo XXI. Mariano Torcal Loriente

lunes, 1 de abril de 2013

OÍDO SINDICATOS: CON LA CABEZA BIEN ALTA



Joaquim González Muntadas

Había una vez un hombre que al cruzarse con otro por la acera le sujeta por el brazo y le exclama con alegría: ¡Hola Manuel, cuánto tiempo y qué cambiado estás! Y ante el silencio de éste, el hombre, con la misma alegría, le continúa diciendo, «muchacho qué cambiado estás, tan delgado y calvo que eras antes, y ahora tan gordo y con esa melena». Y ante la falta de respuesta, el hombre  sigue insistiendo: que cambio chico, si incluso eres mucho más alto, dónde vas a parar Manuel, vaya cambio que has hecho, nadie diría que eres tú. Disculpe señor, le contesta el otro, lamento decirle que no le conozco de nada, y además debo aclararle también que yo no me llamo Manuel, me llamo Juan. Lo ves Manuel, lo que has cambiado, lo que  yo te digo, si incluso te has cambiado el nombre, Manuel.

Esta simpática fábula expresa bien lo difícil que es conseguir que se cambie de opinión cuando está predefinida y más aún si responde a un interés, pero lo que sucede en la realidad política y social de nuestro país, donde los niveles de sectarismo irracional en la cosa pública son habituales y se agravan de día en día, no es un chiste.

Es normal que desde su ideología y perspectiva particular, cada persona analice la actualidad política y social, pero no debería ser tan normal el extendido hábito de negar la más mínima razón al que no coincide con las ideas de uno, ni tampoco debería ser lógico que lo que hagan ‘los de uno’ sea siempre impecable, y lo que hagan ‘los del otro’ siempre sea negativo, cuando no corrupción.

No es sensato ni sano socialmente el sectarismo extremo que se ha apoderado del panorama de nuestras relaciones políticas, que en gran medida explica que seamos incapaces de acordar y compartir soluciones comunes ante la grave situación de crisis económica, social e institucional que estamos padeciendo. Este panorama debería obligar a los líderes políticos y sociales a tomar conciencia y corregir esta negativa realidad. De lo contrario, acabaremos yendo a paso firme hacia un país donde despreciar al otro será la norma y los valores sólo servirán para agredirnos.

Lo más grave es que se ha instalado en una parte de los dirigentes políticos, y en sus medios de comunicación afines, que la permanecía en el poder o su conquista sólo depende de haber destruido  al contrario. Esto explica el todo vale, sea verdad, mentira o medio pensionista, y que se pida la dimisión, responsabilidades políticas, comisiones de investigación parlamentaria o comparecencias, por ejemplo, por una noticia de prensa no contrastada, si ésta se refiere a los otros.

Un ejemplo de lo anterior lo vemos casi cada día ante las noticias que se refieren a denuncias, escándalos o procesos judiciales. En el caso de los ERES de Andalucía estas últimas semanas, con especial virulencia e instrumentalización por parte de algunos sectores que han visto una ocasión de oro para intentar la destrucción de uno de sus principales enemigos, el sindicalismo. ¡Qué mejor que poder presentar como espuria la legítima actividad sindical y como delictivo el legal cobro de sus servicios!.

Mezclando comportamientos graves y delictivos de personas ajenas a las organizaciones sindicales y calificando como soborno o comisiones ilegales y tráfico de influencias lo que es parte de la actividad propia de la responsabilidad y la actividad sindical: el asesoramiento, participación y negociación en las, por desgracia, demasiadas  empresas en crisis, sin recursos, con trabajadores excedentes, quienes en ocasiones precisan de ayudas de las Administraciones Públicas para tratar una solución menos traumática que los 20 días por año trabajados contemplados en la Ley, como es la jubilación anticipada. 

Es verdad que se trata de una opción más cara, pero gracias también a la acción sindical ha sido utilizada por miles de empresas españolas de todos los sectores y en todos los territorios. Una fórmula que ha beneficiando a decenas de miles de trabajadores y trabajadoras, en su gran mayoría, sin ayudas públicas, y en otras, sin recursos propios, gracias a esas ayudas del Gobierno Central o Autonómicos, que han permitido que miles de trabajadores y trabajadoras pudieran  evitar lo que hoy están padeciendo la gran mayoría de los despidos individuales y colectivos: personas  de cincuenta y cinco años que resultan condenadas al paro permanente y a un futuro con una  fortísima pérdida del valor de su jubilación por la que han cotizado durante más treinta años.

Los sindicatos tienen que hacer un esfuerzo muy especial para aclarar a quienes las últimas noticias pueden haber producido preocupación o incluso decepción, estos malos entendidos. Deben explicar su trabajo con la cabeza bien alta, deben explicar que cuando intervienen en los expedientes de crisis de una empresa, han cobrado, cobran y seguirán cobrando por los servicios y el trabajo que prestan sus abogados, sus economistas, sus técnicos, sus actuarios y sus sindicalistas.

Los sindicatos deben hacer un esfuerzo para explicar su función legitima y legal aunque sepan  que es  difícil, por no decir imposible, convencer a nadie de su error cuando cree que ha encontrado una eficaz munición, como es la acusación de corrupción, contra uno de sus principales enemigos, los sindicatos, en un momento especialmente sensible por la saturación de casos y por la grave crisis.

Es tan difícil como intentar convencer al hombre de la fábula que Juan  no es Manuel, pero ahí tienen hoy CCOO y UGT una de sus prioridades: la de evidenciar, porque hay razones y hechos suficientes para demostrarlo, que los sindicatos españoles son parte de lo más sano de este país y por esto deben afrontar estos momentos difíciles con la cabeza muy alta.

sábado, 30 de marzo de 2013

NECESITAMOS MÁS PLANES DE IGUALDAD



Joaquim González Muntadas

Este mes, coincidiendo con el 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer Trabajadora, se han presentado y publicado un sinfín de informes relacionados con los avances y a veces retrocesos de las mujeres en el trabajo y en la sociedad. Se han vuelto a poner de manifiesto las diferencias salariales por razón de sexo, también las dificultades para avanzar en la presencia de mujeres en los consejos de administración de las empresas, donde vemos como año tras año, a pesar de las leyes y recomendaciones nacionales y europeas se mantiene la escasa presencia de mujeres en éstos. Hemos conocido la relación directa entre contrato a tiempo parcial y mujer y se han publicado estudios muy importantes sobre la relación entre mujer y pobreza, que deberían tener mayor difusión porque denuncian situaciones que la sociedad  está obligada a corregir.

En estas fechas también deberían conocerse los avances efectivos, aunque silenciosos, que se han producido en muchas empresa y sectores, avances en los que mucho tiene que ver la RSC, la acción sindical, la negociación colectiva y el diálogo, y en los que son protagonistas trabajadores y trabajadoras, empresarios, sindicatos y patronales. Avances en la contratación de mujeres en sectores industriales hasta ayer masculinizados o en la corrección de diferencias salariales en situaciones de trabajo de igual valor. Avances en acciones de conciliación o en mayor atención formativa a las mujeres. Avances reales, insisto, fruto de la acción, del diálogo, de la sensibilización sindical y empresarial, pero vemos también que son avances sujetos al riesgo del abandono a medida que se va agravando la crisis y muchas empresas tiene la tentación de relegar sus compromisos y planes de igualdad por entender que son” lujos” prescindibles en situaciones difíciles como las que vivimos.

Pero la noticia más impactante es la aparecida en diversos medios de comunicación encabezada por el titular: "Las empresas prefieren a los hombres para gestionar la crisis" que nos informa de la reducción del número de mujeres en cargos de responsabilidad ejecutiva, que han pasado del 19,50 % en el año 2009  al 10,30 % en enero del 2013, como se ha dado a conocer en el estudio realizado por la escuela de negocios AEDA y la consultoría de recursos humanos ICSA.

El estudio refleja el retroceso de las mujeres en las responsabilidades ejecutivas por entenderse que los valores que aportan no son los más apropiados para afrontar la dura situación de crisis, expresando un grave retroceso cultural que delata el paso atrás de reforzar aquellos viejos, rígidos y además ineficaces valores en la gestión empresarial y así enterrar las buenas intenciones expresadas en los cientos de seminarios, campañas y jornadas para propagar y sensibilizar en la necesidad de que las empresas cuenten, más de lo que lo hacen, con el talento y los valores femeninos en la gestión empresarial.

Lo más grave de esta noticia es que advierte que estamos retrocediendo en el tiempo y en el espacio, y que en los ámbitos de muchas empresas y de la sociedad se sigue persistiendo en el error de entender que la rigidez y la jerarquías son las mejores formas de gestión para la salida de la crisis, cuando han sido precisamente estos valores, junto al autoritarismo, los causantes de parte de nuestro histórico retraso económico, de nuestro débil tejido productivo y  de la escasa innovación. 

Es muy mala noticia precisamente ahora y en estas circunstancias, porque deberíamos considerar más que nunca que sólo nos sacarán del pozo de la crisis mayores grados de flexibilidad y de participación, unos valores más identificados con la mujer, que deberían propiciar en muchas empresas un cambio en las formas de gestión empresarial que aporten una nueva cultura allí donde todavía hoy estén marcadas por el autoritarismo y el machismo. Por esto precisamos más Planes de Igualdad, como nos demuestran día a día las empresas con futuro, para conseguir entornos con hombres y mujeres iguales en derechos y oportunidades, capaces de integrar y aprovechar su diversidad y pluralidad. Hagamos el esfuerzo de incluir más mujeres en la gestión, si no es por justicia, por demostrada eficacia. 

miércoles, 20 de marzo de 2013

NECESITAMOS MÁS RSC


Sin abandonar la prevención frente a las manifestaciones, que las hay, de papanatismo y oportunismo en torno al concepto de Responsabilidad Social Corporativa o Empresarial (RSC o RSE), deberíamos ver este concepto como un nuevo campo por explorar y un largo camino por andar tanto en las relaciones laborales e industriales de nuestras empresas, como de especial utilidad para el conjunto de la sociedad.

Es el momento para que el Movimiento Sindical incorpore con fuerza en la negociación colectiva propuestas, iniciativas e instrumentos que garanticen la participación de los trabajadores y trabajadoras y la de sus representantes, en el seguimiento y verificación del cumplimiento de los compromisos de Responsabilidad Social adquiridos por la empresa, para que no ignore a las personas que trabajan en sus productos aunque estén a miles de kilómetros de su sede central, y que estos compromisos atiendan la responsabilidad en las condiciones de trabajo, en el respeto de los derechos humanos y los derechos fundamentales del trabajo de las personas que manufacturan sus productos, sean éstos muebles, vestidos, zapatos, ordenadores, alimentos, teléfonos o automóviles etc.

Es la hora también de que las empresas comprendan que sus trabajadores y los sindicatos que los representan no son un grupo de interés más (organizaciones de consumidores, de accionistas u ONG), como los califican muchos de los manuales de gestión de la RSC, porque del buen o mal comportamiento social, de la buena o mala imagen y reputación de su empresa, depende el presente y futuro de su empleo.

Precisamos más Responsabilidad Social en muchas de nuestras empresas, pero también en las entidades e instituciones que nos gobiernan y que nos representan, nos lo demanda la realidad como reflejan las últimas encuestas: la EPA con los 5.965.400 personas en paro y el desempleo juvenil y el Barómetro del CIS, donde el 90,80% de la población califica la situación económica como mala o muy mala, donde sólo el 2,6% percibe la situación política como buena, y mientras la ciudadanía sitúa a la política en general, y a los partidos y los políticos en particular como el tercer problema.

Necesitamos más Responsabilidad Social a todos los niveles y necesitamos pensar en este país como una gran empresa que le urge revertir la negativa percepción que tienen de ella sus propios trabajadores y trabajadoras, y precisa recuperar la credibilidad en el proyecto empresarial, algo imprescindible para aspirar a tener un futuro, como imprescindible es también que la ciudadanía alcance a creer en un proyecto social común cuando estamos dominados por la segmentación y por el corporativismo del sálvese quién pueda.

Precisamos más Responsabilidad Social para revertir la desesperanza y el desasosiego que provoca la evidente crisis institucional que padecemos y poder convertir la lógica indignación en propuestas creíbles de regeneración. Lo preciamos, como lo necesitan los trabajadores de una empresa en crisis para impedir que la falta de confianza en sus gestores les lleve a la desesperanza y con ello al fracaso seguro, y recuperar urgentemente con hechos y resultados la imprescindible confianza en la clase dirigente para gestionar una salida razonable a la crisis antes de caer en el pozo del nihilismo social hacia el que estamos caminando a pasos acelerados.

Por esto podría ser muy útil fijarnos en la acción de esa empresa que necesita reinventarse y adaptarse a la nueva realidad, fijarnos en esa empresa que decide impulsar su Plan de RSC y atender con ello a las tres acciones principales que deberá acometer como le indicará cualquier manual de ayuda para impulsar su Responsabilidad Social. La primera, la necesidad de construir unas relaciones sinceras con los diversos grupos de interés, o sea, la necesidad de construir con el diálogo y el consenso. La segunda, comunicarse con la sociedad con informaciones claras, transparentes y reales, diciendo siempre la verdad para ganar la necesaria credibilidad. Y tercera, atender siempre al equilibrio económico, social y medio ambiental, lo que no se está haciendo hoy en política económica, social y medioambiental. Precisamos más Responsabilidad Social en todos los ámbitos de nuestra sociedad y sin ella difícilmente saldremos de esta.