jueves, 30 de abril de 2020

LLAMAMIENTO A LOS SINDICATOS NACIONALES Y EUROPEOS POR UNA UNIÓN EUROPEA FEDERAL Y UNA POLÍTICA DE DESARROLLO SOSTENIBLE


Sergio Cofferati, Joaquim González Montadas, José Luis López Bulla y Gaetano Sateriale


Los firmantes de este Llamamiento expresan, en primer lugar, su plena solidaridad con los que, a causa de Covid19, sufren los efectos de la pandemia, a quien ha perdido su propio trabajo y a quienes han puesto sus conocimientos, competencias y su tiempo al servicio de los demás. La crisis que estamos viviendo requiere respuestas adecuadas por parte de la política y de las instituciones nacionales y europeas. 
  
Frente a los soberanismos y regionalismos que, en los últimos años, han imaginado y difundido la idea de que se podía tirar adelante sin el euro, sin la Unión Europea y, en cualquier caso, sin Estados nacionales, la izquierda ha permanecido demasiado en silencio arriesgándose a ser condescendiente con la idea de que la clausura de «cada uno a lo suyo» podía ser una vía para un nuevo bienestar de las poblaciones. Y sin decir, como hubiera sido conveniente, qué reformas eran necesarias en los Estados y en la Unión Europea para sobrevivir en un nuevo sistema federal o confederal.  

Cuando la gestión de la crisis económica de 2008 la UE adoptó políticas insolidarias haciendo de los vínculos del Presupuesto de los respectivos Estados la única variable para decidir las políticas económicas que debían adoptarse. Sin respetar los vínculos del Presupuesto no se podían hacer inversiones públicas para el crecimiento, era lo contrario de una normal política económica expansiva.  Fuera de esta regla (que destruyó la economía y el welfare griego) sólo se podía conceder flexibilidad a tiempo parcial. De ello se beneficiaron, a menudo, más los países fuertes que los que estaban en dificultades.

Con la crisis sanitaria, social y económica que estamos viviendo a causa del Covid19, las dificultades de la EU para dotarse de nuevas políticas homogéneas y unitarias se han hecho todavía más macroscópicas. Dando la sensación (o la certeza) de que algunos países de la UE piensen, una vez superada la crisis, poder volver a aplicar las reglas y el modelo de desarrollo de siempre sin reforzar las políticas fiscales comunes y dotarse de un nuevo Plan Marshall” que garantice desarrollo y ocupación en los países más golpeados.  La idea, afirmando nuevamente, que es posible «el europeismo en un solo país».

Frente este auténtico riesgo de disolución de la idea de Europa (independientemente de los tratados, que se van reescribiendo completamente para transferir importantes competencias de los Estados a la UE), la izquierda política está  silente y muy débil, y donde cada partido  o coalición prefiere dialogar con sus propios gobiernos nacionales y no buscar una propuesta común. Lo mismo se puede decir, desgraciadamente, del Sindicato europeo, que tiene la desventaja de no estar presente en ningún lugar institucional y que aparece, por tanto, callado o incluso inexistente.  En cambio, sería necesario y urgente  que los sindicatos nacionales definieran una plataforma común para medirse con las instituciones europeas y construir un necesario New Deal.

¿Cuáles podrían ser las líneas estratégicas de esta nueva política económica y social? En nuestra opinión debería ser la Agenda para el desarrollo sostenible 2030 de la ONU. Entendida en toda su globalidad, a partir de las políticas de sostenibiliad ambiental, pero sin limitarse a aquellas. Basta ojear la plataforma ONU (firmada por todos los Estados europeos) para darse cuenta que la ventaja de sus contenidos es muy amplia, pues van de las cuestiones ambientales a las sociales y económicas.  Poniendo en primer lugar la lucha contra la pobreza y las desigualdades sociales. Y en todo ello, tras la crisis sanitaria, es necesario introducir el tema del welfare.  El welfare universal ha sido, por lo menos desde la segunda mitad del siglo pasado, una característica peculiar del modelo social europeo e, incluso, un factor de ciudadanía y de identidad cultural. No hay duda que frente a las pandemias este modelo social deba ser mejorado y reforzado para una mayor eficacia y homogénea extensión territorial.

Cambiar las políticas y las estretegias de desarrollo es la condición necesaria para crear nuevos trabajos frente a los procesos de trasformación de las necesidades y de los mercados  que ya no soportan la simple repetición de los modelos de consumo que hsta ahora hemos conocido.

Este es un llamamiento para que las fuerzas sindicales nacionales y europeas inicien la tarea de preparar su futuro y el nuestro.



miércoles, 29 de abril de 2020

VIVA EL PRIMERO DE MAYO Y LA MILITANCIA SINDICAL


Quim González Muntadas



Es en la militancia sindical donde un trabajador se puede realizar mejor como persona”.
Julián Ariza Rico, histórico dirigente de CCOO.


Cada año el 1º de Mayo miles de veteranos sindicalistas nos encontramos en las calles de nuestros pueblos y ciudades, participando con nuevos compañeros y amigos en los actos de esta jornada histórica del movimiento obrero, particularmente en la obligada manifestación de ese día. Nos abrazamos y, en un repetido ritual, nos preguntamos por la salud, por los nietos, por el trabajo de los hijos y las hijas, y por compañeros comunes que este año no hemos visto en la manifestación. Cada uno y cada una formulamos nuestro editorial sobre la coyuntura política y social del país y del mundo. Recordamos con orgullo luchas comunes y olvidamos viejas diferencias y duros enfrentamientos que a veces tuvimos y que, por suerte, hoy ya no se dan en las organizaciones sindicales, al menos con aquellos niveles de dureza. Quedamos, con el mismo grupo de cada año, a tomar unas cervezas y pinchos cuando se acabe la manifestación, en el mismo bar o tasca de cada año. Y también, como cada año, hacemos el balance del éxito o fracaso de la manifestación: “más gente que el año pasado”, “siempre somos los mismos, ¡joder!”, “dónde están los miles de parados”, “habéis visto: hay más calvos y canas que melenas de la juventud”, “tendríamos que hacer la mani en la playa o en el campo, porque dicen están llenos de gente” …….

Pero sobre todo, en la conversación entre veteranos sindicalistas, está el reconocimiento y la conciencia de lo mucho que ha cambiado el mundo del trabajo. Antes, no hace tantos años, el choque de ideas era frontal, las reglas eran pocas y bien definidas, y ser sindicalista era una elección fuerte con perfiles claros. Una decisión dura y difícil porque transformó nuestras vidas y las de nuestras familias, pero con un reconocimiento social que en los últimos años se ha debilitado como consecuencia de las viscerales campañas de aquellos  sectores que ven al sindicalismo un riesgo para sus  políticas y privilegios.

Los veteranos sabemos que la actividad sindical del reciente pasado era menos compleja que la actual. Representábamos condiciones de trabajo más homogéneas. Porque, para casi todas o para la gran mayoría de las personas que trabajaban en nuestras empresas, las condiciones de trabajo eran las mismas o muy parecidas. Los empleos estaban físicamente presentes en un lugar definido, con horarios de entrada y salida regulares, con salarios similares. Con producciones, categorías y servicios profesionales estandarizados. Lo que hemos conocido como el sindicalismo en la era taylorista-fordista.

Hoy la tarea del representante sindical sigue siendo igual de exigente que hace décadas. Seguramente un poco más compleja y por ello más difícil de confiarla sólo a la espontaneidad o la experiencia pasada. Hoy el sindicalismo está obligado a representar una mayor diversidad, en la que conviven, ciertamente,  intereses comunes, pero en muchas ocasiones también contradictorios en un mismo centro de trabajo,  como lo pueden ser los que resultan de  los diferentes tipos de trabajo:  el trabajo fijo, el temporal, a tiempo parcial, becarios o en formación, en teletrabajo, falsos autónomos, la subcontratación y la externalización de parte del proceso productivo.  Mayores diversidades que ayer y que van más allá de la propia naturaleza del contrato, como son la cualificación profesional,  la edad, el género e incluso, en algunas empresas, la religión. Y junto a ello los nuevos retos del cambio tecnológico, la digitalización y especialmente las consecuencias, aún desconocidas, de la actual crisis sanitaria en el mundo del trabajo y la sociedad.

Este 1ª de Mayo los veteranos sindicalistas de CCOO y UGT no podremos abrazarnos en las calles y plazas para recordar nuestra dura, pero sin duda útil y muy gratificante, militancia sindical y política. Será un 1º de Mayo muy especial que deberíamos aprovechar para mandar nuestro reconocimiento y apoyo al trabajo de las nuevas generaciones de sindicalistas. Y sobre todo para hacer un llamamiento a las y los jóvenes trabajadores para la afiliación y la militancia sindical a las que deben aportar su sentido de justicia, de solidaridad, su coraje, su espíritu de lucha y de servicio. De ello dependerá, y mucho, su futuro. y el del conjunto de la sociedad.

¡ Viva el 1º de Mayo y la militancia sindical !


domingo, 19 de abril de 2020

18 DE ABRIL, DOS SEMANAS DESPUÉS DE CERRAR LA VENTANA DEL HOSPITAL


Quim González Muntadas


Hola, amigas y amigos, han pasado dos semanas desde que salí del hospital y solo tengo buenas noticias. Esta mañana, por teléfono, el servicio sanitario me ha dado el alta médica. Rosa María ya hace 6 días que no tiene ni fiebre, ni síntomas de malestar. Así que, después de unas semanas muy especiales, hoy, en esta casa, cerramos la puerta al coronavirus y abrimos la ventana de la anhelada “normalidad”: ya podemos ir a tirar la basura y a comprar, ¡todo un lujo! Por esto repito: ¡joder, qué importante es la salud!. En esos instantes recuerdo el grito de guerra de mi madre cuando iba a trabajar a la fábrica textil, cosa que hizo hasta los 63 años: ¡salud i feina!

Aunque después de leer el artículo de John Carlin, en La Vanguardia del pasado viernes, tengo la moral por las nubes. En dicho artículo, con ironía, nos dice que los que hemos sido contagiados y hemos salido bien, en realidad nos ha tocado la lotería. Porque, si es cierto que ahora somos inmunes, seremos envidiados porque nos darán un carnet que nos dará la libertad para salir de casa, seremos los que podremos viajar, ir a los bares, los restaurantes y a los campos de fútbol. ¡Caray!, qué suerte, si es verdad.

Están siendo días de leer y de escuchar muchas opiniones sobre el futuro que nos espera. Días de preguntas y dudas sobre el mundo que vendrá tras este shock, que aún nos sigue pareciendo irreal, como si estuviéramos siendo protagonistas de una mala, por exagerada, serie de TV. Dudas de si volveremos a ser los mismos y si nuestras costumbres sociales cambiarán mucho, poco o nada. Si la crisis económica será una V, una U, o una L.

Preguntas sobre si al final se harán realidad las terribles previsiones que se anuncian para la economía española. Si sabremos responder con inteligencia y solidaridad, como nos exige la ocasión. Si los hombres de la Troika volverán a sacar del armario sus trajes negros. O, por el contrario, como afirma Ursula von der Leyen (presidenta de la UE), “Europa responderá y saldrá más fuerte de esta crisis, porque han sido las crisis las que le han hecho avanzar”.

Son días en los que hay mucho tiempo para pensar y, como suele ocurrir ante las grandes amenazas y catástrofes, se agitan las conciencias y se remueven algunas cuestiones que han quedado tapadas por el tran-trán de la cotidianidad. Dicen, que son momentos de nuevas preguntas e incluso de renovar viejas buenas intenciones, ¿será verdad?

Nadie sabe, si esta crisis despertará nuestros mejores valores y una conciencia transversal sobre la importancia de lo colectivo, que va mucho más allá de lo público, y cultivaremos la solidaridad porque sabemos que mucha gente va a sufrir.

Lo que sí sabemos es que sectores poderosos nos pondrán sobre la mesa y defenderán, con todas sus fuerzas, viejas recetas para afrontar la crisis, vestidas de un rigor científico “incontestable”, que buscarán que paguen las consecuencias los de siempre. Porque seguirán confundiendo las causas con las consecuencias. Como le sucede al científico de esta historia.

« Un investigador hizo el siguiente experimento:
Tomó una araña, le arrancó dos patas, la colocó sobre una mesa y se dirigió a ella y le dijo ¡araña anda! y la araña se puso a caminar sobre seis patas.
Luego le arrancó dos patas más, hizo la misma operación y la araña caminó sobre las cuatro patas restantes.
Decidido a obtener alguna conclusión, le arrancó tres patas más y dijo ¡araña anda! y la araña, con su sola pata, se puso en movimiento.
Finalmente le arrancó la última pata que le quedaba y gritó ¡araña anda!, pero la araña permaneció completamente inmóvil.
La conclusión del investigador fue esta:
Cuando a una araña se le arrancan las ocho patas, ésta se queda absolutamente sorda. »

Bueno, aquí acaban estas crónicas escritas desde el miedo, la esperanza y la alegría. He querido compartir con vosotros, amigos y amigas, algunas de mis preocupaciones, temores, dudas y preguntas. Lo que me ha ayudado mucho y que os agradezco vuestra atención y comentarios.

Gracias.

Un abrazo muy fuerte y cuidaros mucho.



sábado, 18 de abril de 2020

PEDRO SÁNCHEZ, EL RETO DE DIRIGIR LA NEGOCIACIÓN DEL GRAN PACTO



Quim González Muntadas

Junto a la pandemia sanitaria que estamos padeciendo y que ocupa prácticamente la totalidad de la información y el debate nacional, se ha abierto un nuevo frente de discusión. La propuesta de negociar un gran Pacto de Reconstrucción Social y Económica en el que, con la referencia de los Pactos de la Moncloa, el gobierno de España, las comunidades autónomas, los municipios, los partidos políticos y los agentes sociales, sindicatos y patronal, se pongan de acuerdo en objetivos y medios para superar la crisis.

Es una propuesta ambiciosa, pero en España tenemos una larga experiencia de concertación social. Se han firmado, en democracia, diversos e importantes acuerdos de las Confederaciones Sindicales de CCOO y UGT con las organizaciones empresariales CEOE y CEPYME. Y de todos ellos con el Gobierno de España de turno. Ha habido también Acuerdos Tripartitos en varias CCAA. En algunas incluso han institucionalizado por ley el dialogo social, como es el Consejo del Diálogo Social de Castilla León, creado en el año 2008, una institución que promueve el dialogo tripartito entre los Agentes Económicos y Sociales y la Junta de Castilla y León, y cuya rica experiencia ha sido objeto de estudio e interés en varias instituciones europeas y por la OIT.

No deberíamos por ello considerar como un arrebato el reclamado Pacto, aunque la historia reciente de nuestros partidos políticos nada tenga que ver con la larga experiencia mencionada de diálogo y acuerdos. Más bien esta última etapa expresa todo lo contrario, está llena de confrontación y sectarismo, incluso en este momento tan excepcional de crisis sanitaria. La gravedad de la situación y que el noventa por ciento de la sociedad reclame llegar a grandes acuerdos ante la crisis económica y laboral, constituye un poderoso acicate para que todos los obligados protagonistas trabajen a favor de un acuerdo.

Ciertamente la negociación no es nada fácil, es muy compleja, y su éxito dependerá en gran medida del Presidente del Gobierno Pedro Sánchez, que es quien la promueve y la debe dirigir. Gaetano Sateriale, una de las cabezas mejor amuebladas del sindicalismo europeo, publicó en 1999 una guía para la negociación colectiva en la empresa. Comparaba las negociaciones en las que participan varios actores, con intereses propios, diversos y a veces contradictorios, con un concierto. Y alguna razón tendrá cuando conocemos como “concertación social” los acuerdos de patronales, sindicatos y gobiernos.

“Concertar” es una palabra que hace referencia a un arte difícil. El diccionario lo define como: “poner de acuerdo las diferentes voces o instrumentos de una composición musical”. Así que, para concertar, se precisa que, por lo menos, cada uno sepa tocar su instrumento, para después saber tocar juntos. Se tiene que decidir primero qué tocar, para después afinar bien los instrumentos antes de empezar. Porque de lo contrario, desde la improvisación, en lugar de la música y la armonía de sonidos, sólo se oiría ruido. En todo concierto la figura del director es esencial, determinante, porque, aunque normalmente no toque ningún instrumento, da el tiempo a cada uno y, sobre todo, sugiere la interpretación justa (los subrayados, los acentos, los tonos, el volumen del sonido, etc.). Un director de orquesta pierde varios kilos en cada ejecución. No es solo bracear y gesticular. Es, sobre todo, la atención que debe poner a todo lo que se desarrolla en su orquesta.

Ahí está el reto de Pedro Sánchez, ser el director de esta compleja orquesta para tocar la muy difícil, pero no imposible, partitura. Un reto que, como le respondió en el Parlamento a Pablo Casado, presidente del Partido Popular, Sánchez ha asumido con compromiso, empeño y con sus cinco sentidos. El reto de llevar a buen puerto esta negociación, de dirigir este concierto. A favor del acuerdo tendrá, de lo contrario mucho defraudarían, a los “primeros violines” que son, por las materias a tratar, los representantes de las empresas y de los trabajadores: CEOE, CEPYME, CCOO y UGT, y que han demostrado que saben llegar a acuerdos en cientos de empresas en crisis o en transformación. Acuerdos muchas veces más difíciles, con intereses más antagónicos que los que pueden confluir en este Pacto, con mayores sacrificios y costes de imagen que los pudieran derivar del mismo.

Así que deseemos inteligencia y profesionalidad al director de esta orquesta para que el concierto, o sea la concertación, sea un éxito. Conscientes sin embargo de que, si no cambian su actitud, Pablo Casado, jefe de la oposición, y otros líderes territoriales, pueden provocar, con el bombo que tocan, arruinar este concierto.


martes, 14 de abril de 2020

CORONAVIRUS, ¿SÁLVESE QUIEN PUEDA, O PACTO DE COOPERACIÓN?



Quim González Muntadas

«La historia humana es la historia de comienzos libres y no tanto de un proceso inexorable al que deberíamos someternos.» Con esta frase finalizaba Daniel Innerarity la conferencia que dictó en Barcelona en octubre de 2014 y que tuve la suerte de escuchar. La historia de la Humanidad es la historia de comienzos libres.

¡Qué útil sería que fuéramos conscientes de esta verdad en estos momentos tan especiales, en los que nadie duda que empezamos una nueva era económica, política y social! En estos momentos en los que estamos viviendo un “parteaguas” como sinónimo de un hito que marca un antes y un después, como así es, por las consecuencias de la crisis sanitaria.

Tendríamos que saber que ningún manual de crisis podrá suplir la creatividad necesaria para afrontar el futuro. Hemos oído muchas veces que las crisis son oportunidades, así que en estos momentos no deberíamos malgastar nuestras energías en lamentos, ni en reproches que nos hundan todavía más en el pesimismo y en la parálisis de la fatalidad. Porque el primer objetivo debería ser evitar el riesgo de la tentación, que toda crisis incita, de pensar que la solución está en salvarse cada uno como pueda, en lugar de alentar nuestra inteligencia cooperativa. Depende de nosotros, como personas y como sociedad, que gane el “sálvese quien pueda” o, por el contrario, la cooperación y la suma de esfuerzos. La responsabilidad de las organizaciones políticas, sociales y económicas significa responder con inteligencia a este tremendo reto, para estar así a la altura de la complejidad y gravedad del momento.

Dijo Hannah Arendt que en política tenemos derecho a esperar milagros. No porque seamos supersticiosos, sino porque los seres humanos, cuando actúan libremente y en comunidad, “están en condiciones de realizar lo inverosímil y lo inalcanzable”. Porque la democracia no es solo el menos malo de los regímenes, como suele decirse, sino también, el menos estúpido. Porque en ella se puede construir la sabiduría colectiva con el diálogo, la negociación y la cooperación. Podría ser lo mismo que decir que unos “tontos” podemos producir algo sabio, que es, precisamente el milagro que se produce cuando una organización o una comunidad tiene un objetivo común y para conseguirlo trabaja conjuntamente y en equipo. 

Como nos muestran las últimas encuestas, así lo creemos el 70% de nuestra sociedad, favorable a que se negocie un gran Pacto de Reconstrucción Social y Económica como mejor forma para afrontar las consecuencias de la actual crisis sanitaria, económica y social. Un Pacto que sume esfuerzos para acometer la necesaria protección social y los necesarios cambios en nuestro sistema productivo, que potencie la industria, la formación, la innovación y la investigación. Como ha dicho Josu Jon Imaz, consejero delegado de Repsol: «Aprovechemos esta crisis, que ha dejado en evidencia nuestras muchas lagunas, para modernizar el país.» Un Pacto para acordar las nuevas prioridades y los necesarios recursos para afrontarlos y que solo podrán venir de decisiones fiscales.

La gran duda está en si al final se impondrán, una vez más en este nuestro país, los que apuestan por el “sálvese quien pueda”, y con ello nuestra particular cultura política que del acuerdo hace la excepción, y del sectarismo y el enfrentamiento la norma para aparentar firmeza cuando en la mayoría de las ocasiones no es más que miedo a compartir riesgos y responsabilidades.

O, por el contrario, ante la gravedad de la situación y el desasosiego que la previsible devastación económica y social provoca en amplios sectores de la sociedad, la mayoría de líderes políticos, sociales y económicos entiendan que, para ellos y sus organizaciones, los  costes del no acuerdo serán más elevados que los del acuerdo. Que entiendan que el arte de la política es saber distinguir en cada momento entre aquello en lo que se puede e incluso se debe mantener el desacuerdo y, aquello que, en momentos como el actual, exige ponerse de acuerdo.

Es imposible encontrar un momento en nuestra historia reciente en el que se haga más evidente la necesidad de sumar esfuerzos y compromisos para construir, como está reclamando Pedro Sánchez, un Pacto de Reconstrucción Social y Económica, o como se le quiera bautizar, en el que las diversas fuerzas políticas y los interlocutores sociales imaginen juntos el futuro.


sábado, 11 de abril de 2020

11 DE ABRIL, UNA SEMANA DESPUÉS DE CERRAR LA VENTANA DEL HOSPITAL


Quim González Muntadas


Hola, amigos y amigas, ha pasado una semana de mi salida del hospital. Escribo estas líneas para responder los muchos mensajes que me preguntan: ¿qué tal estás? Estoy bien, voy progresando, consciente de que es un proceso lento porque el virus tocó los dos pulmones. Pero lo más importante, cada día me siento mejor.

Estoy confinado en casa, como la gran mayoría de vosotros. Con Rosa María, mi mujer, que durante diez días ha tenido fiebre. Pero, lo más positivo, desde ayer, su mejoría es casi total. Mi vida es “normal” con muchas comillas, como las de casi todo el mundo.

Una vida “normal”: teléfono o videollamadas con familiares y amigos (algunos con los que hacía años no había hablado), radio en la cama al despertar y al ir a dormir, cocinilla en los fogones, algo de música clásica, de TV solo las noticias, recibir y reenviar mensajes simpáticos y alegres, series de Netflix, en particular ‘Unorthodox’, una joya, que como leí en una crítica, es una exquisita rareza que merece ser vista aunque fuera solo por la soberbia actuación de su protagonista, Shira Haas, a mitad de camino de Mia Farrow en ‘La semilla del diablo’ y de Maria Falconetti en ‘La pasión de Juana de Arco’. También he escrito un artículo publicado en Nueva Tribuna que ha tenido centenares de adhesiones, pero también de críticas e incluso de insultos.

Una vida “normal” porque estoy PREOCUPADO y, sobre todo, lleno de dudas como tantos de vosotros y vosotras, por si acertaremos o no, el que el próximo lunes 13 de abril se reemprenda la actividad económica. Por si todas las empresas podrán garantizar las necesarias condiciones de prevención de riesgos a sus empleados en los centros de trabajo.

PREOCUPADO y muy decepcionado por el debate del pasado jueves en el Congreso de los Diputados, donde sentí alejarse la posibilidad del necesario, creo yo, Gran Pacto de “reconstrucción social y económica”. Y por si seremos capaces de reactivar la necesaria resiliencia social desde la suma del esfuerzo común y equitativo de toda la sociedad.

PREOCUPADO por los cantos de nacionalismo económico que están surgiendo desde todas las esquinas ideológicas. Ahora, sobre todo, muy PREOCUPADO por las graves consecuencias para los millones de trabajadoras y trabajadores, proveedores de las grandes marcas de consumo, en países como Bangladesh, Vietnam, Camboya, Turquía, etc. Trabajadores que están siendo despedidos y privados de sus salarios porque la mayoría de esas empresas multinacionales se están negando a recibir y pagar los productos terminados.

PREOCUPADO por la ausencia de un llamamiento de los líderes políticos, sociales y culturales a las y los jóvenes estudiantes para que den un paso al frente y se inscriban en los trabajos de voluntariado o a cubrir la ausencia de mano de obra en los trabajos del campo porque, en algunos lugares, se perderán cosechas por falta de brazos. Por la falta de iniciativas de las administraciones públicas para aprovechar la fuerza de la juventud para organizar trabajos para la comunidad, por ejemplo, la tan necesaria limpieza de nuestros bosques, etc. etc.

PREOCUPADO por el impacto que tendrá esta crisis en los alumnos más desfavorecidos que no cuentan con los instrumentos digitales y el apoyo para el estudio en sus casas. Aspecto este que puede empeorar todavía más la equidad educativa de la que nuestro país está en la cola, que se agudice, más aún, el que el éxito escolar esté más ligado al origen socioeconómico familiar que a las capacidades y el esfuerzo del estudiante.

Pero también muy ORGULLOSO de la solidaridad que estamos viviendo cada minuto en tantos ámbitos. ORGULLOSO del civismo de nuestra ciudadanía que desmiente tantos tópicos y que debería reforzar nuestra autoestima porque somos un gran país. ORGULLOSO de la clase trabajadora que nos demuestra que somos el pan y la sal de la sociedad. ORGULLOSO de mis compañeros y compañeras sindicalistas que, una vez más, demuestran, día a día, con su compromiso en los centros de trabajo la utilidad del sindicalismo y la necesidad de la afiliación masiva a los sindicatos.

Y, también, muy ESPERANZADO con lo que habremos aprendido de las muchas lecciones que nos está enseñando esta gravísima crisis. Como es, distinguir lo esencial e importante, de lo accesorio o secundario. Que no seremos tan imbéciles como Watson, el personaje de esta breve historia titulada “UNA NOCHE EN LA CAMPIÑA”:

Una vez Sherlock Holmes y su ayudante Watson deciden pasar una noche en la campiña inglesa, aprovechando las buenas condiciones climatológicas. Llegados al lugar elegido, después de un análisis minucioso, montan la tienda de campaña, organizan sus enseres y con la caída de la noche preparan una suculenta cena acompañada de un buen vino y de una animada conversación sobre los avatares del último mes. Recogen la mesa, las sillas y demás utensilios, se introducen en la tienda de campaña, se desean buenas noches y se acuestan en sus respectivos sacos de dormir.


Horas más tarde, ya entrada la noche. Sherlock Holmes se despierta y llama a su fiel amigo:

- Watson por favor, mire al cielo y dígame qué ve.

Watson se despierta sobresaltado, todavía somnoliento, abre los ojos, mira al cielo y responde:

- Pues... bien... veo millones y millones de estrellas.

- Y eso, ¿qué le indica querido Watson?

Watson termina de despertarse, se da cuenta que va a tener que responder con más precisión y, plenamente decidido a impresionar a su amigo con sus dotes deductivas, contesta:

- Desde un punto de vista astronómico, me indica que existen millones de galaxias, y, por lo tanto, billones de planetas....
Astrológicamente hablando, me indica que Saturno está en conjunción con Leo...
Cronológicamente, deduzco que son aproximadamente las 3,15 de la madrugada.

A estas alturas Watson está ya lanzado y se recrea en su exposición.

- Teológicamente, puedo ver que Dios es todopoderoso y que nosotros somos pequeños e insignificantes.
 Meteorológicamente, intuyo que mañana tendremos un hermoso y soleado día.

Llegados a este punto, Watson, totalmente crecido y convencido de haber dado cumplida respuesta, pregunta a Holmes:

- Y a usted ¿qué le indica este cielo, mi querido Holmes?

Holmes se queda mirando fijamente a Watson y tras un corto silencio, le dice:

- ¡Algo elemental, querido Watson! Cada día es usted más imbécil. Nos han robado la tienda de campaña mientras dormíamos. ¡Nos han robado la tienda de campaña! ...


ESPERANZADO en que sabremos percibir que lo esencial será atender a los sectores de la sociedad más necesitados e impedir, por todos los medios, que se profundicen aún más las desigualdades sociales.

Bueno, perdonad por el abuso de esta larga perorata o sermón. Gracias por los muchos mensajes de calor y apoyo que he recibido. Dentro de una semana, si estoy bien y con humor, os cuento cómo llevo esta pelea con el virus.

Un beso a todas y todos.


jueves, 9 de abril de 2020

CORONAVIRUS, ¡QUÉ LISTOS SOMOS LOS ESPAÑOLES!



Quim González Muntadas

Todos los sondeos que se están publicando estos días revelan que la opinión mayoritaria de los españoles y españolas suspende al gobierno de España. Ha caído 25 puntos en pocas semanas en las encuesta como consecuencia de la gestión de la crisis sanitaria. Por ejemplo, el 56% de la ciudadanía de Andalucía y Catalunya (una coincidencia que debería hacer pensar a esos que se creen tan diferentes, una con gobierno del PP y otra independentista) y el 49% de la Comunidad de Madrid, considera que la gestión del Gobierno ha sido muy mala o mala. Sólo uno de cada cuatro españoles, el 27,7%, piensa que la gestión ha sido aceptable.

Sorprende el contraste con los apoyos que están recibiendo otros gobiernos de países vecinos que no han hecho nada distinto, o más, que España en la gestión de esta crisis. Por ejemplo, el gobierno italiano recibe el 71% de apoyo a su gestión. El 63% apoya la de la canciller alemana Angela Merkel. En Francia, Emmanuel Macron ha mejorado incluso el apoyo de sus ciudadanos con la crisis del coronavirus.

La pregunta es: ¿qué explica esta diferencia entre España y el resto de los países? Seguramente las razones son muchas. Unos lo explicarán por la dura campaña, ya denunciada, en la que más de una organización criminal está infectando de infundios y falsedades las redes sociales para generar alarma social y debilitar las instituciones del Estado. Otros lo explicarán por la guerra sin cuartel que vivimos por parte de algunos partidos políticos que ponen por delante el partidismo, el electoralismo y sus ambiciones. O la deslealtad de algunas instituciones que aplican el “cuanto peor mejor” porque creen que les dará una ventaja para su proyecto de debilitamiento y desprestigio del Estado español, aquí e internacionalmente.

Pero, ¿cuál es la causa de fondo que explica estas diferencias, cuando el partidismo, el electoralismo y el populismo no deben ser tan diferentes a los de nuestros vecinos? Quizás la razón principal es que somos un país de listos, de muy listos. La mayoría de nosotros sabíamos a la perfección, mucho antes que el gobierno de España, lo que se tenía que haber hecho y las medidas que se tenían que haber puesto en marcha.

Sabíamos que tendríamos que haber comprado, incluso fabricado, en España respiradores para las UCIs. Sabíamos, como no, que tendríamos que haber comprado y almacenado, hace muchas semanas, millones de test, pero test de los buenos, cuando precisamente estaban mucho más baratos. Y sabíamos... ¡quién no lo sabía!..., que tendríamos que haber comprado decenas de millones de mascarillas y de batas ligeras, reutilizables, resistentes e impermeables… y de todas las tallas. Y parece que, menos el gobierno de España, todos sabíamos que teníamos que haberlo parado todo, ¡pero todo!..., y el primer día. Eso sí, sin crear alarma social, para que no desaparecieran de las estanterías de nuestros supermercados los rollos de papel higiénico, ni los productos de primera necesidad.

Debe ser que somos el país que tiene la ciudadanía más lista, lo que explicaría el resultado de estas encuestas y el contraste con la opinión pública en otros países. Aunque instituciones internacionales hayan avalado en varias ocasiones la gestión de nuestro gobierno, aunque incluso en algún tema se haya puesto a España como referencia del buen hacer.

Es el precio de ser un país de listos, lo único que nos queda es exclamar bien alto: ... ¡qué suerte que seamos tan listos los españoles…!


viernes, 3 de abril de 2020

4 DE ABRIL DESDE LA VENTANA DEL HOSPITAL



Quim González Muntadas

Hola amigas y amigos, llegó el viernes 3 de abril que nos ha regalado un cielo radiante, así lo veo desde mi ventana. Ya empieza a apetecer una fría cerveza en la terraza de un bar. Bueno, ya llegará, ahora a conformarse con el litro y medio de agua mineral en vaso de plástico. ¡Ah!, antes que se me olvide, una recomendación para toda persona que un día tenga que ingresar en un hospital. Llévate de casa un juego de cubiertos decentes; los que te dan, de plástico, se rompen a la mínima. Te quedas con la cuchara sin mango y el tenedor sin las cuatro puntas. Estás advertido.

Hoy ha sido un gran día. Me han sacado sangre desde una arteria, ¡coño, duele el pinchazo!, y me han hecho otra vez una placa de los pulmones. El hombretón que traía la inmensa máquina de Rayos X a la habitación, me ha dicho que es mi prueba de reválida porque si sale bien me puede cambiar el día. He querido entender lo mejor en sus palabras. Los resultados de la radiografía y de los análisis los tendrán a primera hora de la tarde, cuando me visitará Anna, la doctora, y escucharé su sentencia.

Observo admirado cómo trabaja el personal sanitario que me está atendiendo. Pienso que la EMPATÍA es la habilidad de entender cómo se siente otra persona. Porque yo, en todo momento me he sentido importante para ellos. He podido sentir, tras diez minutos de charla con Albert, un joven médico en prácticas, el orgullo por su trabajo y la conciencia que tiene de la trascendencia de este momento. Me ha hecho recordar una frase que leí hace muchos años en La Contra, de La Vanguardia, la mejor página, para mí, de la prensa española desde hace décadas. Y en ella un médico famoso afirmaba que su misión era: "curar de vez en cuando, aliviar con frecuencia y consolar siempre.”
Así me he sentido en todo momento en esta habitación, por el trabajo de todas las personas que me han atendido. Los mismos que oigo reír, satisfechos por su trabajo, cada mañana cuando relevan a las 7,30h ya que hacen turnos de 12h.

Son un ejemplo de EMPATÍA, esa actitud que impide ver a los otros como siluetas, como instrumentos para sus fines y obstáculos a apartar. Por esto, ahora en esta crisis sanitaria que estamos viviendo y que golpea duro al conjunto de la sociedad, la EMPATÍA es, también, una virtud política y debe ser un atributo esencial y exigible en los dirigentes políticos, sociales y económicos. Es momento, en medio del dolor y los miedos sobre el qué pasará con la vida y el trabajo de tanta y tanta gente, de desplegar la EMPATÍA necesaria para estrechar los lazos colectivos y de identidad compartida, que nada tienen que ver con los egoístas sentimientos de los nacionalismos. Este virus nos ha mandado el claro mensaje de que la única manera que tenemos de salir es hacer piña, promoviendo el sentimiento de ayuda al prójimo, de sentir que de tus acciones depende la suerte de los que te rodean, y que tú dependes de ellos.
Juan Ramón Jiménez, autor de "Platero y Yo", explicó con especial acierto lo que es la EMPATÍA cuando tuvo que pintar la fachada de su casa y se fue a preguntar al vecino de la casa de enfrente cuál era el color que más le gustaba.

Bueno, amigos y amigas, ya son las cinco de la tarde y me comunican que me dan de alta. Que ya puedo ir a casa, con un sobre con los fármacos que debo tomar cada día. ¡Bien! ¡Bien! Estoy feliz.

Me sacan al pasillo en la camilla para abandonar la planta de confinamiento. Todos los sanitarios de la planta me hacen el paseíllo vitoreando mi nombre con ¡vivas y bravos! acompañados de saltos de alegría y de apasionados aplausos. Les devuelvo los aplausos, con los ojos llenos de lágrimas de emoción y agradecimiento. Veo en sus miradas que sus aplausos hacia mí al darme de alta son el mejor reconocimiento a su compromiso, la prueba evidente que lo que hacen tiene sentido y claros resultados. Aplausos, aplausos, aplausos que son la máxima expresión de EMPATÍA con el enfermo. Solo por este momento, os confieso que casi ha valido la pena pasar estos días en esta habitación.

Y aquí, emocionado, agradecido, cierro la ventana del hospital. Gracias por haberme leído, Gracias por vuestros mensajes y amistad.

Os quiero.



VENTANA DE HOSPITAL (II)

Quim González Muntadas


Viernes 3 de abril

Hola, el tiempo pasa volando, también en un hospital. Los días empiezan a ser algo monótonos. Si bien, siempre hay algún reto al que responder. Hoy he conseguido superar uno. El que no se destrocen los dos Biscottes Recondo que me dan cada mañana con el desayuno. Os confieso que ha sido una constante estos días que ha acabado obsesionándome. Hasta hoy no lo había conseguido, todas las veces igual, con solo tocar el cuchillo de plástico para extender la mantequilla, el biscotte ¡crack!, ¡crack!, destrozado al menos en cinco trozos. Hoy me he despertado pensando cómo podría conseguir comerme los dos biscottes enteros y bien untados con mantequilla y mermelada de frambuesa. Lo he conseguido, no ha sido fácil, los he rodeado con la goma que usan para presionar el brazo para pinchar y sacar sangre. Y los dos han quedado enteros. Estoy muy contento.

El día ha sido bueno. Ya llevo muchas horas sin ayuda de oxígeno para la respiración y la medición de la saturación de oxígeno en la sangre que me han hecho cada 6 horas, ha dado un buen resultado. Me han sacado sangre para más análisis. Me han hecho a media tarde un electro. No he tenido fiebre en todo el día. Y he tenido la visita de la Dra. Anna, que hoy parecía, por el color de la bata y los plásticos en la cabeza, una joven beduina del desierto. Me ha dado muy buenas noticias. Textual, me ha dicho: “esto va muy bien, poco a poco, pero va muy bien.”

Me ha hecho pensar en lo importantes que son las buenas palabras. Y lo buenos que son los ánimos que recibo en los mensajes durante todo el día y que leo en Facebook. Son una pértiga que ayuda a saltar.

Digo esto, porque hoy quiero hablar de la ALEGRÍA y del valor, tan importante, que tienen las buenas palabras y las muestras de apoyo y de confianza hacia alguien.

He elegido la ALEGRÍA porque es una emoción contagiosa, que es capaz de provocar la movilización también en los demás. La ALEGRÍA hace que nos sintamos más proclives a colaborar y prestar ayuda a los demás cuando la necesitan, favoreciendo nuestras relaciones interpersonales.

Quien me ha conocido en mi militancia sindical sabe que solía recurrir, con frecuencia, a las metáforas y las fábulas para explicar conceptos e ideas que igual de otra forma precisarían de muchas más palabras. Creo que es precisamente esta práctica, muy común en los oradores anglosajones, la que hace que sus discursos sean infinitamente más cortos, concisos y comprensibles que los nuestros, los de los latinos, que casi siempre son largos, repetitivos y abigarrados.

Y viene a la memoria una bonita historia, sobre la fuerza movilizadora de los apoyos y la ALEGRÍA:

« Érase una vez un grupo de ranas que caminaban por un bosque, cuando dos de ellas cayeron en un pozo muy profundo. Las demás ranas alarmadas se reunieron alrededor y vieron que era imposible rescatarlas. ¡El pozo era demasiado profundo!

Las dos ranas, movidas por su impulso de supervivencia, comenzaron a saltar, intentando salir del agujero, pero el resto de ranas les gritaban desde arriba:

– ¡No insistáis! ¡No podréis salir nunca! ¡Dejadlo! El pozo es muy profundo.
Las dos siguieron saltando, aunque una de ellas comenzó a desanimarse cada vez más…

– ¡No saltéis más, es inútil! ─ les gritaban cada vez más fuerte sus compañeras.

Las ranas gritaban y hacían gestos con los brazos para que entendieran lo que les estaban diciendo. Al final, una de ellas cedió y cayó al suelo, donde al fin murió.


Sin embargo, la otra rana seguía saltando cada vez más, con más fuerza, con más intensidad… Cuanto más gritaban sus compañeras, más fuerza e impulso cogía para saltar.


Hasta que al cabo de nada dio un gran salto y consiguió alcanzar el borde del pozo y salir.

Las demás ranas la miraron boquiabiertas, sin saber qué decir. Estaban realmente sorprendidas de que hubiera salido del agujero, a pesar de todos sus gritos para que desistiera.

– ¿Cómo es que has conseguido salir? ─ le preguntaron ─, ¿No escuchabas cómo te decíamos que pararas?

─ No, estoy sorda y no oía exactamente lo que me gritabais. Siempre interpreté vuestro batir de brazos y gritos de apoyo y ánimo de que lo iba a conseguir. Por esto os doy las gracias, porque sin vosotras hubiera muerto en el fondo de pozo. »

La ALEGRÍA como sensación individual de satisfacción y entusiasmo. Pero también, como valor de una sociedad, ya que ayuda a generar mejores resultados en los proyectos colectivos. La ALEGRÍA facilita que los grupos asuman sus retos y responsabilidades. La ALEGRÍA fomenta la cooperación, la solidaridad, la autoestima. Actitudes que necesitaremos a toneladas en estos días y en los futuros que nos esperan. Necesitamos promover la ALEGRÍA para impedir y alejar los sentimientos de rabia, frustración, intolerancia y agresividad que tanto daño pueden hacer.

Ojalá, Europa cultive la ALEGRÍA y sepa hacer desaparecer los sentimientos de odio, amenazas o excitación. Ojalá, Europa aprenda a sonreír para encontrar políticas de solidaridad, de cooperación y de justicia social.

Gracias otra vez por vuestras muestras de cariño y apoyo que me acompañan en la soledad de esta habitación del hospital.

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