miércoles, 28 de octubre de 2015

El sindicalismo un terreno para innovar

En California circula un adhesivo, de esos que se pegan en el cristal posterior del coche. “¿No sabes qué es un sindicalista? Es aquel que ha hecho que puedas disfrutar de un fin de semana”.
Enrico Deaglio

Si hay un colectivo de personas que puede sentirse profundamente decepcionado por el escaso reconocimiento social que recibe en relación al esfuerzo que realiza, son esas decenas de miles de hombres y mujeres que voluntariamente han asumido la función de representar a sus compañeros y compañeras de trabajo y que ejercen, con responsabilidad y honestidad, su actividad de sindicalistas. Personas afectadas, más que nadie, por los casos, excepcionales y minoritarios, que pueden haber manchado las siglas de su organización, y que viven como un insulto las duras campañas de descalificación y difamación que han venido sufriendo en los últimos años, y que también saben que el sindicalismo en su larga historia ha vivido, combatido y superado, similares dificultades y ataques por parte de quienes lo han visto como un dique a su concepción reaccionaria de la empresa y la sociedad.

Con todo, los sindicalistas saben que su principal riesgo reside en las dificultades que enfrenta para atender con eficacia los profundos cambios que está viviendo el mundo del trabajo y su fragmentación actual. En muy pocos años, y agravado por la crisis, comprueban que se ha ido dibujando un nuevo mapa, con realidades diversas que poco tienen que ver con aquellas relaciones laborales, industriales y políticas, no tan lejanas en el tiempo, sobre las que se fundamentaron los sindicatos en el pasado siglo, y sobre las que se construyeron las formas de organización, relación y comunicación con sus afiliados y con los trabajadores, así como las prioridades programáticas y reivindicativas a defender.

Cambios profundos que están exigiendo a los y las sindicalistas nuevos conocimientos y nuevas competencias de gestión, de comunicación y de liderazgo para ejercer con eficacia su función de representantes sindicales en la empresa y en los sectores productivos. Nuevas capacidades para representar y gestionar la enorme diversidad que hoy es la característica principal y dominante en el mundo del trabajo y que el sindicalismo, si quiere mirar hacia el futuro, debe entender y atender. Porque aquella cómoda uniformidad de la clase trabajadora de ayer, así como su traducción en la pesada e ineficiente estructura organizativa de su sindicato y su rígida jerarquía, está quedando muy lejos.

Como en toda empresa y organización que aspire a afrontar un cambio y salir de la zona de confort que da la seguridad de hacer las cosas como siempre, al sindicalismo no le queda más opción que abrirse de par en par al aprendizaje, y para ello sus dirigentes necesitan la humildad de promover y estimular la creatividad para aprender de ella. Esa creatividad que surge del atrevimiento y de la imaginación de decenas de militantes sindicales que desarrollan, día a día, rompedoras prácticas y formas de movilización y de lucha; nuevos procedimientos para elegir las candidaturas para las secciones sindicales y para los comités de empresa; aprendiendo de esas nuevas iniciativas que surgen en muchos centros de trabajo para estimular la participación de los trabajadores y trabajadoras a la hora de construir la plataforma de su convenio colectivo.

Esa creatividad que nace de la humildad y de la duda que nos obliga a buscar las preguntas necesarias a la hora de afrontar un problema y de promover el cambio personal o colectivo, más que la seguridad de las conocidas y repetidas respuestas de siempre. De buscar esas preguntas "poderosas" a las que se refiere la conocida frase de Albert Einstein: "Si tuviera una hora para resolver un problema y mi vida dependiera de la solución, yo gastaría los primeros 55 minutos para determinar la pregunta apropiada porque una vez, supiera la pregunta correcta, podría resolver el problema en menos de cinco minutos".

El sindicalismo es un territorio rico y propicio para la innovación y la creatividad, pero aún está falto de canales internos que estimulen la transferencia de conocimiento y experiencias, falto de espacios que faciliten aprender de los aciertos y de los errores en las formas de trabajar entre unos y otros. Y este requisito, tan imprescindible en toda empresa y organización que aspire al éxito, se consigue atendiendo y aprendiendo de la experiencia diaria que aportan los miles de sindicalistas que trabajan en la empresa o militan en la base de la estructura del sindicato.

Las empresas innovadoras saben bien que el germen de la innovación no surge de la jerarquía, ni tampoco de la experiencia de haberlo hecho bien en el pasado, sino de quienes están en primera línea de contacto con el cliente, con la frescura, el riesgo y el arrojo necesarios para no ser arrastrados por la inercia. Unas características que se encuentran a raudales en el trabajo de esos miles de militantes, que día a día visitan los centros de trabajo y que atienden la acción sindical en las empresa y los sectores, que su sindicato debería saber escuchar como primer paso para pone en marchar la reflexión abierta, el estudio y la investigación de los muchos y profundos cambios a los que está llamado el sindicalismo español, al que no le falta ni medios, ni inteligencia y, esperemos que tampoco, la voluntad para acometerlos.