viernes, 21 de septiembre de 2012

NO OFENDE QUIEN QUIERE


Joaquim González Muntadas | Secretario General de FITEQA CCOO

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Partiendo de la máxima que "no ofende quien quiere sino quien puede" y por ello titulares como "Sindicalistas acarreados en 850 autobuses piden un referéndum" aparecido en El Mundo el domingo 16 de septiembre no tienen más valor que la reiteración de un línea editorial por todos conocida
El contenido del curioso artículo de D. Luis María Ansón, publicado en el mismo periódico el lunes siguiente día 17, titulado “Los liberados sindicales se manifiestan en Madrid”, merece una detenida lectura a pesar de que el tono y el contenido puedan provocar dudas sobre la propia firma del mismo: “Luis María Ansón es miembro de la Real Academia Española”. Los fundadores de ésta, que le asignaron la tarea de velar por “la propiedad, la elegancia y la pureza del idioma”, dudo que se sintieran demasiado satisfechos por esta nueva entrega del erudito firmante.
Las manifestaciones del pasado 15 de septiembre son calificadas por el erudito firmante con expresiones como “desfilaban aborregados”, “la responsabilidad del cierre de la mayoría de las medianas y pequeñas empresas, también de los EREs que se han multiplicado, corresponde a las centrales sindicales”, “me acordé enseguida de las manifestaciones de los sindicatos verticales de Franco” y otras lindezas por el estilo en las que destila de nuevo su ya conocido odio a las organizaciones de los trabajadores.
Sorprende sin embargo que como base de su diatriba diga “recorrí el domingo el paseo de la Castellana ...”, “los manifestantes del domingo …”. Sorprende que quien tan bien recuerda las manifestaciones franquistas no recuerde que la movilización promovida por los sindicatos y decenas de organizaciones sociales no se desarrolló el domingo, ¡sino el sábado!. Quizá lo que pasó es que fue efectivamente a pasear el domingo por la Castellana y confundió a otros paseantes con furiosos manifestantes rojos.
En cualquier caso, convendría que el Sr. D. Luis María Ansón acudiera a un especialista que le diagnosticara y tratara estos síntomas de estridencia insultante y falta de rigor, que le ayudara a entender que sus fobias le imposibilitan realizar una sosegada, sabia y constructiva reflexión, lo que sería más propio de su edad y supuesta experiencia, y de la que tan necesitada está hoy nuestra difícil realidad social. Digamos que si algún deporte necesitamos practicar –y ser los campeones-, es remar en la misma trainera y en la misma dirección, y no el común y destructivo tiro al plato, donde el insulto y la descalificación de brocha gorda son los rasgos básicos del discurso, como se desprende de este desafortunado artículo.
El sábado 15 de septiembre se llenó Madrid, el número lo podemos dejar al gusto del consumidor, de personas venidas de todos los rincones de España para expresar democráticamente sus inquietudes, problemas y preocupaciones, pero también para criticar, reclamar y exigir lo que consideran ha de hacerse para seguir construyendo una sociedad mejor. Madrid se llenó, el número lo seguimos dejando al gusto del consumidor, de gente de todo tipo, origen y condición: enseñantes, químicos, textiles, metalúrgicos, bomberos, empleados públicos, periodistas, estudiantes, parados, pensionistas......
Gente dispuesta al esfuerzo compartido, equilibrado, pero gente contraria a la actual política económica del Gobierno, que se niega a que le recorten los derechos sociales y laborales y a dar el visto bueno a que los sectores más débiles de la sociedad sean los que paguen los platos rotos de la fiesta. El sábado, la Castellana se llenó de gente buena y trabajadora, consciente del difícil momento que estamos atravesando, pero que se niega a quedarse callada, pasiva o inmóvil, gente normal como la que Sr. Ansón vio “el domingo en el paseo de la Castellana y otras calles”, y que observó con tanta atención el ilustre periodista pero sin querer entender nada, según se desprende de su violento articulo. Lo dicho, no ofende quien quiere.

lunes, 17 de septiembre de 2012

STOP AL TRABAJO PRECARIO. Horror en Pakistán


Joaquím González Muntadas
Secretario General de FITEQA-CCOO

La semana pasada se han producido terribles incendios en algunas fábricas de la industria de la moda en Pakistán, fábricas proveedoras de marcas internacionalesdel sector. Las noticias concretas que nos han llegado a través de nuestra Federación Sindical Internacional, IndustriALL Global Union, informan del incendio en ALI ENTERPRISE, fábrica del vestido en Karachi, donde han fallecido 290 trabajadores, y GOLDEN SHOES, fábrica de calzado de Lahore, donde los muertos han sido unos 25. El número de heridos es muy superior, así como el de trabajadores que se han quedado sin trabajo.

Como resultado de las pésimas condiciones de trabajo, entre ellas las de seguridad, muchas veces sin salidas de evacuación claras o de imposible utilización por la acumulación de material, incluso inflamable, no son los primeros incendios con similares consecuencias Muchos de los trabajadores han fallecido como consecuencia de las avalanchas y la asfixia que provocan los incendios. Es ésta una cuestión examinada en las auditorías de cumplimiento de los Códigos de Conducta de las empresas multinacionales, y de fácil diagnóstico. Pero el drama se repite.

Ahora desde nuestra Federación Sindical Internacional, también desde la OIT, se plantean diversos objetivos inmediatos: determinar las causas de los incendios y de las avalanchas, la corrección inmediata de las mismas en estas y en las demás fábricas, la indemnización de los heridos y de las familias de los fallecidos, así como nuevos puestos de trabajo para los supervivientes. Y que las instituciones y patronales pakistaníes se impliquen y comprometan en estas soluciones, junto con las multinacionales y las marcas que allí fabricaban sus productos.

Estas cuestiones han sido uno de los componentes de la intervención sindical en las redes de producción de los sectores de la industria de la moda. Una de las primeras ocasiones en la que intervinimos FITEQA CCOO de forma directa fue en ocasión del hundimiento de la fábrica Spectrum Garments Ltd. en Savar (Bangladesh) en 2005. De aquella experiencia arrancó una política de indemnizaciones y de prevención que sigue siendo una importante referencia. En estos momentos en Bangladesh, IndustriALL Global Union ha promovido, junto con diversas organizaciones entre las cuales destacan la OIT y la ONG Clean Clothes Campaign, un proceso para establecer una práctica de prevención y corrección permanente ante los incendios de fábricas textiles en ese país. En el marco de esta práctica sindical y su vinculación a todos los ámbitos implicados, es de destacar la convocatoria por la oficina de la OIT en España, el 18 de septiembre por la mañana en el CES, un importante y novedoso acto sobre la política de RSC en las cadenas de producción de las multinacionales del vestido españolas, Inditex y Mango en particular.

Un acto en el que las empresas, las Federaciones Sindicales y la Organización Internacional del Trabajo, profundizaremos en las soluciones adoptadas para cumplir con las normas fundamentales del trabajo y los convenios de la OIT, conscientes de que sólo la extensión de los compromisos de Responsabilidad Social a todas las multinacionales de todos los países y sectores económicos, promoviendo y verificando su cumplimiento en toda su cadena de producción propia y sus proveedores en todos los países, puede impedir que se produzcan tales catástrofes. Porque los incendios de Pakistán constituyen no sólo un drama para los trabajadores y las familias directamente afectados, sino una terrible señal de alarma para que el mundo empresarial y sindical, las instituciones, toda la sociedad, asumamos como propios estos problemas, unos problemas que son expresión también de la globalización. Asumirlos para avanzar en la afirmación de la necesaria globalización de todos los derechos, entre ellos los derechos básicos del trabajo, sus condiciones y su seguridad.

Para exigir estos derechos para todos los trabajadores y trabajadoras del mundo, para combatir por el TRABAJO DECENTE, para decir STOP AL TRABAJO PRECARIO, y para decir NUNCA MÁS horrores como los vividos en Pakistán, están los actos y movilizaciones del 7 de Octubre convocados en todos los países. Una Jornada Mundial que es expresión de la máxima solidaridad cuando los trabajadores de los países más desarrollados hacen suyos la defensa de la libertad sindical, el trabajo con derechos, la seguridad y el respeto, para todos los trabajadores y trabajadoras del mundo. 

miércoles, 12 de septiembre de 2012

POLÍTICA INDUSTRIAL, HOY


Joaquim González Muntadas | Secretario General de FITEQA CCOO
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El concepto de política industrial se podría definir como la acción política dirigida a apoyar que empresas y sectores se doten de capacidades y recursos que les permitan competir y afrontar la evolución de los mercados. En España, algunos como CCOO venimos repitiendo desde hace años la necesidad de un cambio de nuestro modelo productivo, afirmando que potenciar y reforzar la industria, como sector de la economía que añade valor a la materia prima, constituye la actividad con mayor capacidad de generar riqueza de forma sostenida.
En mayo de 2011 el Congreso de los Diputados aprobó la Ley de la Ciencia, la Tecnología y la Innovación que en su preámbulo dice: “El modelo productivo español (…) se ha agotado, con lo que es necesario impulsar un cambio a través de la apuesta por la investigación y la innovación como medios para conseguir una economía basada en el conocimiento…”. 
En España se produce una coincidencia entre todas las organizaciones políticas, sociales y económicas, y un consenso entre todos los expertos, estudiosos o tertulianos, en torno a que no hay salida a nuestra dramática crisis económica si no somos capaces de conseguir un cambio profundo en nuestro modelo productivo, ya que su debilidad industrial y su bajo valor añadido explican nuestra debilidad competitiva y los alarmantes niveles de paro.
Existe también consenso en la necesidad de superar unas bases económicas agotadas, con un tejido productivo sustentado en demasiado empleo de baja cualificación profesional, en productos con escasa innovación y poco competitivos que dificultan su internacionalización. Una realidad que hace incompresible, y a la vez suicida, la histórica parálisis en la acción política de soporte a la industria que vivimos desde hace años. En ocasiones la acción simplemente ha impulsado políticas descoordinadas entre gobierno central y comunidades autónomas, dispersas, contradictorias e inútiles, que explican su poca efectividad.
Por ello, cuando desde el ámbito sindical reclamamos de las instituciones públicas que atiendan las necesidades, que son muchas, de las empresas y de los sectores industriales, lo hacemos sabiendo que cada período económico precisa de una política industrial especifica en función de los modelos de consumo, de las exigencias del mercado, de las debilidades y  necesidades de las empresas y sectores.
Hoy la primera urgencia es corregir lo que ha sido nuestro principal fracaso, un modelo productivo con baja cualificación profesional y escasa innovación, consecuencia del insuficiente esfuerzo empresarial en I+D+i –en especial desde el sector privado– y de una errática política formativa a todos los niveles.
Política Industrial hoy significa desarrollar nuevos y específicos instrumentos políticos que impliquen mayores inversiones en capital humano y en investigación, en desarrollo y educación a todos los niveles -formación profesional y universitario-, junto con el apoyo a la investigación pública y al I+D+i empresarial, precisamente lo contrario a las políticas de irresponsable recorte en estos campos cuando no tiene en cuenta una mejora de eficiencia en su uso.
Política Industrial hoy es favorecer, buscar y promover el crecimiento de la productividad y de la competitividad por medio de la innovación empresarial y del conocimiento, sabedores y conscientes, como ha escrito Juan Blanco, Secretario de Formación de la Federación de Industria CCOO, de que  "(…) si las cartas para la recuperación económica del país se juegan en el cambio del modelo productivo, éste no es posible con la actual estructura de la cualificación de la población activa”.
No hay urgencia mayor para nuestro futuro que el esfuerzo y la inversión en capital humano, un esfuerzo extraordinario similar al que hicimos durante veinte años, desde mediados de los 80 en capital físico, muy especialmente con algunas de las infraestructuras de transporte, que hoy constituye el único recurso estratégico. La formación profesional es el alimento principal de un patrimonio que no se puede considerar nunca acumulado de una vez por todas, considerando los tiempos actuales, tan acelerados y tan necesitados de innovación.
Es grave que sigamos recordando que nuestro futuro pasa por el conocimiento, la formación y la innovación, repitiendo el contenido del Libro Blanco sobre Crecimiento, Competitividad y Empleo de Jaques Delors que ahora cumplirá ya dos décadas, y que en su introducción nos emplazaba al esfuerzo de "Invertir en lo inmaterial y valorizar el recurso humano aumentará la competitividad global, desarrollará el empleo y permitirá conservar las conquistas sociales”. Una advertencia que vista nuestra realidad y sus resultados parece que otros países la entendieron mejor que nosotros, pues seguimos irresponsablemente recortando un año  más la inversión y recursos imprescindibles en I+D+i y en formación. Precisamente cuando más estamos necesitados de recuperar el tiempo perdido porque la mayoría del resto de los países siguen avanzando y con ello ampliando su diferencia competitiva.
No faltan Leyes ni Directivas, ahí están la Ley de Economía Sostenible, la Ley de la Ciencia, la Tecnología y la Innovación, la Estrategia de Lisboa, la Estrategia de Lisboa Renovada, etc., etc.  Todas girando como el burro del molino, pero sin financiación y reiterando espacios comunes: "invertir más en conocimiento e innovación; liberar el potencial empresarial, en particular de las pequeñas y medianas empresas;  invertir en el capital humano y modernizar los mercados laborales". Tanto papel y tanta estrategia para acabar en Reformas Laborales que refuerzan una economía sustentada en el empleo precario y desregulado, que desmotiva la participación de los trabajadores en la organización del trabajo al reforzar el autoritarismo, precisamente la antítesis de la innovación, y acabar reforzando lo más rancio y antiguo, reformando la legislación laboral en la misma dirección de lo que ha sido la causa de nuestros males económicos.
Porque si la Innovación es hoy el factor determinante de la Política Industrial y con ello de las mejoras de los procesos de investigación, fabricación y comercialización de los productos en las empresas, igual de relevante y decisiva y determinante es para la mejora de la competitividad de nuestra industria también la Innovación Social, la relacionada directamente con las relaciones laborales y con todo aquello que tiene que ver con los recursos humanos en las empresas y los sectores, por esto sigue siendo tan imprescindible redoblar esfuerzos para desarrollar el II AENC en el ámbito de los Convenios Colectivos, porque recuperar el Diálogo Social es también una pieza esencial para la defensa de la Industria y con ello del empleo.

viernes, 31 de agosto de 2012

QUE EL ÁRBOL NO IMPIDA VER EL BOSQUE


Joaquim González Muntadas
Secretario General de FITEQA CCOO.

Justo al revés del conocido dicho, el título de este artículo advierte del riesgo de que lo general impida atender lo concreto, o dicho de otra manera, que la positiva y necesaria fuerza que está desplegando el movimiento sindical en el ámbito de la acción sindical sociopolítica, no nos puede hacer descuidar ni un ápice la acción sindical en la empresa, que ya de por sí es difícil y con resultados socialmente menos reconocidos.

Como la Reforma Laboral ha reducido los derechos del sindicato en las relaciones colectivas, al tiempo que se impone una importante disminución de medios para la acción sindical, corremos el riesgo de que la acción sindical general solape o diluya lo que debería ser también una actividad principal: la acción sindical desde la empresa, desde cada empresa, para la atención, reflexión  y dedicación a la organización del trabajo, la defensa del empleo, el tiempo de trabajo, el salario fijo y variable, la clasificación y promoción profesional, la formación, los derechos de información y de participación, la política de igualdad, el cambio tecnológico, la subcontratación y externalización de actividades, … 

Corremos el riesgo de profundizar, aún más, en la disfunción histórica que ha vivido el sindicalismo español: fuerte e influyente en la sociedad, donde ha obtenido evidentes e indiscutibles éxitos en las movilizaciones y en la concertación social, tanto a nivel estatal como autonómica, incluso local, pero un sindicalismo menos fuerte en los centros de trabajo y en los sectores, en los que se ha transformado muy poco la estructura y el contenido de los convenios colectivos.

La negociación colectiva no siempre ha sabido ser el instrumento real y suficientemente útil de regulación de las condiciones de trabajo en la empresa, en parte,  por la dificultad que hemos tenido a la hora de percibir, medir y calcular el cambio real vivido en la mayoría de las empresas, que han pasado del fordismo a la nueva empresa pos-fordista,  y ante el cual nuestra política reivindicativa y organizativa no ha sabido -en algunos casos no ha querido- adaptarse suficientemente, y ha creado muchos convenios colectivos poco eficientes en relación a los problemas reales de la empresa y de sus trabajadores.

Sabemos que para una parte de la sociedad, e incluso para algunos trabajadores y trabajadoras, los sindicatos son percibidos como organizaciones superadas por los profundos cambios habidos en el mundo del trabajo y con dificultades para adaptarse e innovar  propuestas  programáticas y organizativas nuevas. Y es precisamente ahora, en plena crisis económica e industrial, con los profundos cambios que se están viviendo en muchas empresas, cuando debemos desmentir esta percepción;  es  precisamente ahora cuando es más necesaria la presencia sindical en las empresas, ahora más que nunca es necesario cuidar y atender el desafío que supone tratar de mejorar las condiciones de trabajo y la defensa del empleo. Es preciso fortalecer la presencia del sindicato en el centro de trabajo, este es nuestro Talón de Aquiles, para que con ella, la acción general no deje sin atención o interés el trabajo sindical en la empresa ya que los cientos de convenios colectivos  aún pendientes de renovar son también una expresión de esta necesidad.

El gran esfuerzo movilizador que exige al movimiento sindical como contestación a la actual política económica y social, no puede dejar en segundo plano la actividad y razón de ser del sindicato en el centro de trabajo, precisamente, y hay que decirlo, donde no vivimos de la misma forma la crítica y las tensiones de la calle y de algunos medios de comunicación. El centro de trabajo donde la pregunta de para qué sirve un sindicato está menos planteada porque la respuesta deriva de la acción sindical diaria e incluso se expresa con contundencia por los trabajadores y trabajadoras con su afiliación y con su voto en las elecciones sindicales.

Al sindicalismo confederal no le faltan ni ambición ni recursos para estar a la altura de lo que los asalariados esperan legítimamente de las organizaciones sindicales pero, para poder ejercer el necesario liderazgo social, debemos atender también en los centros de trabajo toda la complejidad del mundo del trabajo, encontrando soluciones prácticas desde nuestra capacidad de organizar la afiliación en las empresas, y sustentando las secciones sindicales como el instrumento más sólido, eficaz y transformador en la representación de los trabajadores y trabajadoras.

jueves, 30 de agosto de 2012

Redoblar la acción sindical en un otoño caliente


Joaquim González Muntadas | Secretario General de FITEQA CCOO

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El sindicalismo español inicia este mes de septiembre un periodo de especial trascendencia para su futuro y para el de la clase trabajadora. Primero, a través de un amplio programa de movilizaciones previstas para el otoño: concentraciones, asambleas, marchas, referéndum y, previsiblemente, Huelga General, en un sostenido programa de contestación a la política del Gobierno de Mariano Rajoy, para cuyo éxito la militancia sindical se está organizando junto a centenares de organizaciones sociales y políticas, en defensa del empleo, de condiciones de trabajo dignas, de derechos sindicales y en contra de la política de recortes y el desmantelamiento del Estado de bienestar.
Segundo, e igualmente importante, el sindicalismo se plantea la apremiante necesidad de responder y afrontar, con inteligencia y eficacia, los profundos cambios legislativos, económicos y en el mercado de trabajo que hemos conocido, que condicionan de forma muy profunda la Negociación Colectiva y los cientos de convenios aún sin resolver. Estos cambios reclaman que en este frente hay que concentrar todos los esfuerzos para evitar el riesgo de que la acción general diluya la acción sindical en los centros de trabajo, ya que constituiría el mejor regalo que podría recibir la derecha de nuestro país y el mayor éxito que se cobraría la Reforma Laboral.
La Reforma Laboral pretende debilitar la fuerza de los convenios de sector al intentar convertirlos en una referencia devaluada y genérica, con escasa capacidad vinculante, donde lo negociado fuera del estricto ámbito de la empresa por patronales y sindicatos se presenta como pieza alejada de la realidad de la misma.
Necesitamos readaptar muchas propuestas, incluida la concepción de la propia acción sindical en la empresa, para que sin abandonar ni lo más mínimo el convenio sectorial, podamos corregir la extendida realidad de que en la gran empresa es el convenio de empresa quien regula en exclusiva las condiciones de trabajo, sin referencia al convenio de sector, mientras las empresas medianas y pequeñas tienen como única referencia el convenio de sector y sus mínimos salariales, sin negociación de condiciones colectivas al considerarse las mejoras sobre el convenio de sector como concesiones voluntarias del empresario, muchas veces individuales, y absorbibles en la mayoría de las ocasiones.
La peyorativa reforma de la Negociación Colectiva que ha representado la Reforma Laboral, modificando el equilibrio mínimo que exige el derecho del Trabajo en las relaciones empresa-trabajador, debería ser un estímulo para que el movimiento sindical proceda a una profunda revisión de la actual estructura de la Negociación Colectiva, donde los actuales convenios de sector se modifiquen para convertirse de verdad en instrumentos que faciliten unas relaciones laborales maduras en las empresas. La mejor garantía de que el convenio de sector tenga una eficacia general es que sea un instrumento útil, lo que hasta hoy, hemos de reconocer, no ha sido la virtud de la mayoría de los convenios de sector.
No es buen signo de nuestra Negociación Colectiva que en muchos convenios aún hoy sea novedad la superación de las categorías profesionales, la regulación de la movilidad funcional, la bolsa de horas en la gestión de la jornada irregular para afrontar las necesidades de adaptación puntual a la demanda, como tampoco es buen signo que en los convenios de sector sea novedad la regulación de conceptos como salario variable, individual o colectivo, que conviviendo con salario convenio y otros conceptos fijos, responda a objetivos medibles y objetivables. O que sea una novedad el desarrollo de los derechos sindicales no con formulaciones genéricas o simplemente de mejora cuantitativa sobre la legislación, sino de derechos pensados y formulados precisamente para abordar mayores niveles de participación para abordar precisamente estas cuestiones muy normalizadas en la mayoría de los países europeos.
Que todos o muchos de estos conceptos sean todavía nuevos en no pocos de nuestros convenios colectivos y, en cambio, sean una realidad a veces no negociada en muchas empresas, no hace sino expresar un déficit, y la necesidad de modernizar los instrumentos, estructura y contenidos de la actual negociación colectiva.
Por todo ello es necesario reafirmar la necesidad de una acción sindical con los pies en los centros de trabajo, para afrontar todas aquellas materias que deberían ser hoy más determinantes que nunca en las relaciones industriales y laborales, porque no afrontarlas, o abandonarlas atenazados por la crisis, supondría un grave retroceso en las condiciones de trabajo y en el propio papel y la función de los sindicatos.
Hay que situar, como recogen con claridad Los Criterios para la Negociación Colectiva y la Acción Sindical para 2012 y 2013 aprobados por la Comisión Ejecutiva de la Confederación Sindical de CC.OO el pasado mes de Julio, la necesidad de redoblar en los centros de trabajo la acción sindical sobre el derecho a la formación, la contratación, las políticas de igualdad, la conciliación, la salud laboral, el desarrollo de la carrera profesional... , unido a una contundente ofensiva por ejercer y ampliar al máximo los derechos de información, consulta y negociación de los representantes sindicales sobre la marcha y evolución de la empresa. Por difícil y compleja que sea, la negociación colectiva sigue siendo la responsabilidad y la actividad por excelencia de las organizaciones sindicales y, por ello, es tan prioritaria como las movilizaciones sindicales generales, como hemos visto y seguiremos comprobando en este próximo'otoño caliente'.


miércoles, 15 de agosto de 2012

RECLAMAR QUE "arrimen el hombro" NO ES CONCERTAR


Joaquím González Muntadas
Secretario General de FITEQA CC.OO


No tardamos ni tres meses desde las últimas elecciones en oír a los dirigentes del Partido Popular y del Gobierno de España reclamar a la oposición, en particular al PSOE, también a los sindicatos: "que arrimen el hombro". Una expresión muy gráfica y campechana que aún resuena de cuando, no hace todavía un año, los dirigentes del PSOE repetían la misma expresión con igual insistencia.  Traducido al lenguaje de la política española debe querer decir: "cuando yo estoy en el gobierno, por patriotismo la oposición debe apoyar sin rechistar mis medidas, unas medidas que no necesito, ni quiero, negociar con nadie". Pero esto no es proponer concertación ni nada que se le parezca.

También es cierto que concertar no está precisamente en la historia de nuestra de practica política, incluso a sabiendas que nuestros mejores resultados políticos han tenido su origen en el acuerdo y el compromiso, precisamente cuando los partidos políticos y/o los agentes sociales han dado lo mejor de sí al ponerse de acuerdo, superando una tendencia tan arraigada en nuestra historia como es la imposición y la descalificación. Esto, ahora, en la grave situación que estamos viviendo, lo único que genera es el hartazgo de la mayoría de la opinión pública, como se expresa insistentemente  encuesta tras encuesta.

Puede definirse con bastante precisión en qué consiste la "concertación", también en el ámbito político y social, con lo que es su propio origen musical, es decir "acordar entre sí voces o instrumentos musicales". O sea, practicar el difícil arte de hacer música juntos y, para ello, como en la concertación política, en primer lugar se precisa que al menos cada uno sepa tocar bien su instrumento. Después hay que saber, y tener voluntad, de tocar juntos, y, al final, lo más determinante, es decidir qué se va a tocar juntos, decidir la  partitura.

Seguir con la metáfora nos permite recuperar algunas enseñanzas útiles también para la concertación política, como son: 1) que hacer música juntos es una disciplina severa que no se improvisa, 2) que la autonomía, en nuestro caso de los sujetos políticos y sociales, no puede llevar a tocar todos la misma nota, porque no sería “concertar”.

Pero lo más común entre ambos espacios es que en los dos se precisa algo insustituible como es el liderazgo, el del Presidente de Gobierno para la concertación política como lo es para la ejecución del concierto el director de orquesta. Un director que (normalmente) no toca ningún instrumento, pero da el tiempo a cada uno y, sobre todo, sugiere la interpretación justa, los subrayados, los acentos, los tonos, el volumen del sonido, etc..

Dirigir la orquesta no es solo bracear y gesticular. Como no lo es tampoco, para impulsar un proceso serio de Concertación, sólo pedir, como hacen el Partido Popular y el Gobierno, al resto de las fuerzas política "arrimar el hombro" a la vez que descalifican y pretenden desprestigiar a todo y a todos los que están fuera de su ámbito ideológico. Éste no puede ser el camino.

Concertar no es, como hace el Gobierno, reclamar apoyos incondicionales,  abusar de Decretos Ley, sustituir la comunicación por dramaturgia. Ni tampoco querer explicar todos los fracasos endosando las responsabilidades a los demás para justificar su evidente incapacidad para gobernar la coyuntura, el empeoramiento día a día la situación económica y social de nuestro País. Concertar es, y lo sabe muy bien el sindicalismo porque es la esencia misma de su razón y de la negociación colectiva, llegar a un acuerdo asumido por las partes donde no basta con presentar exigencias, reivindicaciones, sino que hay que construirlo asumiendo cada parte, concesiones, renuncias, pero con un resultado y saldo final de avance positivo para todos y para cada una de las partes concertantes.

El Gobierno prefiere bracear y gesticular antes que hacer el serio sobreesfuerzo que representa liderar el diálogo social y político que demanda la actual situación y que exige la convivencia democrática. Son los pactos y los acuerdos los que expresan con más claridad que el poder es una realidad compartida y que se precisa reconocer tanto derecho como el propio a otros poderes o intereses sociales, para así poder tejer con el resto de las fuerzas políticas y sociales el necesario compromiso común para afrontar con rigor y solidaridad la grave situación de emergencia que estamos padeciendo y que exige el mayor esfuerzo de todos. Es lo que sigue reclamando la abrumadora mayoría de la ciudadanía. 

Solo así, con medidas adecuadas, compartidas y, sobre todo, equitativamente repartidas, será posible superar esta crisis y salvaguardar la cohesión social que día a día se está deteriorando de forma acelerada. Solo saldremos de ésta con el esfuerzo que resultaría de un Gran Pacto de Estado, como CCOO viene reclamando y por el movilizándose desde hace más tres años. Porque somos conscientes de que, aunque sea la opción más compleja y difícil, la experiencia nos enseña con ironía que todo problema complejo tiene también soluciones rápidas, sencillas, ... y además equivocadas. Hoy ya podemos añadir que, además de equivocadas, son también injustas, inútiles y de consecuencias dramáticas. Sólo cabe recordar que se trata de una realidad reversible porque si todos sabemos reaccionar a tiempo y el Gobierno abandona, o se le obliga abandonar con la movilización sindical y social, su actitud sectaria y prepotente que ha presidido su gestión hasta hoy, seguro que podremos salir de ésta.

lunes, 30 de julio de 2012

LA RESPONSABILIDAD SOCIAL Y EL EMPLEO JUVENIL


Joaquim González Muntadas
Secretario General de FITEQA CCOO.

Frente al hecho de que en los últimos meses muchas de nuestras grandes y prestigiosas empresas afronten sus dificultades recurriendo al despido como primera opción nos deberíamos preguntar dónde quedan la famosa ‘gestión del conocimiento’, o “el capital humano, nuestra principal riqueza”, con la que tantas páginas se han llenado. Donde  las conferencias y seminarios en los que los ejecutivos explicaban la importancia del desarrollo del talento y la capacidad de compartir conocimientos, y dónde la idea de los recursos humanos como pieza clave de la estrategia empresarial, esencia y eje central de la organización, y las personas como su principal capital.

Precisamente en estas difíciles circunstancias es cuando nos enfrentamos al test real de la fortaleza y vitalidad de la cultura empresarial. Ahora que las empresas disponen de una nueva legislación, a través de la Reforma Laboral, que les permite recurrir al despido de forma fácil, rápida y barata, es cuando la sociedad precisa del proclamado pensamiento empresarial más acordes con los valores que decían defender, de los mayores esfuerzos de diálogo con sus trabajadores y sindicatos para evitar los despidos, a través de la flexibilidad interna negociada y adaptación a la coyuntura de las condiciones laborales con el fin mantener el máximo empleo.

Estas importantes empresas deberían facilitar ejemplos, que fueran más lejos que el mero cumplir la ley, en la gestión de sus recursos humanos y aportar su compromiso con el conjunto de la sociedad. Escuchemos a nuestros jóvenes que emigran a trabajar a otros países europeos cuando nos explican las diferencias entre aquel mundo del trabajo y el nuestro, cuando resaltan que allí han percibido un mayor valor al trabajo y un  mayor valor al propio trabajador, a su formación, a su desarrollo profesional y a la transferencia de conocimientos entre generaciones en la empresa.

Esta crítica la oímos en cada entrevista a chicos y chicas decepcionados de nuestra sociedad y de nuestras empresas, al comprobar el bajo valor que damos al trabajo, y que han visto año tras año a regimientos de jóvenes trabajar en empresas con fuertes beneficios y que publicitan sus códigos de responsabilidad social, con  falsos contratos en  prácticas o de formación y de escaso contenido didáctico. Es verdad que no son todas, que hay también importantes excepciones con experiencias muy ejemplares y  cuyos esfuerzos deberíamos reconocer colectivamente para que su ejemplo sirviera de referencia -o incluso denuncia- hacia otras muchas, pero estas experiencias son demasiado escasas.

Frente a las opciones empresariales que entienden que en las crisis hay que “ocuparse de lo importante” menospreciando sus cacareados compromisos. Frente a los empresarios antiguos, egoístas e ineficaces, ahora, más nunca, es preciso demostrar que la Responsabilidad Social es parte consustancial del ADN de la empresa y que sus compromisos se reflejan también en relación a la contratación de las y los jóvenes. Que los compromisos son algo más que los pasados espectáculos mediáticos de los grandes empresarios, "los cuarenta principales", en Moncloa, donde comprometían la contratación de cientos o miles de nuevos contratos de jóvenes como si de una subasta pública se tratara, para al final nada, mejor dicho, para nada más que una publicidad gratuita en los medios de comunicación el día siguiente.

El empleo juvenil es algo más que compromisos genéricos y más que leyes y planes y más planes; es el esfuerzo del conjunto de la sociedad. Y sobretodo será el resultado de una Acción Sindical decidida de los Sindicatos por situar con fuerza este objetivo en la negociación colectiva, en los convenios colectivos, en los pactos de empresa  y también el resultado de un mayor compromiso de las empresas que aspiren a ser responsables socialmente comprometiéndose a invertir en la formación y consecuentemente, en ayudar a la construcción del futuro profesional de nuestra juventud.

Como reconocemos y reclamamos en CCOO, tenemos muchos frentes que merecen sumar esfuerzos, pero la grave destrucción de empleo y, especialmente, el paro juvenil, deberían presidir todas las negociaciones entre patronal y sindicatos en los sectores y en las empresas, porque la pregunta de a qué o a quién estamos esperando para afrontar esta lacra social que supone que más de la mitad de los jóvenes esté sin trabajo y sin futuro, debería perseguir a todas horas a los agentes políticos, sociales, económicos y al conjunto de la sociedad. Respondamos pronto.

jueves, 12 de julio de 2012

REFORMA LABORAL:EVITEMOS LA DESMORALIZACIÓN


oaquim González Muntadas
Secretario General de CC.OO. Fiteqa

La Reforma Laboral ha sido aprobada tras un largo proceso de contestación, movilización y rechazo en las empresas y en las calles, incluyendo una Huelga General. Ha sido duramente criticada por la mayoría de profesionales del Derecho y la Magistraturala Inspección del Trabajo, la Universidad, coincidiendo con el Movimiento Sindical por considerarla como resume el eslogan que ha presidido la movilización de estos largos meses : " injusta para los trabajadores, ineficaz para la economía e inútil para el empleo". La gran mayoría de los trabajadores y trabajadoras españolas rechaza y teme sus consecuencias porque conocen su contenido, gracias a la extensa campaña de explicación de los sindicatos en asambleas y centros de trabajo, como también por el propio eco en los medios de comunicación.

Desde que el debate en las Cortes Generales empeoró la Reforma, el reto del sindicalismo de hoy está en impedir que de la "movilización sostenida" se pase a la "desmoralización permanente", ya que el peor de los efectos de la Reforma Laboral sería que se instalara el miedo y se extendiera la desmoralizadora idea de que a partir de ahora el empresario ha adquirido el poder absoluto y los trabajadores han perdido toda posibilidad de reacción. Es evidente que es difícil, en algunos casos muy difícil, pero con la misma evidencia hay que afirmar que es posible. Y necesaria.

Aunque la reforma sea un regalo a la discrecionalidad -e incluso a la arbitrariedad- del empresario, la reacción es posible. No sólo por algunas cautelas que aún contiene, sino porque nuestro ordenamiento jurídico, desde la propia Constitución, tiene un determinado carácter tutelar de los derechos de las personas y de los colectivos. Y no es un cheque en blanco porque todas las normas y leyes desde antiguo se han aplicado e interpretado en el marco de una concreta relación de intereses y de la correlación de fuerzas existentes en la sociedad, en las empresas, así como de las movilizaciones y exigencias de los colectivos sociales.

Por ello debemos impedir que se instale entre la mayoría de los trabajadores y trabajadoras la falsa idea de que la regulación y el ejercicio de todos sus derechos y obligaciones empiezan y acaban en el marco legislativo, que empiezan y acaban en el Estatuto de los Trabajadores, hoy profundamente empeorado por la Reforma Laboral. Falso sería no apreciar lo que nos demuestran la historia y el día a día: que la herramienta principal de la clase trabajadora ayer, hoy, siempre, es y será su capacidad de organización, de unidad y de movilización, de organización sindical en los centros de trabajo y, desde ahí, su presencia y su capacidad de propuesta que responda a las demandas que exigen los cambios.

Con más fuerza que hasta ahora, y para contraponerlo como alternativa a la Reforma Laboral, es preciso redoblar esfuerzos para desarrollar e incorporar en la negociación colectiva futura un cuadro reivindicativo con la propuesta y exigencia de nuevas reglas para mejorar los convenios colectivos que, aún hoy, en muchos casos responden a la lógica de una empresa rígida, jerárquica, autoritaria, uniforme y, por tanto, antagónica a la participación de los trabajadores y sus sindicatos.

Tenemos demasiados convenios colectivos poco útiles para gestionar las empresas más flexibles y dinámicas, precisamente aquellas en las que el sindicalismo encuentra mayores dificultades para ejercer su función representativa. Empresas y sectores en los que es más necesario reforzar la presencia de la organización sindical y recuperar la iniciativa a partir de la defensa de una flexibilidad más positiva y equilibrada, evitando que solo responda a las necesidades de la producción, o a la incompetencia empresarial para gestionarla, y pueda responder también a los derechos y las necesidades de las personas. Algo que es ya una realidad en muchos países europeos porque no es una utopía.

Precisamos construir un nuevo cuadro reivindicativo capaz de atender los profundos cambios en las relaciones laborales e industriales que en los centros de trabajo se expresan en una mayor heterogeneidad de intereses, y por tanto, más complejos que ayer: intereses individuales y colectivos, profesionales, para la conciliación, de carrera profesional, salario por objetivos, formación, flexibilidad, trabajo a domicilio, a tiempo parcial, hombres y mujeres, veteranos y nuevas contrataciones, jóvenes, becarios, subcontratados, etc.

Es hora de que el sindicalismo construya, proponga y defienda un nuevo modelo de organización del trabajo que aporte reglas útiles para la mejora competitiva, a la vez que aporte nuevos instrumentos y derechos de información y participación como el mejor dique para hacer frente al autoritarismo que refuerza la Reforma Laboral.

Y para todo ello es urgente recuperar con hechos y resultados el trabajo sindical en los centros de trabajo, convirtiéndolo en el centro de gravedad de los esfuerzos y prioridades de la acción sindical organizada, coordinada y dirigida desde las estructuras sindicales. En una palabra, ahora más que nunca el sindicato precisa tener los pies en el centro de trabajo. Y ahora más que nunca también, los trabajadores y las trabajadoras verán que allí donde hay afiliación, y por ello hay sindicato, sus derechos son respetados.

Tenemos nuevos retos y el sindicalismo español los sabrá abordar con los valores de siempre, con renovadas iniciativas, confianza, solidaridad y la militancia de miles de personas que saben que defender sus derechos no es lo contrario a mejorar la competitividad de sus empresas. 

jueves, 21 de junio de 2012

APOSTAR POR LA INDUSTRIA Y MIRAR A LA ECONOMÍA REAL



Joaquim González Muntadas
Secretario General de FITEQA CCOO

Muchos nos preguntamos, con una mezcla de sorpresa, frustración e indignación, qué pieza del reloj ha fallado de nuestra economía y quiénes son los culpables. ¡Si parecía que funcionaba como un reloj suizo! ¡Si éramos envidiados como el generador de más de la mitad del empleo europeo, el mayor receptor de inmigración, el mayor inversor en America Latina! Empezamos a intuir que las razones que nos dimos o nos dieron en los primeros compases de la crisis, a pesar de ser más ciertas que las verdades del barquero, no son suficientes, porque la mayoría de los países afectados por la crisis financiera, hoy están mejor que nosotros, incluso algunos están saliendo de ella.

La particularidad es que nuestra economía había agotado y saturado su crecimiento, impulsado por el potente motor de la construcción y, más en concreto, por la vivienda, que absorbió y agotó nuestros recursos financieros propios y prestados. Porque, en definitiva, hemos embalsado la mayoría de los recursos y ahorros de una generación y media en hipotecas a larguísimo plazo. Nuestra economía era como una gran turbina que, por un lado, expulsaba ingentes cantidades de euros en la importación de productos energéticos, bienes de equipo y de consumo, mientras que por el otro absorbía ingentes masas de recursos en crédito del exterior (proveniente esencialmente de Alemania, Francia y Reino Unido), ya que ni nuestra productividad, ni nuestro ahorro (que no alcanzaba a cubrir el valor de las nuevas hipotecas), eran suficientes para alimentar nuestro crecimiento, el mayor de Europa.

Dicen que nadie se dio cuenta y que nadie advirtió los riesgos futuros, pero es legítimo pensar que quizás la razón reside en que había fuertes intereses, ya que en este gran negocio, se hicieron grandes fortunas, y los bancos generaron enormes beneficios. Todos aplaudían, también los gobiernos, el central, los autonómicos y los locales, cuando afirmaban que el crecimiento era gracias a su política particular. El crecimiento de la economía tenía muchos padres.

Y ahora sería muy útil acudir a las hemerotecas para releer los estudios e informes realizados en estos años por el Gabinete Económico de la Confederación Sindical de CC.OO. que, con mayor detalle desde 2003, anunciaba y denunciaba el error y los peligros de esa política económica y sus previsibles consecuencias. En estas hemerotecas encontraremos también las reacciones y respuestas que muchos economistas de relumbrón, de prestigiosos gabinetes de estudios de los bancos y cajas dieron a estas advertencias. También veremos en las hemerotecas a la flor y nata de nuestra economía felicitando a los gobiernos por su buena política y reclamando solo la eterna Reforma Laboral, el abaratamiento del despido y la bajada de las cotizaciones sociales.

Un  periodo en el que, como denunciamos desde CCOO, se aplicaron erróneas políticas procíclicas, se destruyó la capacidad de recaudación y se creó un sistema tributario profundamente desequilibrado con el nivel de gasto, al considerar como ingresos ordinarios los que tenía un carácter claramente extraordinario ¿Quién? primero, la derecha y, luego, con mucha diligencia, los sucesivos gobiernos de Zapatero que inflaron y exprimieron la burbuja inmobiliaria, apoyados por unas teorías seudo-modernas de los valores de la izquierda, que hoy, al recordarlo y a la vez escuchar a la izquierda francesa o alemana, nos debería como mínimo ruborizar.

La importante tasa de ahorro que tuvo España la malgastó íntegramente en la compra de viviendas a un precio inflado. Tan inflado que necesitó ingentes cantidades de dinero de inversión internacional para financiarlas, generando de esta forma una altísima deuda con el exterior; la deuda privada más alta del mundo, una deuda que genera elevados intereses a pagar y que en su momento nos dejó sin recursos para la ampliación del capital productivo de la economía. Se pinchó la burbuja y nos quedamos con la deuda. Los responsables deberían explicar lo sucedido porque, de otra manera, la sociedad dejará de creer en sus instituciones.

Esta es la razón por la que las soluciones a los problemas actuales son tan difíciles, porque se han agotado los márgenes y hemos quebrado la confianza de quienes nos deberían seguir financiando. Y ahora solo nos queda mirar hacia el tejido productivo, que nunca se debería haber olvidado, y en especial hacia la actividad industrial, donde debemos fijar nuestro futuro, ya que tenemos posibilidades de mejora muy importantes en una parte muy significativa de nuestras empresas y sectores.

Si no queremos amanecer un día sin industria, precisamos con urgencia apoyar los motores de la innovación para proteger y fomentar el empleo cualificado, que acompañado con  instrumentos de naturaleza fiscal y crediticia, den facilidades a las pequeñas empresas que intenten asociarse para afrontar el salto tecnológico, en definitiva, la causa de  muchas de nuestras debilidades.

Nuestra industria ha perdido competitividad porque sus sectores viven en la competencia global -cada día más global- y, por ello, los efectos de nuestra mayor inflación (la fiebre de nuestra economía enferma) provocada irresponsablemente por el desenfrenado incremento del precio de la vivienda junto con los servicios no sujetos a la competencia global. Mayor inflación que la de nuestros competidores y, en las empresas multinacionales, mayor aumento de los precios españoles que los de otros países con centros que compiten con los nuestros. Mayor inflación que ha empujado, debemos decirlo sin complejos, a un incremento de los costes de los  salarios, de los beneficios distribuidos y de los servicios, un incremento mayor que el de su competencia. Sabedores, y hay que dejarlo claro, que estos mayores costes salariales no han representado mejoras significativas del poder adquisitivo de los salarios cuando se deducía la inflación, como tampoco un mayor peso de las rentas salariales en este periodo. Más bien todo lo contrario.

Hemos padecido una pérdida constante de competitividad de nuestros productos y de nuestra economía, indizada mes a mes de forma estridente por la balanza de pagos, la más descompensada del planeta con excepción de Islandia. Importábamos muchos productos, algunos caros, con valor añadido que nosotros no fabricamos. Tampoco fabricamos aquellos otros productos de bajo valor que se hacen en los países emergentes, frente a los cuales los nuestros por su coste habían perdido competitividad tras la liberalización total de los mercados y la desaparición de los aranceles proteccionistas.

Tenemos márgenes para reforzar y recuperar la competitividad de nuestro tejido productivo si todos acertamos en nuestra acción; si insistimos en la filosofía y el mensaje  reflejados en el preámbulo y el contenido del II Acuerdo para el Empleo y la Negociación Colectiva, que desde CC.OO defendemos como un instrumento para la generación de empleo. Y además porque España necesita un fortísimo control y una bajada de precios que necesariamente implique una fuerte moderación de las rentas para todos (salarios y beneficios distribuidos), y que esta moderación de rentas sea dirigida a la inversión productiva junto con el aumento de los ingresos públicos.

Es imprescindible sumar esfuerzos del conjunto de actores: empresas, sindicatos y los distintos gobiernos, central y autonómicos. Esfuerzos orientados a realizar políticas concertadas para mejorar la competitividad y establecer las acciones que corrijan el insuficiente esfuerzo empresarial en I+D+i, uno de los déficits que más seriamente perjudica nuestra capacidad competitiva. Y precisamos mayores inversiones en capital humano y en investigación, en desarrollo y en educación a todos los niveles – primaria, secundaria, formación profesional y universitaria-, junto con el apoyo a la investigación pública y al I+D empresarial, a la vez que garantizamos los puentes para llevar el conocimiento desde dondequiera que se produzca (universidad, gran empresa, AA.PP) a todos los lugares donde hay espacio para el cambio y muy especialmente hacia la industria y sus sectores tradicionales y a sus pequeñas y medianas empresas porque así y desde ahí podremos crecer, exportar y crear empleo.

Sabemos que la debilidad de la demanda y el elevado déficit público no facilitan que un plan de inversiones active el crecimiento si al mismo tiempo no se acompaña de un cambio en la política europea, y con ella, de nuevos recursos para impulsar nuestro crecimiento. Necesitamos y merecemos el apoyo de nuestros socios europeos con recursos y financiación, sabedores que no nos exime de la necesidad de cambiar nuestras prioridades políticas, para que miremos hacia la economía real y desaparezcan las fantasías de pensar que un país puede progresar desde la economía virtual y sin el apoyo a su industria y el valor al trabajo.

miércoles, 13 de junio de 2012

LA EFICACIA DEL DIÁLOGO EN LAS EMPRESAS


Joaquim González Muntadas | Secretario General de FITEQA CCOO

No es habitual desde el sindicalismo resaltar el valor de un acuerdo como el alcanzado en estos días en la empresa gallega de moda Adolfo Domínguez (AD) que, tras una compleja negociación, contempla una rebaja salarial. Lo habitual es dar solo publicidad a aquellos acuerdos que contengan mejoras salariales y sociales para que puedan ser referencia positiva e intentar disimular el contenido de los otros por el temor de que se conviertan en un mal referente.
¿Donde está, entonces, el valor positivo de este acuerdo que afecta a más de 600 personas, mayoritariamente mujeres? En que ha sido aprobado por el 69% de las personas afectadas y ha sido el resultado de una negociación trasparente; en que ha facilitado compartir las debilidades y también las fortalezas de la empresa; en que sus duras medidas de sacrificio son parte de un Plan Estratégico que apuesta por el futuro en las difíciles circunstancias de un sector de consumo como es el de la moda; en que las medidas intentan en lo posible la proporcionalidad del esfuerzo entre los diversos colectivos, en que la vigencia responde al tiempo que duren las circunstancias que lo motivan y, en justicia, introduce también, recuperación y mejoras en proporción a los beneficios de la empresa, con un lógico grado de variabilidad según los resultados de la empresa.
Este Acuerdo es una expresión clara hacia el público, los clientes, las administraciones públicas, los bancos y especialmente hacia los accionistas, del compromiso de los trabajadores y trabajadoras por el futuro de AD como una de las referencias más potentes de la moda gallega y española. El Acuerdo expresa la exigencia de los trabajadoras/es para que los gestores de la empresa redoblen sus esfuerzos en una apuesta por la internacionalización y mejora de sus actuales sistemas de gestión, que deberán garantizar el futuro.
Este Acuerdo enseña a los sectores políticos que ven las Reformas Laborales solo como elementos de debilitamiento de la capacidad de representación colectiva de los sindicatos, y también enseña a los empresarios que tan solo saben afrontar las situaciones difíciles con sus trabajadores desde el autoritarismo y el abuso de poder. Ambos deben saber que jamás obtendrán los resultados positivos y los compromisos que producen el diálogo y la negociación equilibrada y transparente.
AD es parte de un sector industrial, el textil y la moda, que vive un largo periodo de práctica paralización del consumo en nuestro país, y que debe atacar grandes retos que le exigen día a día mejorar la calidad, la innovación, la formación y abrir nuevos mercados internacionales. También deben corregir errores de comunicación, ya que los mensajes fuera de contexto, transmiten una imagen distorsionada de la marca y, sin duda también, de su principal accionista. Las trabajadoras y trabajadores de AD y con ellos FITEQA CCOO queremos que la marca sea reconocida por su ética, su estética y su transparencia porque de ello depende su empleo de hoy y del futuro.